Hace mucho tiempo que quería escribir acerca de la inocencia y de su enorme poder.

La mente inocente está a salvo de cualquier peligro, ¿por qué crees que es así? 

Te invito a reflexionarlo antes de continuar.

(La vida es un espejo, es por ahí donde encuentras la respuesta.)

Todo lo que veo en mi exterior es mi interior, por lo tanto la visión inocente del mundo es la mirada del que no encuentra oscuridad en sí mismo porque ya la ha perdonado, ya se ha liberado. Ya no tiene miedo.

Sin embargo parece que el colectivo no apoya la inocencia, nos decimos unos a otros “eres demasiado inocente, tienes que espabilar o… te van a engañar, van a abusar, se van a reír… ”, pero ¿sabemos lo que esto significa? ¿Sabemos qué es ser inocente? Yo creo que no.

La inocencia es pura sabiduría. Nunca se debe evitar, sino que se ha de potenciar. Se debe alimentar.

Es la mirada del niño, donde toda persona con interés por evolucionar debería pretender llegar.

Cuento siempre esta historia y probablemente ya me la hayas escuchado o leído, pero de verdad me ayudó a entender el significado de lo que te pretendo transmitir.

Hace un tiempo fui a un curso de meditación que un Centro de Budismo de Madrid propuso. La maestra de ese momento nos contó una anécdota de un monje budista del que, yendo en tren, unos jóvenes comenzaron a burlarse por su aspecto.

El monje budista respondía a los ataques siempre con una sonrisa.

Todo el viaje le insultaron y él seguía sonriendo.

Cuando llegaron a su destino, uno de los chicos le dijo ¿dame una razón por la que no te tenga que pegar una paliza?, a lo que el monje contestó mirándole a los ojos, muy tranquilo, “porque yo no veo más que inocencia en ti”, e inevitablemente, el joven se desmontó.

¿Has visto el poder de la visión inocente?, ¿has integrado un poco más la teoría del espejo de la que habló Carl Gustav Jung?

El monje no veía más que inocencia en su mundo, ausencia de miedo, por lo tanto, nada ni nadie tenía el poder suficiente para dañarle. No veía el peligro por lo tanto no existía.

¿Piensas ahora que inocencia es debilidad?

En realidad, la vida, el éxito, la paz… es de los inocentes.

Por favor, no confundas, la inocencia y la ingenuidad, no tienen nada que ver.

La persona con una mirada inocente es una persona que ha buceado en medio de su más temible sombra, ha mirado a sus miedos a la cara y los ha dejado ir.

Ha encendido una bombilla y ha sacado la basura. Ha hecho un trabajo de titanes, dista mucho de ser una persona ingenua o débil, y sí, ha recuperado su inocencia. Y ello le da un poder insuperable.

Los peligros están donde tu miedo te lleva. Tu miedo. Tu suspicacia, tu “piensa mal y acertarás”

De verdad ¡qué confusión más grande tenemos! Es para echarse las manos a la cabeza, ¿lo ves?

¿Te das cuenta cómo los niños se mueven por la vida?

Nos creemos que los niños vienen a que les enseñemos los adultos a vivir, pero cada día estoy más segura de que lo niños llegan para que aprendamos y recordemos. Sí nosotros, los “mayores”.

Son maestros pues no conocen el miedo. No les ha dado tiempo a inventarlo.

Mi sugerencia de hoy es que te atrevas a rescatar tu inocencia, para ello, primero tienes que limpiar en ti cualquier bloqueo que te impida conseguirlo. Libera. Abre las ventanas y airea. 

En este blog hay muchas herramientas que te ayudarán a ello, ¡y funcionan muy bien!. Solo tienes que querer (que ya es bastante).

No va a ser fácil, te lo aseguro. Te vas a enfrentar a monstruos terribles. La buena noticia es que no son reales, así que por mucho que te quieran asustar, no olvides que mirándolos a la cara, desaparecen.

“La ignorancia es no saber nada y sentirse atraído por lo bueno. La inocencia es saberlo todo y seguir sintiéndose atraído por lo bueno.” Clarissa Pinkola

Fotografía de Carlos de Rivas