En los últimos tiempos se está hablando bastante del efecto de las redes sociales en la salud mental de quienes las usan. Se están lanzando muchas historias catastróficas sobre el tema, como el famoso capítulo de Black Mirror que tanto debate (y miedo) despertó.

Yo hoy intento dar un mensaje muy distinto. Según lo vivo yo, las redes sociales son un canal de comunicación maravilloso. Me parece un verdadero alucine que a un clic podamos llegar a tantas miles y millones de personas.

Las redes sociales en sí no son ni buenas ni malas, solo potencian lo que llevas dentro. Lo aumentan.

¿Cómo afectan a nuestro ego?

Siempre digo que para tener una buena relación con las redes sociales, tu ego se tiene que desintegrar. Insisto en lo de “relación sana” y eso pasa por varias características:

  • No vivir en la esclavitud del trabajo que te pueden llegar a exigir.
  • No vivir pendiente de los resultados de cada acción que llevas a cabo en la red.
  • No tomarte nada como algo personal.
  • Hacer un uso y no un abuso de ellas.

¿Por qué se debe destrozar el ego para llegar a vivir en paz con las redes sociales?

Porque si de verdad no quieres enfermar, has de trascenderle miles de veces hasta por fin deshacerle por completo, o él te “deshace” a ti (mentira, no puede pero para que nos entendamos).

Con cada participación que realizas, el ego actúa, o bien creciéndose o bien aterrándose. Y los resultados son diferentes con una u otra reacción. O bien publicamos compulsivamente con el único ansia de ganar likes o nos retiramos por completo porque declaramos que las redes sociales son el principio del fin del mundo.

Pues ni una cosa ni la otra.

Lo cierto es que a mí las redes sociales no me han interesado mucho hasta que no les he encontrado una utilidad real para mí y mi pasión y ahora me fascina lo que se puede lograr, lo pequeño que han hecho el mundo y la responsabilidad tan grande que tenemos al hacer uso de ellas.

¿Cuándo son dolorosamente dañinas?

Cuando es una pura exaltación del ego.

Nadie sabe ni puede juzgar desde qué plano lo está haciendo quien está publicando, eso solo lo sufre (o no) quien lo hace. Quiero decir con esto que a veces, se juzga que alguien está publicando por puro ego y sin embargo, lo que hay detrás no es eso. Insisto en que quien lo trabaja a diario es quien sabe si sufre o todo lo contrario, si ha encontrado una vía de expansión. 

¿Cómo hallé la manera de participar en ellas de un modo equilibrado?

Teniendo un mensaje que deseo muy fuerte hacer que crezca infinito (y más). Y todo esto me ha llevado a aprender poco a poco a manejarme con salud, al ritmo natural y a disfrutar muchísimo de todo su potencial.

Para mí estas son algunas de las claves.

  • Obviar por completo toda la información dañina que corre por ahí. No darle ni media pizca de atención.
  • Tratar siempre de aportar valor con cada mensaje, post, imagen, frase o video se decide compartir.
  • Tener mucha honestidad en lo que se publica. Que haya total coherencia en lo que sientes con lo que dices y escribes.
  • Buscar y fomentar la creatividad en las diferentes vertientes que existen. (Vuelvo a decir que me parecen un alucine de posibilidades).
  • Ser fuente de inspiración sincera desde lo que tú mejor sabes hacer. Todos somos grandes inspiraciones para otros, solo hay que querer.
  • Desapegarte por completo de cualquier resultado. 
  • Tener claro desde qué “plataforma” se lanza el mensaje. ¿Miedo o amor?. Las consecuencias van en consonancia a esta elección.

Todos somos creadores del mundo que vivimos, y hoy en día más rápido y con más impacto que nunca. Así que te animo a superar cuanto antes todos los malestares que las redes sociales te puedan provocar y a darte cuenta de que esta era de la comunicación no ha llegado para separarnos, sino para unirnos. Y lo demás, sobra.