La compasión como herramienta de sanción me llegó regalada. Nada es casual (a estas alturas ya lo habrás leído mil veces).

Y la “no casualidad” o más bien la causalidad, me llevó a conocer a Nick, un chico que resultó ser un monje budista y con el que estuve tomando un té que duró horas.

Había venido a asistir a las mismas conferencias que yo. La nutritiva conversación que mantuve con él después del fin de semana intenso que vivimos, me ayudó a entender (y poner en práctica) el concepto del que hablo hoy. La compasión como herramienta para sanar.

Había oído hablar de ella y de su poder, y de manera inconsciente ¡claro que lo había puesto en práctica! pero nunca había accedido a la compasión como él me lo transmitió. Para sanar conscientemente relaciones que has dado por perdidas (según el ego te dicta).

Hay relaciones que después de muchos años y mucha confusión, encierran tanto dolor que parecen imposibles liberar. Él las llamó “relaciones kármicas”.

Son aquellas que parecen “enquistadas”.

Algunas teorías hablan de pagos de deudas de vidas anteriores o de una gran cúmulo de culpa de esta vida, da igual. 

Sea cual sea tu perspectiva, el resultado es el mismo. Actúe como actúe, no soy capaz de soltar todo el resentir y el dolor que me produce esta relación con… (rellena tú el nombre).

¿Qué es la compasión? ¿Es lo mismo que la empatía?

Según lo entiendo, no. Empatía tiene que ver con “yo desde mi plano, me bajo al tuyo y te intento comprender”, ego y más que ego detrás de esta afirmación. Es separación pura.

Compasión es encontrarte en la otra persona. Descubrir que eres uno con ella y querer que pare su dolor, porque también es el tuyo.

Si lo ves, está en ti. Lo que sea.

Vibrar compasión implica un orden muy elevado de conciencia en el que sientes (no piensas o razonas) sientes que eres la “otra” persona.

Es un acto que libera de manera instantánea, borra cualquier dolor o error de un pasado o presente confuso y caótico.

Diversos estudios relacionados demuestran que la compasión modifica la química de nuestro cuerpo, el cambio no es solo emocional sino físico.

¿Y por qué crees que la compasión se nos resiste?

Porque nos aterra sentir tanto dolor oculto, lo “olemos” con el ego, y la culpa que lleva detrás es tan terrible que salimos corriendo en dirección contraria, negándonos a la evidencia de que el otro, soy yo.

Su miedo y su dolor, son los míos.

¿Cómo hacerlo entonces?

Realizando pequeñas entregas, del poco al mucho, como siempre sugiero. Así evitamos asustarnos o frustrarnos.

No hace falta llegar a ningún sitio, no es necesario que de repente todas mis relaciones sean perfectas, solo se requiere tu intención y hacerlo a la velocidad que tú consideres y te permitas.

Estos son los pasos que seguiría:

  • Desear de corazón, genuinamente, que la relación se sane. ¡Cuidado con esto! Que se sane de la manera que sea, es decir, que el resultado una vez conseguido, no tiene porqué ser el esperado por el ego. Una relación puede estar completamente limpia y sin embargo no seguir las normas que el ego establece.
  • Necesitas tomar distancia, emocional y física. El tiempo empleado lo irás viendo tú. De otra manera es muy complicado evitar la confusión.
  • Hazte a la idea de lo que va a ocurrir, toma conciencia de lo que estás comenzando. Puede doler, pero duele mucho menos que ocultarlo, así que rompe ese miedo.
  • Dedica unos minutos o incluso instantes a cada pensamiento o recuerdo que te llegue doloroso. Trata de entender el dolor que llevó a que esa situación se diera. Ten presente que si eres capaz de sentirlo, es que está en ti. ¡Bravo! Al permitirte que salga a la luz, ya te estás liberando.
  • Cuando lo tengas, medita en ello varias veces. Permítete llorarlo, dejarlo ir. Igual necesitas días o semanas. No vuelvas a ocultarlo. Pasando a través de ti, se marcha.

Una vez que has abierto esta línea, sin que tú lo fuerces, van a llegarte muchos recuerdos en los que trabajar, y yo no te puedo explicar con palabras cómo sabes que la sanación se ha dado, se tiene que experimentar. Se da, eso es seguro. Te invito a ello.

Solo hace falta tu intención para comenzar el primer paso hacia ti.

Todos estamos desbordados de teoría. Vivimos en una época (que a mí me parece maravillosa) en la que la información no tiene límites de ningún tipo pero, referente a la que nos llega de crecimiento personal y espiritual, si no la pones en la práctica, no sirve de nada. Palabras bonitas pero vacías.

A las personas a las que acompaño siempre les digo, “¡tómatelo con humor!, eres como un detective para tu alma. Indaga en ella y deja ir a cualquier a intruso que te impida ver con claridad.”

La vida es alucinante si nos liberamos de tanto error (pero por favor, no me creas).