Nada es más tierno que la relación con nuestro niño interior. 

Nuestro niño interior habita en nosotros, no ha crecido ni ha desaparecido, está esperando a que le reconozcamos y comprobemos su existencia para poder comunicarnos abiertamente con él  y sanar todo lo que tenemos pendiente (que es mucho).

¿Tú lo haces? ¿Te comunicas con tu niño?

Yo empecé hace relativamente poco, antes ni me lo hubiera planteado, y es increíble lo revelador que es atender a sus heridas e intentar sanarlas. Igual que a sus anhelos, que es de lo que te quiero hablar hoy.

Para empezar te voy a sugerir que cierres los ojos y dejes aparecer una imagen de tu niño, la que sea es perfecta. A lo mejor es una fotografía, o un recuerdo que tengas marcado de manera especial.

A mí, al principio, me venía siempre la imagen de mi niña debajo de una mesa, escondida, pintándose las uñas con el esmalte de su madre.

¿Ya tienes la tuya? A ella volverás a menudo.

Nuestro niño necesita que le escuchemos para poder ir cumpliendo lo que no se le permitió o se le prohibió. Recordándole siempre que las personas que se encargaban de cuidarle, lo hicieron lo mejor que pudieron y supieron y dejándole muy claro que puede acudir a nosotros (adultos ya) para cualquier inquietud o necesidad que le surja, comprometiéndonos a cumplirlo y darle la voz que, quizás no tuvo.

¿Cómo empezar a descubrir los temas pendientes de mi niño?

Te doy estas sugerencias.

  • Escribe tu biografía hasta la edad adulta. Si la haces de cinco en cinco años, te será más fácil. De lo que te acuerdes es perfecto. No luches por recordar más de la cuenta ni te frustres si no es mucho lo que sale. Repito, es perfecto.

Con solo este ejercicio descubrirás tesoros que ni imaginabas, te perdonarás, perdonarás y entenderás.

Pero a lo que nos acontece hoy, recordarás qué pasiones tenías, y cuáles a lo mejor se quedaron truncadas por la educación del momento o por las circunstancias de tus padres… por lo que sea.

Al tomar conciencia de esta información que el niño te revela, tienes una oportunidad de oro para poder remediar, abrazar, comprender.

  • Te animo a preguntarle con frecuencia qué quiere comer, dónde quiere ir, qué quiere hacer… así abres la comunicación con tu niño, vuelve a contactar con la imagen que has evocado antes y háblale a ella. Igual te dice que le apetecen galletas de chocolate o macarrones con chorizo. Pues ni lo dudes, dáselo. Y disfruta.

Yo lo suelo hacer cuando quiero premiarme por algo, lo que sea. Haber escrito un artículo o haber acabado de hacer deporte. Muchas veces miro a mi niña y le digo ¿qué quieres, cariño? y no tardo en atender su pedido (siempre me encanta).

  • Intenta ver películas infantiles que disfrutabas hace años o escuchar música de tu niñez. Ver cuentos que tenías de pequeño, o pasear por tu colegio o guardería, si tienes la posibilidad. Todo ayuda.

Estas navidades escuché un disco entero de Enrique y Ana que me sabía aún de memoria. Es indescriptible lo que se siente. También leo a Gloria Fuertes (la amo) y a veces con que lea una sola de sus poesías ya siento la caricia a la niña.

Permite dar realidad a tu niño, así dejas que exista y lo que es mejor aún, le tratas con consideración, respeto y amor.

Es mágico. Hace un tiempo me estaba llamando, mucho, muy fuerte el piano, hasta que por fin me apunté a clases. De pequeña, tenía un órgano sencillo, se lo pedí a los Reyes Magos. Nunca fui a música, pero saqué de oído una canción, el himno de la alegría. Hasta ahí llegó mi aventura musical.

Hice caso a la niña que me empujó a apuntarme a piano, ya de adulta, y ¿a qué no sabes cuáles fueron los primeros deberes que me puso mi profesora? Sacar de oído el himno de la alegría.

¿No es increíble? Ha pasado hace poco y aun estoy conmovida.

Inicia la comunicación con tu niño cuanto antes y atiende a lo que te pide, repara lo que se dañó y dale todo el cariño que sepas darle, y más. Si quieres saber cómo amarte, esto será lo más amoroso y considerado que harás por ti.