Hoy no pensaba escribir el post. He estado todo el día (y los anteriores) muy enfocada en maravillas que vienen para salir a la Luz. Desde primera hora hasta última del día. Y me he dicho «a cenar algo rico y a la cama a leer». Cuando he terminado el último bocado, y me había preparado una infusión, me he reído con ganas porque he sentido dentro con mucha claridad: «¡ahora, a por el artículo de mañana!». He sido llamada a la acción (de nuevo). 

«¿En serio? ¿De verdad? ¿Ahora me haces escribirlo?» 

-«¡Ahora!»

Y aquí estoy. 

Ya te he compartido varias veces que esto que siento es un pulso, más que una voz clara. Es algo bastante insistente y «mandón». Pero como ves, sus «órdenes» son motivo de alegría máxima para mí. Y ponerme en acción, una aventura con la que flipo a cada rato.

Se podría decir, adaptando la frase que todos conocemos, que el ser humano propone, y el Corazón dispone. 

Cuando conectas con este sentir del que siempre te hablo y al que te animo a llegar sin demora, ya no eres dueña de ninguno de tus actos. 

Por otro lado, toda tu vida se vuelve una sinfonía perfectamente orquestada. 

Para lograr este estado, como te comentaba ya la semana anterior, se necesita una mente muy dócil y entrenada en ello. Con una mente rígida es imposible soportar la incertidumbre de ser herramienta.

Estoy viviendo tanta magia que me sigo asombrando una y otra vez, como la primera de todas.

También he observado mi recorrido y en este tiempo, he entendido mucho. Como escribía en mi Instagram días atrás, estoy impresionada, en el sentido de ¡guau, qué carrera llevo! ¡Y llenita de acción!

Amo mi trabajo con todo mi Corazón. No sé si soy la que más ama del mundo lo que hace, pero sé que no se puede amar más. Y donde he llegado (dentro y fuera), no me lo imaginaba. Y continuar, por supuesto, como leía hoy en este proverbio zen «cuando llegues a la cima de la montaña, sigue subiendo», es casi una obligación para mí. 

Creo que, enlazando con la idea de ser herramientas de lo más elevado que puedas imaginar, debemos eso y más. 

El trabajo no pesa en absoluto si lo haces con y por amor. Y hemos venido a mostrar nuestra máxima expresión. Porque si no, estaríamos siendo injustos con nuestra naturaleza. 

Una vez, charlando con una excelente persona de negocios, muy sabia y elevada  (porque una cosa y la otra suelen ir unidas), me decía: «¿sabes cuál es el fallo de algunas maneras de entender la espiritualidad? que como se piensa que Dios lo hará, con esa excusa, no hacemos nada, y la gente no avanza ni prospera». 

Y qué razón. 

Dios, o el Corazón, el Espíritu… como lo llamemos, son nuestra guía, pero seguir su latir te va a hacer «currar» pero bien. Siempre te digo lo mismo, el Universo necesita tu acción. 

La diferencia entre actuar por amor o sin él, es la alegría, los resultados y la magia que se da o no se da tu paso. 

A veces queremos que nos ocurran cosas increíbles, haciendo de manera mediocre. 

Debemos pensar de nosotros mismos como lo máximo. Como seres ilimitados que pueden hacer, crear y llegar donde se imaginen. Sin techo.

Y te insisto, cuando descubres Quién gobierna el motor, sabes que le debes eso y más. Y entonces todas las fuerzas del cosmos, te impulsan. Porque hay algo dentro que te dice «no pares hasta expresarte en todo tu potencial», y una vez lo sientes, ya no hay marcha atrás.

Y claro, no creas que va a ocurrir en tu salón viendo la tele. Vas a tener que levantarte y ponerte manos a la Obra. 

Para mí, no existe mejor jefe al que reportar, que el pulso que siento en mi pecho. Aunque me haga escribir a estas horas un sábado, disfruto de unos bonus que se superan cada día…

El mejor jefe del Mundo, ya te digo. Y siempre tiene puestos libres para quienes buscan…