Todo empezó como hace 11 años. Estaba hablando con un amigo, en estas conversaciones que se daban de noche. Fue después de haber salido por ahí, a pasarlo bien y sacudirnos incertidumbres entre bailes y cervezas. Me preguntó algo así: «¿cuánto dinero querrías ganar?» a lo que yo contesté: «lo único que quiero es no tener que preocuparme por el dinero, nunca». 

Recuerdo ese momento con claridad. Sé que ese deseo que me salió con tanta honestidad desde muy dentro, desencadenó todo lo que he vivido después. 

Al decretar lo que sea con rotundidad, abres realidades. El Universo te contesta: «tus deseos son órdenes para mí», y ¡empieza el juego! 

El poder de nuestra palabra sumado a una verdadera intención, es magnífico. 

El dinero ha sido un gran maestro en mi camino desde entonces. Y, gracias a esa maestría, hoy estoy viviendo esta situación mundial como la estoy viviendo; con total despreocupación y entrega en lo que hago. Y creo que puedo, una vez más, usar todo lo aprendido para acompañar a quien lo sienta, en ese tramo del viaje. 

El otro día alguien me contó que estaba pasando por una crisis económica porque había perdido el trabajo y no tenía ingresos, excepto los que les proporcionaba su familia. Decretó: «no tengo dinero». «¡Atención con lo que dices!», le respondí yo (siempre con todo mi cariño y mis ganas de aportar luz, cuando no se ve). «Tienes dinero, estoy segura de ello, si no, no estarías tomándote esa cerveza ahora mismo».

No tener dinero es no tener dinero. 

Esto siempre me recuerda a la situación (que todo el mundo ha vivido) con el típico compañero de clase que llegaba a un examen y decía que no había estudiado nada, pero luego aprobaba con notable, ¿no? O cuando abrías el armario a rebosar de ropa, y sufrías diciéndote: «¡no tengo nada que ponerme!».

Hay un ritual muy bueno de Jodorowsky que una vez leí, y servía para quitarte todas las limitaciones y miedos económicos que pudieras tener. Consistía en pedir a alguien de confianza que te llevara en coche a unos doscientos kilómetros de tu casa y te dejara ahí, sin dinero. Y te las apañaras para regresar cuándo y cómo fuera. 

Cuando lo leí, me pareció un poco bestia, ahora y después de lo que yo he experimentado, lo veo un juego muy sencillo. 

El caso es que en tantas situaciones en las que me he encontrado a mí misma sin un céntimo, he tenido la oportunidad de trascender miedos y limitaciones de todas formas y colores. Y tengo, ahora sí, información y vivencias de sobra, para estar en mi deseo de hace 11 años. 

Me ha ocurrido de todo, pero no te imaginas a qué niveles. Han sido años de exorcismo.

Me he dado cuenta de cómo ciertas relaciones iban bien siempre que hubiera dinero por medio y al desaparecer, las relaciones también lo hacían.

Algunas personas me llegaban a decir (o sugerir) que yo no trabajaba porque no daba beneficios materiales.

He vivido todo tipo de situaciones terribles que no sé si alguna vez contaré (creo que no), pero que me sirven desde luego para tener potestad en lo que digo, y dar fe de lo que hablo.

He experimentado lo que es no tener para comer. Lo que significa no poder coger el metro. Me han tratado con mucha violencia por no poder pagar alquileres. Y lo que me ha ayudado a ir a por ello en vez de amedrentarme, era ser muy consciente de que, aunque no lo entendiera entonces, venía siempre para mi mayor bien. Era mi decreto constante. ¡Y vaya que lo ha hecho!

Tenía que trascender ese «tanto tienes, tanto vales» que me han repetido los adultos de mi infancia. Y lo he hecho a lo grande, es decir, eliminando todo tipo de posesión que me poseyera a mí. Me he llevado al extremo, y me dejé sin nada. Un minimalismo revelador que me ha ayudado a dar luz a esta creencia y, como si fuera un parásito que me consumía, extirparla de una vez por todas, y para siempre. 

