Menos es más. Así podríamos resumir el concepto del minimalismo.

La filosofía del minimalismo nos dice que no tendríamos que tener ningún objeto en nuestro poder al que no le diéramos uso, es decir, vida.

Cada prenda de ropa u objeto que no movemos, es como si estuviera muerto. Es energía bloqueada que impide que la energía de renovación fluya con libertad. Es como la sangre coagulada.

La meta es la siguiente; que cada pertenencia que tenga, sepa que es útil para mí.

Dicen que si algo no lo has usado en seis meses, está preparado para que lo dejes ir. En el caso de la ropa, una temporada entera.

Al dejarlo ir permites que alguien que sí lo va a disfrutar le dé una función o, si está muy usado o deteriorado, por fin descanse (los objetos también tienen vida).

¿Necesitamos tres cafeteras, dos vajillas, veinticinco pares de calcetines, siete vaqueros? Si lo piensas, es un exceso y una pérdida de tiempo.

Siempre digo lo siguiente, haz un recorrido con la vista a todos los utensilios de tu casa y lugar de trabajo y observa si cumple estas reglas, y si no, pregúntate ¿por qué?

Detrás de los objetos están nuestras emociones.

Nos cuesta desprendernos de los objetos, no por ellos en sí, sino por la emoción con la que los asociamos, a la que por un motivo u otro, sentimos apego.

También por un sentimiento de carencia, o el conocido “por si acaso”. Los “por si acaso” están gritando “en el futuro no tendré medios, por eso lo guardo”.

Además hay apego. Hay un MÍO enorme en cada objeto, sin darnos cuenta que en realidad, no te pertenece nada. Pero el apego nos dice que sí, es más, nos dice MIS pertenencias soy YO.

El movimiento interno que se da cuando una persona empieza a desprenderse de todas las pertenencias a las que no les da vida, es brutal.

Sé enseguida cuándo con quien estoy trabajando en sesiones individuales o en grupo, necesita hacer el ejercicio de “tirar cosas”, suele ser porque le cuesta hacer ciertos cambios, o cuando no es capaz de liberar algunas emociones o culpas ancladas.

He vivido algunos casos sorprendentes, con resultados potentes. Personas que han cambiado de casa, de país, de trabajo, que les han llegado nuevas oportunidades, parejas…

Recuerdo este verano, tenía un vestido blanco muy bonito pero ya muy viejo, un día, cuando llegué a casa lo tiré y le di las gracias por haber estado conmigo este tiempo. Te suene como te suene, sí, le di la gracias. No olvides esto, los objetos también tienen vida. 

Por la tarde una alumna de un curso me regaló un vestido precioso, nuevo y casi blanco. Es un ejemplo muy sencillo pero muy claro. De esos tengo miles (algunos menos sencillos que el que te acabo de compartir).

Para que entre lo nuevo, se tiene que ir lo viejo.

El objetivo es que no tengas nada en tu poder a lo que no le des un uso específico. Puedes permitirte algunos lujos, yo por ejemplo tengo mis libros, no todos, solo los que de verdad me han cambiado o aportado mucho, esa es mi excepción. Busca la tuya.

Así que, manos a la obra.

Disfruta las sugerencias que te doy porque son muy poderosas. No hace falta que tires o te deshagas de todo de golpe, puedes empezar por cosas sencillas como los apuntes de clase (¿todavía los guardas?) o por el cajón de los calcetines. Póntelo fácil y sé amable contigo.

  1. Trata de ritualizarlo. Ponte música agradable y siente que estás limpiando por fuera y por dentro. Si además haces Ho’oponopono, el resultado va a ser mucho más liberador.
  2. Selecciona las prendas u objetos que son para tirar, los que son para regalar, donar o vender y ponte un plazo de no más de una semana para deshacerte de ellos.
  3. Trata de sentir y dejar ir las emociones que se te van a ir despertando. Cada objeto está atado a una experiencia o a una persona. Siéntelo y déjalo ir.
  4. No te lo hagas muy pesado o muy duro. Empieza por lo que menos miedo te dé y vete aumentado la intensidad, pero no estés más de hora y media cada vez que te pongas. Para ti tiene que ser un juego.
  5. Celébralo después como merece. 

Te llegarán nuevas ideas al haber hecho un hueco. Crear un espacio ligero en tu entorno, te librará por dentro y por fuera. Respirarás más holgadamente.

Por eso, sea cual sea tu caso, te animo y animaré a tener cada vez menos, para que te pueda llegar cada vez más, y a la vez se vuelva a ir si tiene que hacerlo, y te conviertas en un mero canal de todo lo que está por venir. Eso es la vida y eso es fluir.

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