Perdonar es la gran asignatura pendiente.

¿Sabes qué es lo único que nos atormenta, nos condiciona y nos controla?

La culpa.

La culpa es la causante de todos nuestros bloqueos, las limitaciones, los conflictos internos… en definitiva, las dificultades.

La buena noticia es que la culpa no existe, no es más que un error que el ego usa como herramienta de manipulación, sin embargo, aunque no exista, al darle un peso importante, hacemos que cuente.

Hoy hablo del perdón. La persona que ha sanado es la persona que ha logrado el perdón, pero el perdón hacia sí mismo.

No nos podemos perdonar nada más que a nosotros mismos. Y es lo más difícil.

No obstante hay una manera directa e infalible. Perdonarme a través de mis relaciones.

Los “errores” que no soy capaz de perdonar en alguien son exactamente los que yo no me perdono a mí.

Por lo tanto, si pretendemos estar en paz con nosotros mismos, urge trabajar el perdón ya que no hay otra manera de alcanzar el equilibrio interno y sobre todo, la libertad.

¿Tú quieres ser libre de verdad? Pues ponte a caminar en el perdón, no existe nada más apaciguador.

Hoy te voy a sugerir algunas maneras de conseguirlo, son demoledoras si te decides a ello, eso sí, se necesita tu intención genuina (como siempre).

Voy directa a lo que acontece. No son pasos consecutivos, da los que tu espíritu te vaya pidiendo, según el ritmo y el orden que esta parte de ti te indique. Sabrás que te habla porque da paz.

El perdón es necesario aplicarlo en personas o situaciones, por muy lejanas en el tiempo que creas que están.

Eso de que “el tiempo lo cura todo” es una gran mentira, el tiempo es un recurso en el que tenemos la oportunidad de actuar, pero si no actuamos, no ha servido de nada. Se ha malgastado. Así que decide empezar a hacer un buen uso del mismo.

Aquí va, imagina una persona o situación que no seas capaz de perdonar y no te demores en trabajarlo:

  • Has de saber que existe cierta obsesión en los temas que no perdonamos, así que es importante que seas consciente cuando tu mente se “enganche” al resentimiento y te sueltes con conciencia de ello. Sin creerte los mensaje que te trae, simplemente dejando ir tantas veces como necesites. Poco a poco se irá suavizando y te será más sencillo hasta que detectes que ya no es tan fuerte la atracción de seguir con esa obsesión.
  • Haz una carta de agradecimiento diaria a la persona o la situación a perdonar. Dedica un ratito de tu jornada a pararte y sentir la gratitud que sientes (con sinceridad, si no no vale). No la entregues, no hace falta. Léela y quémala. A lo mejor la primera carta es de una línea, bueno, está perfecto, la siguiente será mayor. Continúa hasta que notes que ya no es necesario seguir. Insisto, la paz es el mejor indicador.
  • Medita y ponte en contacto con tu parte más elevada, la espiritual. Cuando estés en ese momento de quietud, entrega lo que no eres capaz de dejar ir, y pide literalmente que desde esa Luz se te ayude a disolverlo.

Y estos tres pasos son para que se aparte la oscuridad que nos impide ver qué hay de nosotros en todo ello.

Y cuando lo tengas, entonces estás a un paso de lograr el perdón. Empieza a celebrar.

El perdón, como ya he dicho al principio, único posible, es el perdón que creemos que no merecemos. El perdón a nosotros.

Es muy sutil. Solo imaginar todo lo que hay dentro que no dejamos ir, nos aterra, pero perdonarnos es la única manera de poder avanzar.

¿Cómo sabrás que te has perdonado? porque el Amor, la valía y el cuidado que sentirás por ti serán indescriptibles, habrás re-descubierto Quién eres, y estarás más que feliz de haberte reconocido.