También me las he visto con emociones como la culpa, la vergüenza…

Recuerdo muy bien el día en que esos dos venenos me estaban asaltando y de repente me di cuenta de que ¡eran mentira! Es decir, que no tener dinero no te hace un ser humano de categoría inferior, ni la culpa tiene espacio en el que reinar, jamás.

¿Te parece lógico, a que sí? Pues hasta que no se experimenta no se puede, de verdad, eliminar.

Una cosa es entenderlo y otra caminarlo. ¡Palabrita! 

No puedo expresar con palabras la gratitud que siento por cada una de esas experiencias que me han dejado hoy, en el estado de ser en el que me encuentro.

He llegado a vivir el dinero como herramienta, a darle la neutralidad que merece. Me he comprometido con su uso consciente, he aceptado que soy su canal y nada más. He eliminado su poder sobre mí, y le he puesto a él, a mi servicio, que es donde siempre debió estar, y no al contrario.

Renuncié en su día a trabajar por dinero, y la única motivación que me mueve a crear y compartir, es el corazón, nunca el beneficio económico que obtendré en la transición. Le doy un valor económico a lo que hago, por supuesto, y se lo doy bien, porque el dinero es mi herramienta para seguir expandiendo y para moverme, y porque la experiencia de vida que está añadida en todo lo que saco adelante, es de infinito valor, pero el dinero no manda en mi vida. 

El disfrute y la libertad que he logrado, es sencillamente indescriptible. 

Cuando la situación es tan extrema que no te queda otra que rendirte, haces una especie de clic que rompe la barrera que había entre tú y tu Poder interior. 

Poco a poco me fui soltando, y me empezaron a suceder todo tipo de situaciones que parecerían de ciencia ficción. Ir a hacer la compra sin un euro, comprar todo lo que se me antojaba y recibir un ingreso en el instante de pagar, y que sea justo la cantidad que en ese momento necesitaba. De esas miles. O que me lleguen billetes volando y me aterricen en la cara mientras paseo con un amigo, para que además, quede constancia de lo que digo. (Siempre hablo del gran sentido del humor que tiene el campo cuántico, ¿verdad? fino, fino…). Me he encontrado hasta dinero en grandes cantidades debajo de un árbol, con este mensaje subliminal: «sí, el dinero también puede crecer en los árboles si se lo permites». ¡Me parto!

Hay una persona que siempre me dice: «pero tú, ¿cómo lo haces?» y yo contesto como lo vivo: «a mí me paga el Universo, que es para quien trabajo». 

Tengo la certeza de que la nueva economía que emergerá, será una economía sana, en la que la moneda que usemos será simplemente un intercambio y una herramienta sin cargas emocionales. Un instrumento de transformación en el plano físico. Y para que eso suceda, somos nosotros y nosotras quienes debemos limpiar todo lo que escondemos inconscientemente al respecto. 

Ahora hay muchas personas que de una manera u otra, se la están viendo con este gran maestro.

A veces, como yo no cuento ni un 20% de lo que vivo, me dicen: «claro, pero es que hay gente que está muy mal… ¡tú tienes suerte!». Y me callo, porque he llegado a un punto en el que dar la razón, me deja muy tranquila. Pero no, no es cuestión de suerte ni mucho menos, y sí, he estado en situaciones que te pondrían los pelos de punta y que insisto, dan fe a mis palabras, pero quedan para mí y mi valiosa experiencia vital.

Sí, es cuestión de superación personal, de ruptura de moldes y de no parar hasta descubrir Quién realmente eres, y retomar el poder que te corresponde.

¡No decaigas hasta lograrlo!

Como he re-descubierto en los últimos días, yo siento que este camino que, antes o después todo el mundo caminará, lo he iniciado un poco antes de la media y por eso, te cuento lo que voy viendo en mi ruta, ya que si te sirve para acortarlo, ¡eso que nos llevamos todo el mundo! porque en esto, vamos a una, Corazón…

¡Ma-ra-vi-lla!

Si quieres seguir leyendo…

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La libertad de la rendición

La suerte no existe

El poder de decretar