Siempre me he sentido atraída de manera muy intensa e irremediable hacia la libertad.

Desde muy pequeña me veía aprisionada por las normas familiares, sociales, y más adelante sobre todo las personales, las autoimpuestas, que son las más complicadas de identificar.

Toda mi vida (o desde que tengo uso de razón) he peleado por sentirme libre, y rara vez lo conseguía.

Los límites con los que te encuentras en el mundo dual son tremendos y a vista del ego, imposibles de eliminar.

Por ejemplo, cuando firmé mi primer contrato laboral en el 1998 casi lo recibí como una soga al cuello, fue terrible, por no decir cada contrato indefinido que fui firmando después. Sentía que la jaula en la que me encontraba se iba empequeñeciendo más y más. Claustrofóbico.

Cuando era pequeña y mis amigas me contaban sus sueños de formar una familia dentro de la estructura rígida a la que estamos acostumbrados, nunca podía visualizarme en algo así, dentro de mí me ahogaba.

Si alguien me decía que a mí, por mi género, mi edad, mi formación o mi clase social no se me permitía hacer lo que fuera, en mi interior moría y rabiaba un poco, no concebía que pudiera ser real que ningún límite me privara de cualquiera fuera la experiencia que elegía tener. Frustrante.

Siempre he intuido que debía haber otra manera de vivir, siempre me he negado a pensar que fuéramos limitados y que estuviéramos sometidos sí o sí a esta especie de esclavitud personal, familiar, social o laboral.

Y esta manera de pensar y de actuar no te voy a negar que me ha llevado a vivir situaciones duras y dolorosas (mucho) pero aún así, me seguía compensando, con creces.

Y a pesar de luchar contra corriente una y otra vez, de pelearme con quién fuera (con quién fuera) y de llevar siempre este inconformismo enfermizo a mis espaldas, no conseguía ni un atisbo de la libertad que buscaba.

Eliminado un límite, aparecía el siguiente.

Después de mucho indagar, de mucho caminar de un lado a otro, de trabajar en mí más de lo que hubiera imaginado que haría, hoy ya sé cual era mi error, enorme error.

Te pido que nada de lo que te cuente lo leas como una mera frase bonita, sino que la medites hasta que algo dentro de ti se mueva. Haz lo que necesites hacer.

Buscaba la libertad fuera, y la libertad solo se puede hallar dentro. Tenía una perspectiva equivocada. Mi Amor y pasión por la libertad fueron los detonantes de toda mi trayectoria pero la base era incorrecta.

Suena increíble pero es así, la libertad no te la da nada externo a ti, la libertad eres tú, y ese “Ser Tú” quiere decir que solo se encuentra mirando dentro.

Cuando descubres que tú no eres tus pensamientos, ni tus circunstancias, ni tu cuerpo… No eres tus apegos, tus objetos, tus creencias… tampoco eres tu género, ni tu dinero, ni tus problemas o logros… estás lejos de ser la opinión de otros, ni tus relaciones, no eres tus padres ni tus hijos, tampoco eres tu trabajo o tus estudios, no eres el lugar donde creciste ni tu casa… no, no lo eres.

Ese es tu ego. Un pensamiento que nos hemos inventado y creído hasta tal punto que le hemos cedido todo nuestro poder.

Eres justo el que está libre de todo eso, eres la Conciencia en expansión.

Eso es libertad. LIBERTAD.

¿Por qué crees que gran parte de las personas encuentran la LIBERTAD en situaciones de mínima libertad externa?

Por ejemplo en cárceles, en campos de concentración, en momentos de extrema pobreza o casos de enfermedad terminal…

¿Por qué?

Porque se transciende al ego tras la rendición a la situación que se te ha presentado.

Puedes si quieres investigar los miles de testimonios al respecto.

Cuando tu ego se siente tan acorralado, al final llega un momento en el que se rinde… sí o sí, y las paredes que parecían enjaularte se deshacen. La ilusión y los apegos que pensaban que te mantendrían con “vida”, se desdibujan hasta desaparecer. La jaula se abre para siempre.

La libertad es interior, y la llave de la “jaula” está dentro.

Estas son las ideas que te pueden ayudar a reconocer el camino de vuelta a tu esencia.

  • Nada externo a mí me puede amar ni atacar. Nada ni nadie. Todo parte desde mí hacia fuera. Me ocurra lo que me ocurra, yo elijo en todo momento cómo sentirme al respecto.
  • La vida es un espejo de mis proyecciones. Lo que me aterroriza y escondo de mí lo veo fuera y creo que estamos separados, sin embargo la idea de separación es el principal error. Si quiero saber qué me daña dentro, observo qué me daña fuera. Te invito a reforzar la idea con este post.
  • El dolor es real pero el sufrimiento es opcional. Recuerdo que esta frase resonó en mí cuando el año pasado me operaron de una variz en la pierna, yo gritaba de dolor, sin embargo la enfermera me decía “te daría un calmante más fuerte pero me confundes Beatriz, porque no paras de sonreír, entonces no sé si de verdad te duele.”  Te prometo que había mucho dolor, pero ni una pizca de sufrimiento y entonces lo entendí. Di las gracias por la toma de conciencia (y pedí por favor, un calmante fuerte).
  • No existe nada excepto el momento presente, el ahora. Nada es real, nada “es” salvo este instante. Respíralo.
  • No soy nada. No soy nadie que he pensado ser anteriormente. No te asustes con esta idea y profundiza en ella hasta que te cale con profundidad y sientas la alegría que da tomar conciencia de algo así.

Aceptar la atracción por la libertad e ir a su encuentro es un viaje que se inicia con todas las consecuencias.

Yo te animo a ello. Vienen curvas, te lo advierto, pero no cambiarás ni un segundo de tu vida porque todo ahora cobrará Sentido, sentido de Verdad.

Fotografía de Pixabay.