En la quietud se encuentran todas las respuestas. No hacer nada, cuando no se sabe qué hacer, es la solución. Suena contradictorio e ilógico, pero rompiendo la lógica, llegamos a la verdad.

¿Qué quiere decir la “quietud”? ¿Quedarme en casa viendo la T.V?

No, no va por ahí. Quietud se refiere a quietud mental. Silencio. Eliminar de tu cabeza el ruido que te impide oír la solución o dejar que ésta aparezca de la manera más inesperada.

Es contradictorio e ilógico porque lo que hemos aprendido es que cuando hay algo que nos “preocupa” lo que se “debe hacer” es buscar soluciones lo más rápido posible, es entonces cuando ponemos nuestra cabeza a mil revoluciones, bloqueando cualquier acto creativo que se pretenda mostrar.

Esa es la clave, saber permanecer en calma en mitad de la tormenta. Entonces entras en un estado en el que todo es posible, absolutamente todo.

En la nada de repente recibes la llamada que te cambia la vida, te encuentras a la persona que te da la pista para el siguiente paso, o te llega una inspiración que hace que tu rumbo se modifique de manera radical.

A veces en la vida se dan “turbulencias” muy fuertes porque se necesita realizar un “ajuste” de conciencia, después, si te sabes dejar llevar, da lugar a lo que se llama salto cuántico.

Es normal que en mitad de ese movimiento al principio experimentes miedo a la incertidumbre, pero sobre todo miedo a perder el control (que por otro lado nunca tuviste).

En esos momentos yo siempre recuerdo esta frase “cuando no sepas qué hacer, no hagas nada… y cuando lo sepas, ¡corre!”.

Aquietar tu mente en circunstancias que te piden justo lo contrario, parece utópico, y no lo es. Es imprescindible.

Tú no eres el torbellino de pensamientos que te martillean la cabeza, tampoco eres tu cuerpo enfermando por el drama que está atravesando, eres el observador que se encuentra tras toda esa locura. Eres la conciencia que hay, esperando ser escuchada.

Y algo así, por más que lo leas, lo estudies, escuches a gurús o viajes a la India, nunca en la vida lo entenderás si no lo experimentas.

Y cuando lo experimentas, nunca, por muchos problemas duales a los que te enfrentes, por muchas circunstancias adversas que en el mundo se te puedan presentar, se te vuelve a olvidar. Eso es lo que se escribe y habla acerca de “regresar al casa”. Esa es tu verdad.

Tomas conciencia de que la eternidad está en ti. Y el miedo poco a poco pierde su careta. Es la libertad.

¿Cómo llegar a ese estado de quietud en el que todo se resuelve por sí solo?

A través del silencio. Yo no he encontrado otra manera. Ni creo que la haya. Silencio. De vez en cuando, no siempre. Este mundo es un alucine como para aislarte de él por completo.

Soy consciente de que hemos venido a hacer de este sueño, un sueño feliz con todas las maravillas que podamos imaginar y más.

Y para poder vivir de verdad en una película de alegría, es imprescindible buscar el silencio. Y no solo el silencio exterior, sino el interior. Un encierro físico con la cabeza llena de ruido es inútil. Silencio dentro y silencio fuera.

Un rato al día. No es necesario más. Para equilibrarte y volver a salir con el hueco en tu interior necesario y que las cosas se den sin esfuerzo.

Aquí puedes ampliar acerca de la ley universal del mínimo esfuerzo.

¿Cómo invitar a ese silencio hasta saber qué hacer?

Te doy los ejemplos que a mí me funcionan, y tú escoge los que quieras o elige los tuyos.

¡Pero hazlo! no atiendas al ego que te pondrá mil excusas llenas de lógica aplastante para que nada ni nadie te puedan rebatir. Ten más astucia. Recuerda que el ego, esa mente que hemos inventado, se aterroriza ante cualquier acción que le haga callar. No caigas en la trampa.

  • Ten en mente el “problema” que no sabes solucionar y visualiza cómo lo metes en una cajita y lo entregas a ese “Yo” que igual no reconoces aún, pero que intuyes que está ahí, para que desde ese estado se te pueda inspirar la solución.
  • Medita. Soy repetitiva con este tema, pero si no supiera que funciona no lo sería tanto. Medita. Es fácil, con 5 ó 10 minutos al día son suficientes. Entrénate en ello, porque al principio cuesta, como cualquier hábito que pretendas adquirir, nada nuevo. Pronto ves progresos increíbles. Aquí puedes practicar una manera sencilla.
  • No hagas nada. Literalmente, no hagas nada. Ponte música relajante y contempla. El espacio dónde te encuentras, tu mascota, las plantas, una vela que enciendas… observa, sin más.
  • Saca tus pensamientos y los plasmas en una libreta o folio. Luego rómpelos o quémalos para dejarlos ir. Estás vaciando la “caja”.
  • Sal de tu entorno. Vete lo más lejos que te permita tus recursos. Puede ser solo una excursión de un día a 3 horas de tu ciudad, pero es igual de válido. Vete sin nadie y deja que la jornada se vaya dando.

La solución te va a llegar como un rayo, cuando menos te lo esperes y de la manera más extraña. Entonces ¡vuela a por ella! ni lo dudes. Todo está bien.

La puerta tras la que se desvelan todas las respuestas se halla dentro. Entra sin miedo. Está abierta.