Creo que el término como tal está muy claro, la coherencia es pensar, sentir y hacer en la misma dirección, así que como base, eso lo sabemos ya casi todos.

Lo que no queda tan claro es si conocemos la relevancia que tiene en cada uno de los actos que realizamos.

Conviene recordar que el inconsciente no entiende de escalas de importancia, para el inconsciente todo tiene el mismo valor, es el ego quién le pone “puntuación” y lo clasifica en un baremo que se ha inventado. No es válido ni real.

Lo que quiero decir con esto es que el impacto de la coherencia es el mismo, tanto si decidimos un cambio laboral o de residencia como tomar un café o no con una persona en concreto.

Ser coherentes es el mayor regalo que nos  podemos hacer a nosotros mismos y a los demás, por lo tanto, es el acto “mejor retribuido” por nuestro inconsciente, ya que nos estamos cuidando de manera muy directa y sin error alguno.

¿Por qué pasamos casi todo el día con la cabeza en mil pensamientos y con la sensación andar “despistados” o dejando cosas por hacer? Porque hay una incoherencia en nuestro interior, y la incoherencia en el interior se acaba manifestando de una u otra manera con el objetivo de ponerle fin.

La incoherencia también es la puerta a la culpa, al castigarse por no haber hecho esto o aquello, y por lo tanto a obstaculizarte la vida.

¿Por qué no somos coherentes si tanto nos beneficia? porque es un paso de tremenda valentía y confianza. No hemos aprendido a ser honestos con nosotros, así que actuamos según nos hemos ido pautando entre unos y otros, literalmente abandonándonos.

“El individuo, sin embargo es generalmente tan ignorante que desconoce en absoluto sus propias posibilidades de elección y por esta razón busca siempre angustiadamente las reglas y las leyes externas en que poder confiar su desorientación.” C. G. Jung.

Pienso algo, deseo hacerlo y lo hago. Así de fácil. 

Lo fascinante es que tenemos tanto lío en la cabeza que ya no sabemos ni lo que deseamos ni lo que no deseamos. No sabemos lo que está en nuestra esencia o en lo que se espera de nosotros, así que cuando intentamos ponernos a ello, desistimos enseguida porque nos perdemos en un mar en el que nos ahogamos con facilidad.

¿Cómo ser coherente sin dificultad?

Yendo de lo pequeño a lo grande. Así, de repente, no podemos ser unos expertos en ello porque no seríamos capaces. Como todo, requiere un pequeño entrenamiento hasta, paso a paso, irlo perfeccionando.

Yo te regalo estas ideas, y luego como siempre sugiero, tú las modificas, amplias o recortas… el aprendizaje de cada uno es muy personal, y además, cuanto más lo sea, más eficaz.

  • De primeras, no tomar ninguna decisión. Es decir, como no vamos a saber qué es lo que realmente queremos, quietud y silencio interior, y así tener margen de “testar” de verdad lo que deseamos. Hasta que no saber qué hacer, mejor no hacer nada. Para decir que sí hay tiempo, y si te quedas sin “lo que sea”, asúmelo. (En realidad, no pasa nada).
  • Luego me imaginaría en la situación en concreto y sentiría mi cuerpo. Si es algo que está en tu sintonía, las emociones serán muy positivas, y si no, pueden aparecer molestias diversas tipo nerviosismo, dolor de barriga o de cabeza. El cuerpo es tu inconsciente hablándote, hay que saber interpretarlo.
  • Trataría de disfrutar del miedo que produce decir algo a lo que no estás acostumbrado. El miedo o la incertidumbre también pueden ser de alguna manera atractivos, además la misma fuerza que te dan para desistir, si se le da la vuelta, es el poder que te impulsa.
  • Observaría con detalle los resultados, dándome cuenta de todo lo positivo que me ha traído, y estaría pendiente del siguiente paso, tomando conciencia de que sí o sí, es favorable. ¡Haz la prueba!

La verdadera libertad es ir saliendo poco a poco de todas estas “cajas” a las que estamos sometidos, y salir de ellas es un reto al que vale la pena enfrentarse a diario.

“Las resistencias -concretamente cuando son obstinadas- merecen consideración, porque con frecuencia significan advertencias que no se deben pasar por alto.” G. G. Jung.