El Café Arcángel fue toda una sorpresa de mi viaje por La Habana (Cuba). Una mañana, no sabes dónde desayunar y una indicación te lleva a un sitio, otra a otro diferente, y de repente entras en un oasis en medio de un armonioso caos. 

Nada más entrar allí noté que había algo especial, aunque no fue en ese primer encuentro el día en el que la entrevista tuvo lugar, tenía que verlo más claro aún para decidirme a intentar hablar con los dueños del espacio.

Dos desayunos más y un buen día, un señor muy amable y sonriente nos regaló una preciosa historia acerca de cómo vamos envejeciendo sin darnos cuenta.

Nos narra cómo él ha sido un gran corredor toda su vida, orgulloso de ello, nos describe sus carreras a diario por el Malecón desde hace ya décadas, y cómo fue poco a poco tomando conciencia de que a pesar de él sentir que seguía siendo el mismo, “la vejez le fue conquistando dulcemente, sin darle tiempo de reacción” para concluir diciendo que no hay que desperdiciar ni un sólo día de nuestra corta existencia. Sus ojos explotan de vida cuando nos lo revela.

Y después de este regalo, se presentó como Miguel, uno de los fundadores del Café Arcángel. Entonces supe que la entrevista acababa de empezar, me presenté y nos dispusimos a ello durante dos mágicas horas.

“Hay un tiempo para dejar que sucedan las cosas y un tiempo para hacer que las cosas sucedan.” Hugh Prater

Los dueños del café son Miguel, su mujer Mary y su hijo Joao. 

Miguel estaba opuesto a la idea de abrir ese negocio, quería descansar y sabía que le iba a dar mucho trabajo, sin embargo ahora está completamente enamorado y es quien lleva las riendas de casi todo.

Ellos tenían negocio de alquiler de habitaciones para turistas en las que además, ofrecían desayunos, le ponían tanto interés y corazón que sus amistades les empezaron a convencer para que abrieran lo que ellos llaman un “desayunador”. Primera regla de oro, ama aquello que haces y aquello que haces te amará. 

Sólo hace dos años que inauguraron y empezó a funcionar en los primeros tres meses, a pesar de que les habían dicho que el negocio tardaría en consolidarse de dos a tres años. Fue una creencia que no hicieron suya ni por un momento.

Las creencias limitantes son aquellas “verdades absolutas” que nos impiden avanzar o nos bloquean, es tu decisión darles realidad, o no. 

Dice que parte de su éxito es que cada uno de los fundadores es excelente en su trabajo, él es ingeniero de formación y muy meticuloso en las cuentas, las matemáticas para Miguel son un juego y una pasión. Mary tiene un talento muy especial con la decoración, el Café Arcángel es además un museo donde podrías pasar horas admirando cada detalle, colocado con un gusto increíble, Mary también es quien mima y nutre las relaciones con sus clientes. Joao, profesional del ballet, pero amante de la cocina, cuidadoso e innovador, supo enseguida que, una vez dominado el ballet, su reto estaba en el café.

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Miguel, tranquilo y meditador, dice que su lema siempre fue “servir es el arte supremo”, que tu don esté al servicio de los demás es la base del éxito en cualquiera de las aventuras en las que pretendas embarcarte.

El local se llena de intelectuales, bohemios, artistas, tertulianos, premios de literatura… no saben muy bien por qué, pero lo cierto es que siempre hay personalidades de esta índole. Mary se une a la entrevista y cuenta que no puede ni enumerar la de historias sorprendentes que han vivido en el café en tan solo dos años; parejas que se han enamorado, amigos que se han creado, reencuentros “casuales”…

Ambos, muy humildes cuando hablan de su éxito, dicen que desconocen cómo pero que no fue una decisión que tomaron, sino que les fue tomada. Les piden ampliar el negocio, quizás abrir en otras ciudades pero de momento lo quieren mantener sencillo.

Una vez más, y de manera natural, las personas de éxito saben que el orden de la vida es ser, hacer y tener, después de un paso viene el siguiente, adaptando su crecimiento interno a su crecimiento externo.

En dos años han recibido dos premios a nivel internacional, ambos por su excelencia.

Miguel nos recuerda, “hay que tener el amor propio muy alto para triunfar, ya que te puedes encontrar con muchos obstáculos que sólo así podrás superar”. 

Y lo queramos ver o no, la valentía y el amor en lo que haces, siempre llegan con premio.

“Más vale morir en el campo de batalla que una vida de derrota.” Buda

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