Recuerdo unos veinticinco años atrás como Daniel, un profesor que marcó mi vida, nos dijo “si la gente hablara más con Dios, se ahorraría tiempo en psicólogos”. Y con Dios, se refería a espiritualidad.

Desde pequeña tuve mucha fe, me la inculcó sobre todo mi abuela Ina, pero ella lo hacía a su manera, hablándome de un dios cristiano en el que me costaba creer. Este dios era muy censor y temible, a nada que te salieras de sus estrictas normas, te castigaba severamente. A mí no me terminaba de cuadrar.

Gracias a esta iniciación, siempre dedicaba unos instantes a intentar comunicarme con aquel Poder del que ella me hablaba. Me dejaba muy tranquila, la verdad.

Después apareció Daniel en mi camino, este maestro tan carismático del que siempre me acuerdo y con el que tuve la alegría de hablar hace apenas un par de años.

Él me presentó otra forma de entender a esta parte nuestra tan elevada.

Daniel nos decía cosas como que eso que entendíamos por “Dios” era una fuerza inmensa que podíamos llamar Amor, también que la manera de descubrirlo era poniendo la intención de verlo en los ojos de todas las personas con las que te cruzaras o que si dejabas tus preocupaciones en sus manos, desaparecían.

Él era un hombre de unos treinta años entonces, era inteligente a más no poder (se decía que lo era muy por muy encima de la media), hablaba y habla siete idiomas, incluso esperanto, tenía un humor con el que te podías pasar el rato llorando de risa, y con su energía había hecho un enorme trabajo para inculcar valores como la Unidad, la solidaridad y la Paz, llegando a miles de personas en España y en África.

En Madrid, nos proponía retiros espirituales, que ahora están muy de moda, pero entonces no eran tan normales.

En aquellos retiros tuve varias experiencias que marcaron mi forma de entender la vida, por ejemplo tuve un instante en el que descubrí realmente lo que significa “ahora”, es decir, lo que llaman momentum, y yo no lo pude ni explicar. Todo se paró, escuché pájaros que estaban muy lejos de mí, los colores eran mucho más intensos, el paisaje pareció agrandarse y aquietarse con intensidad. Lo he entendido con los años.

Tanto me impactó lo que él nos intentaba transmitir, que lo llevaba a mi vida. Era una época de mucho crecimiento interior y conexión con todo y todos.

¿Por qué te cuento esto? 

Para poder llegar a ti con lo que te quiero contar a continuación.

Él estaba obviamente vinculado a la Iglesia. Tuve un par de “malas experiencias” con la religión y algunos errores por mi parte de conceptos, e hicieron que se cerraran mis puertas durante años a todo este re-descubrimiento espiritual.

Fue necesario, porque la base (bajo mi forma de entender ahora) estaba muy equivocada.

Aquí empezó lo que yo llamo el periodo de vida en el que iba “como pollo sin cabeza”, es decir, totalmente desconectada conmigo. Era tal el “mosqueo” que tenía con lo vinculado a la religión y por ende a la espiritualidad, que no volví a intentar ni siquiera cerrar los ojos para escucharme. A veces sonaba la flauta, a veces no. A veces todo iba bien, muchas veces no. 

Afortunadamente, años después, me rendí y volví a comunicarme con esa Luz que está en nosotros, esta vez muy lejos de paradigmas religiosos, aceptando lo que siempre reconocí en mí y en todos. El Amor. Punto. El Amor con mayúsculas, del que siempre hablo.

Y hoy me atrevo a decir lo mismo que Daniel nos decía hace años, si aprendiéramos a conectar con el Amor, nos ahorraríamos muchos enredos mentales. Es todo mucho más sencillo.

Lo cierto es que el trabajo que realizo en sesiones individuales, acaba siendo un re-descubrimiento espiritual para todos, y sé que es la fuente de la Paz interior que pretendamos alcanzar.

Accede a este enorme Poder a través de tu Yo espiritual.

Llama a este Poder como quieras, “Dios” es solo una palabra (aunque muy manida). Y es desde “ahí” desde donde únicamente podemos llegar a eliminar lo que nos mata lentamente a todos. ¿Adivinas qué es? La culpa.

La culpa es como una bola de fuego que nos quema y es a su vez la mayor baza del ego.

Y lo paradójico es que la culpa como tal no existe, aunque el juego del ego es hacernos sentir culpables una y otra vez hasta llegar incluso a enfermar.

Primero nos lanza a hacer o no hacer algo y después nos mata de culpa por ello. Así es. ¡Un tostón!

Como personas, tenemos tanta fe y enganche a la culpa, que no nos la podemos quitar de encima por más que queramos, generando cada vez más y más. Solo se puede deshacer desde nuestra parte más elevada, por eso hoy te animo a que hagas las paces con tu espiritualidad y le pidas ayuda para eliminar esa gran mentira, que es la culpabilidad.

¿Cómo lo puedes hacer?

Propongo este ejercicio a mucha gente y funciona con agnósticos, ateos, creyentes, ex-creyentes, mayores, pequeños y con todo el mundo que lo practica, porque la culpa es un lastre que pesa kilos y años y estamos deseando soltarla.

  • Ponte en calma, en silencio, cierra los ojos y deja que se te muestre una Luz, llámala si es necesario. No te pongas trascendental, este poder interno es muy cercano y tiene muy buen humor. Es más divertido de lo que creemos.
  • Imagina que le das una caja brillante en la que has introducido tu culpa, la que sea. Por ejemplo, que no dedicas el tiempo necesario a tus hijos, o a tu pareja. Algo sencillo para empezar.
  • Pide a ese Poder, (llámale como quieras), que te elimine esa culpa porque tú no sabes. Deja la caja en sus manos.
  • Si es necesario, solicita otra oportunidad para actuar con Amor en lugar de con miedo. 
  • Agradécelo con genuinidad.

La culpa funciona por capas, ve entregando siempre la que descubras, y una vez deshecha, aparecerá la siguiente. Repite el proceso tanto como necesites, a la vez que vas creciendo interiormente. Está fuente está disponible 24/7.

Sé que si no estás familiarizado con lo que has leído, te puede parecer desde una tontería a una ñoñez, bueno, tú hazlo, y luego me cuentas.

¡Y no te cortes! Comunícate con esta Energía, vas a descansar y divertirte de verdad. Tu vida será muy ligera, y tu brillo se verá fuera. El Amor se expande a través de ti.

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