Con que diéramos las gracias durante todo el día, ya cambiaríamos nuestra vida (y la del resto). El poder de la gratitud es inmenso, es tan elevado que no se puede describir.

Cuando tu pecho se hincha de gratitud cambias de dimensión, ¡vuelas!. E insisto en que me leas abriéndote al poder de las palabras que te intento transmitir, las cuales están muy lejos de la ñoñería. La gratitud te abre las puertas a la magia.

Mucha gente me observa y me pregunta “¿pero tú siempre estás así de sonriente?”, y yo no paro de decir lo mismo, “es que no siento más que gratitud por todo”.

Cuanto más la practico, más presente está y más motivos encuentro para agradecer, y más se multiplica mi alegría, y más agradezco…. es un bucle del que ya no salgo, y cuando parece que me despisto, vuelvo a él tan rápido como mi consciencia me permite.

Y es que se lo digo a quien quiera escucharme y te lo digo a ti. No hay mucho más secreto. Dar gracias en lugar de quejarte, dar gracias en lugar de criticar o juzgar, dar gracias en lugar de pedir. No hay más. Dar.

Cuando damos las gracias gritamos plenitud, paz, abundancia, generosidad, aprendizaje, crecimiento, evolución.

Porque dar las gracias significa dar las gracias por todo, por la facilidad y sobre todo por la dificultad que ha venido a impulsarnos hasta donde se lo permitamos.

Si te levantas por la mañana y repites “gracias, gracias, gracias” hasta el infinito, y luego sigues mientras continúas con tu día, cuando te cruzas con alguien, cuando hay atasco, cuando el mundo parece que no gira a tu gusto, aún así, das las gracias, te aseguro que el escenario cambiará a un ritmo que no te lo vas a poder creer.

Cuando trabajo con personas que se sienten tristes o carentes, siempre les propongo el siguiente ejercicio, y ahora te invito a probarlo a ti.

  • Haz una lista de todas las cosas por las que te consideres agradecido.

Las personas que más desdichadas se perciben, ponen tres o cuatro razones. Luego yo les insisto para que lo amplíen. Pregunto, “¿te parece normal que abras el grifo de agua y salga agua caliente cuando tú lo eliges?” No lo es. Eso ya es para decir todos los días ¡guau!

Una vez una persona en sesión me dijo “hoy me he emocionado dando las gracias porque mi planta ha florecido.”

Al acostumbrarnos a agradecer, empezamos a ser consciente de pequeños milagros de la vida que antes ni los veíamos. Recuperamos la capacidad de sorprendernos.

Debemos dar las gracias por todo, porque pulso el interruptor de la luz y se enciende una bombilla, porque tengo agua corriente, ¡eso es un alucine! Porque he abierto los ojos un día más… ¿O no lo crees así? (No lo veas cursi o insulso por favor, es más poderoso de lo que llegamos a poder siquiera soñar, tu vida cambia radicalmente).

  • Cuando has hecho la lista bien grande (hasta que no sea inmensa, no pares), léela durante al menos 40 noches y pon esa lista debajo de tu almohada al dormir, así estará aún más presente para ti.
  • El último día quema la lista y celébralo como prefieras. (Celebra siempre).

Este sencillo ejercicio ha cambiado la vida a más de una persona.

A veces paseo por Madrid y me paro a flipar literalmente con lo que veo, la belleza que envuelve cada rincón, y doy las gracias. En un verdadero espectáculo que nos perdemos entre queja y gruñido.

Agradecer es la clave.

¿Sabes lo que ocurre con esta actitud?

Que el universo, en su infinita generosidad con nosotros, nos da más y más motivos para agradecer, y algunos son de película.

El campo cuántico responde a lo que sientes, y te brinda aquello que le estás demandando, sin juzgarte.

¿Qué crees que te trae si te quejas?

Te propongo que hagas esa reprogramación y que la mantengas el tiempo suficiente hasta que sea un hábito en ti. Y vayas tomando nota de todo lo que se moverá en tu vida (va a ser mucho).

“Solo hay dos formas de vivir la vida; una es pensando que nada es un milagro y la otra es creer que todo lo es.” Albert Einstein.

CompartirShare on Facebook27Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn3Email this to someone