Dejarnos guiar por la mente ego es como ir a lomos de un caballo desbocado. Trascender esta mente es bajarse del caballo con conciencia.

Si nos tomamos la vida con menos seriedad todo es mucho más sencillo. Y si en esta “no seriedad” aprovechamos cada momento, con apariencia complicado, como una oportunidad para transcender al ego, la vida se vuelve un juego divertido.

¿Qué significa trascender al ego? 

Es ir más allá del mismo, tanto que deja de existir. No hace falta hacer largas meditaciones para conseguirlo, tampoco nos tenemos que ir al Tíbet a hacer retiros de silencio (aunque deben ser una maravilla). Solo es necesario saber quién es la mente ego y no darle credibilidad. 

La mente ego es separación y el Espíritu es unidad. En este artículo puedes leer más sobre el tema.

Cuando trascendemos al ego hacemos que se esfume, desaparece, y con él, el miedo.

Erich Fromm, en “el arte de amar”, nos dice que uno de los mayores miedos que puede sufrir el ser humano es el miedo a la separación, que lleva a la falsa idea de soledad.

Al estar tan identificados con el cuerpo y la idea del mismo, nos atormenta la idea de individualidad.

Explica cómo estamos una y otra vez tratando de llegar a la euforia que produce el sentimiento de Unidad, y la buscamos a través de técnicas evasivas como el alcohol o las drogas, deportes de riesgo… Al pasarse los efectos de estas vías erróneas de alcanzar la plenitud, el sentimiento de separación y soledad es mayor aún si cabe, se multiplica, y pronto necesitamos volver a ellas con gran intensidad.

No está mal evadirse, es sano hacerlo con conciencia, pero no como manera de escapar del ego, porque no nos libramos de él, sino que lo “engordamos”.

Al ego se le debe trascender con astucia.

Te comparto algunas vías que son muy habituales, nada nuevo, pero a lo mejor te ayudan a integrar porqué te hacen sentir tan bien:

  1. Haz todos los días algo que te asuste. Esta frase suena tópica, es de Eleanor Roosevelt, y tiene más sentido del que pensamos. Yo matizaría la frase así, haz algo todos los días que a tu ego le asuste. Al ego le asusta por ejemplo la coherencia, o el juicio público, verse expuesto a la crítica, hacerlo “mal” a los ojos de los demás… Cuando realizamos algo que nos asusta estamos dejando de dar poder al ego y a su control. Exponte sin miedo. ¡Puf! el ego se esfuma.
  2. Rompe la lógica del ego. La lógica del ego es la del miedo. Te pongo un ejemplo, el otro día mi profesora de piano me propuso tocar en público una canción, a mi ego le pareció una verdadera locura, ya que no estaba a la altura de las exigencias de mi miedo ni de lejos, así que hice lo contrario a lo que esta mente me gritó (temblándome hasta el meñique), le dije “¡de acuerdo, lo haré!”. Y el resultado fue increíble y sobre todo fue liberador al máximo. Otro ejemplo, en este camino que inicié hace tres años, han habido ocasiones en las que tenía solo diez euros conmigo y sin vistas de que la situación cambiara en el corto plazo, la lógica de mi ego me decía “guarda y teme”, sin embargo (temblando también) me iba a bailar o al cine. No te puedo explicar con palabras la energía que se desprende en esa “desobediencia” consciente. Eso es libertad. Se me eriza la piel solo al pensarlo.
  3. Haz algo a diario que mejore la vida de alguien. Lo que sea. Hacer algo por los demás deshace a tu ego por completo, te saca de “tus necesidades”. Últimamente digo que el ego no es más que un ser inmaduro y caprichoso, que no atiende a razones, pero que no tiene poder si se le ignora, y una manera de hacerlo es focalizarnos en “las necesidades” de los demás. Estamos muy bien diseñados para encontrar mucha dicha en la ayuda desinteresada. Practícala y deshaz el YO. 
  4. Permítete no seguir los cánones de belleza, aunque sea de vez en cuando. No se trata de que no cuidemos nuestro aspecto, ni mucho menos, si amamos todo cuanto somos, también amamos nuestro cuidado y nuestro cuerpo, pero date la licencia de salir de la esclavitud de mantener siempre cierto nivel de esta “belleza” a veces inalcanzable.
  5. No te des tanta importancia. No la tienes. Esta idea me hace muy feliz. No eres especial ni nunca lo has sido. Fuerte, ¿verdad? No creo que haya nada más liberador que esta idea. Siéntela, ya verás cómo tu ego pierde fuelle. El ego cree que es el ombligo del mundo. Dile que rechazas el puesto. Va a ser divertido, ya verás.

Que lo logres o no dependerá de tu anhelo de libertad (yo tengo mucho, cada vez más).

Cuando te permites trascender al ego aunque sea por un momento, has roto las cadenas a las que te atabas. Has ido más allá de lo que creías ser y te has dado cuenta de que tú eres infinitamente más que toda esa mentira. Y para eso, entre otras cosas, hemos venido.