¿Duermes bien? ¿Podrías decir que tu sueño es reparador el noventa por ciento de las ocasiones?

Cuando alguien me cuenta que duerme mal sé que, salvo excepciones, tiene malos hábitos de “higiene del sueño” (aunque no lo reconozca).

Hace unos meses impartí un curso de gestión del tiempo para una consultora de IT. El tema del sueño no estaba en el programa pero surgió, y me encanta adaptarme de manera orgánica al grupo, cada uno es un Universo.

A este grupo en cuestión, les hablé de lo que hoy escribo.

Todos decían dormir mal por estrés y dudaron con sinceridad de que lo que les sugería funcionara. Lo genial fue que al día siguiente todos, sin excepción, dijeron asombrados que habían dormido profundamente.

Esta situación fue genial porque ni siquiera necesitaron adquirir nuevos hábitos durante varios días, sino que les dio resultado de una vez.

Lo cierto es que el tiempo como tal no existe, y en este caso se necesitaban cambios rápidos porque el curso duraba dos días. Y así pasó. 

A lo mejor transcurre un tiempo hasta que hayas reeducado tu modo de entregarte al sueño, pero lo que te aseguro es que notarás mejoría desde el primer día que te pongas a ello, y cuanto más natural sea en ti, más fácil te será caer en brazos de Morpheo.

Te animo además a leer este artículo que habla del sueño de la noche y de cómo comunicarnos con esta otra dimensión de nuestro Ser.

¿Sabes qué me hace a mí estar muy tranquila el día que parece que voy a tardar en conciliar el sueño? Entender que si consigo relajar el sistema nervioso, llego al ochenta por ciento del descanso que necesito, aunque no haya entrado en el sueño profundo.

Cuando no nos dormimos y damos vueltas en la cama, es sobre todo porque nuestra mente ego nos está empezando a hacer la cuenta atrás de las horas que nos quedan para despertarnos. Así que deseo que esta información te ayude a hacerle callar un rato.

Comparto los hábitos que sin duda te van a ayudar a querer que llegue la hora del sueño. Es como todo. Sin tu colaboración, por más que leas, no te servirá de mucho. Ponte a ello, aunque solo sea por investigar.

  1. En el lugar donde duermes no hagas ninguna actividad como ver la televisión (bueno, eso yo no lo haría nunca, pero ese es otro tema), ni leer, ni contestar mensajes del teléfono… Tu cerebro tiene que saber que ahí vas a dormir y ese es el lugar para ello. Si lo asocia a actividades que necesiten tu actividad mental, se activará. La asociación ha de ser el descanso.
  2. Trata de irte a dormir y despertarte siempre a la misma hora (más o menos). Esto es una obviedad, pero no se hace. Hazlo al menos el ochenta por ciento de las veces. Que la mayoría de tu tiempo esté ordenado, las excepciones son eso, excepciones.
  3. Después de las seis de la tarde a más tardar, no tomes nada estimulante, es decir, café, té, alcohol… Si llevas mucho tiempo durmiendo mal, me dirás que es que si no duermes por la noche, te tienes que hinchar a cafés por el día. Bueno pues pásalo “mal” hasta que adquieras este nuevo hábito más saludable porque si no, estás en un círculo vicioso con poca solución.
  4. Ten ordenada y limpia tu habitación. Otra obviedad, pero tenla. El desorden nos produce intranquilidad aunque seas de las personas que dicen esto de “soy ordenado en mi desorden”, no es así. La mente debe estar ligera y eso se manifiesta en un espacio ligero. Además, procura que la habitación esté oscura (usa antifaz en su defecto), nuestro cerebro debe saber, o al menos creer, que es de noche.
  5. Tu cama, almohada y sábanas deben ser adecuadas. Que se adapten a ti y a la temperatura de la casa y que sean de toda la calidad que te puedas permitir, con materiales transpirables.
  6. Intenta tener silencio unos minutos antes de irte a dormir. No te vayas directamente después de haber leído o (fatal) haber visto la televisión.
  7. No cenes demasiado pero tampoco dejes de hacerlo. Vas a pasar muchas horas sin ingerir nada y necesitas haberte alimentado bien.
  8. Haz agradecimientos cuando ya estés en la cama. Agradece todo el día que has vivido y los millones de motivos que tienes para ello. Si te cuesta dormir, en lugar de contar ovejas, empieza a agradecer. Recuerda que con que te relajes, ya ganas, y si encima agradeces, la ganancia se multiplica.
  9. Toma una infusión de hierbas que te calmen, sobre todo en invierno. Te ayudan mucho a ir poco a poco creando el ambiente para el sueño. Y además están buenísimas.
  10. Y el día que parezca que te está costando dormir, a pesar de todo lo anterior, practica las respiraciones conscientes. Como ya te he compartido otras veces, consisten en respirar por la nariz, retener en el pecho, espirar por la boca y retener de nuevo. Te doy tres o cuatro de las mismas para que empieces a bostezar, y siete u ocho para entrar en el fabuloso mundo onírico.

En cuanto a las horas que necesitas, cada persona es diferente, incluso en cada etapa de nuestra vida. Conócete y trata de respetar tu biorritmo.

Y recuerda esta proporción, la norma general es aplicable a un ochenta por ciento aproximado, y te queda ese margen de veinte por ciento para hacer tus excepciones, tan sanas y necesarias. (Este veinte/ochenta es válido para casi todo).

Es muy pesado no dormir bien, soy consciente de ello, pero no es cuestión de lamentarse o irse por la vía rápida sino que (como todo), se trata de entrenamiento. 

Tómatelo como un reto, y entonces lo conseguirás. Estoy segura.

“Para el arte del sueño uno debe estar despierto todo el día.” Friedrich Nietzsche.