A los meses de llegar a Roma sentí que quería crear un grupo de meditación. Lo sentí fuerte. Empezó siendo presencial, aunque solo hubo tiempo para una sesión. Enseguida la cuarentena comenzó, y la evolución lógica era vía online. Al principio me costó encajar la idea regalada, pero las ganas y la energía que tiraban de mí para que continuara con el proyecto, fueron más grandes que mis dudas. Se llamó Un mismo latir. Poco a poco y de la manera.. Read More