Habitamos en un Universo al que no le falta detalle, donde todo vive sin esfuerzo; tu corazón late sin que tengas que pensar en ello, las plantas realizan la fotosíntesis sin planear cómo, tu aparato digestivo lleva a cabo su función moviendo un número infinito de piezas y tú, no te percatas.

La vida fluye de la mejor de las maneras posibles sin que tengamos que preocuparnos.

Quizás habrás oído hablar del término de la abundancia pero, ¿sabes a qué se refiere esta palabra?.

Es un concepto, como tantos otros, que no consiste en creerse sino en poner en práctica, si es que es ésta la correcta manera de decirlo.

Abundancia como tal puede llevar a equívocos, ya que confundimos ideas.

Abundancia no es tener mucho o poco dinero en el banco, ni tener más o menos posesiones, abundancia es saber, más allá, es tener integrado en todo tu Ser que aquello que necesites en el momento que lo necesites estará para ti, siguiendo el orden de las cosas que sea más beneficioso para el total de las partes implicadas.

Esta manera de entenderlo supone un desapego absoluto del resultado porque la visión que nosotros tenemos, desde el plano consciente, es muy limitada y nos impide ver el “mapa” completo de la situación, por ello, debemos soltar cualquier intento de control a nuestro Inconsciente, ya que abarca el 95% de nuestro Ser, donde se encuentra nuestra sabiduría, individual y colectiva. El todo está en la parte y la parte está en el todo.

La primera de las leyes que debemos conocer es que todo se crea primero en la mente y después en la materia, por lo tanto, ha de existir una clara intención en saber qué es lo que realmente deseamos.

Esta primera aclaración me parece especialmente importante porque, por supuesto con nuestra parte consciente vamos a desear una vida plena y sin preocupaciones de ningún tipo, pero el Universo no funciona así, no entiende a nuestros pensamientos y sí a nuestras emociones. Atraemos lo que vibramos. 

«El campo cuántico no responde a lo que queremos, sino a quiénes estamos siendo.» Joe Dispenza

Por lo tanto, repetirse frases positivas delante del espejo para autosugestionarse, sirve de poco si no van acompañadas de una emoción coherente.

Otra de las leyes que conviene señalar es la del “no esfuerzo”. No te esfuerces nunca, eso no quiere decir que no te muevas, sino que no te esfuerces, porque es energía de carencia.

Cuando tu vibración es abundante, todo llega a ti sin tener que sufrir. Esto pertenece al grupo de creencias que traemos de serie y con las que debemos vernos cara a cara para poder identificar y eliminar, tipo “el que algo quiere algo le cuesta”, “lo ganaré con el sudor de mi frente” o “el dinero no cae del cielo”.

Y la última de las leyes que hoy señalaré es la de la gratitud, nada produce más abundancia como una profunda y sincera gratitud por todo y por todos. La gratitud es la emoción del que ya tiene.

Nos han programado para dar las gracias cuando vemos el resultado pero, ¿y si damos las gracias por adelantado?.

Si te centras en el ahora, en los millones de motivos que ahora te dan razones de sobra para estar agradecido, el mensaje que mandas es de plenitud, de satisfacción y no de carencia e impaciencia. Pero recuerda, lo importante es un mensaje honesto, así que no trates de engañarte, es absurdo. Busca razones por las que verdaderamente te sientas agradecido y exprésalas así.

Te sugiero algunas acciones prácticas para mover tu energía a la plenitud y la abundancia.

  • Cada vez que tengas miedos de carencia, toma conciencia de que en este instante, en este preciso momento, no te falta nada. Recuérdalo tantas veces como sea necesario. Si lo logras, tu siguiente instante seguirá siendo pleno.
  • Mantén tu despensa llena. Para el cerebro reptiliano, el más primitivo, es importante saber que estará cubierto de necesidades básicas en caso de crisis. Funciona de igual manera con el dinero que llevas en la cartera, no la lleves vacía o, lo creas o no, emitirás emociones de falta.
  • No tengas demasiados objetos que no sirvan para nada, es energía que bloquea, ten poco pero lo poco que tengas, que sea de la mejor calidad que te puedas permitir. Cada vez que lo veas o uses, te sentirás próspero.
  • Dona parte de tu dinero y/o tu tiempo a causas que te importen, o a las que quieras apoyar. Sé canal de la energía de la abundancia, no estanque.
  • En cuanto tengas una idea clara o un proyecto, pasa a la acción. Mueve ficha en el momento que sepas qué hacer, desde lo más sencillo a lo más complejo.
  • Observa la naturaleza, sal al campo, mira las flores, los árboles, los animales e insectos. Pocas energías tienen tanto poder. Un rato en este tipo de meditación consciente, te transporta al ahora donde todo está bien y te enseña tanto como quieras aprender.

Disfruta de una vida plena, tal y como la mereces, ni más ni menos.

«Da, y tendrás en abundancia.» Lao Tse