«Bajo presión respondo mejor». ¿Cuántas veces nos hemos repetido esta frase? Cuando estudiábamos, en los plazos de entrega de trabajos o proyectos. Exámenes. Cuando se nos acaba el tiempo para cumplir una tarea y vemos que, de repente, lo que parecía no poder ser, es. Y lo entregamos. Lo hacemos a tiempo y de manera excelente.

Normalmente esta presión tiene que venir por algo externo a nuestra propia iniciativa. Alguien del trabajo que te lo «ordena», una fecha, una mudanza… El caso es que en estas circunstancias nos damos cuenta de que nuestras capacidades aumentan exponencialmente. Llegamos con margen de sobra, cumplimos mejor de lo que esperábamos y sentimos enorme satisfacción al lograr subir esa «montaña». 

Y ¿qué suele ocurrir cuando nadie te lo «impone»?

Te lo digo, es una palabra muy de moda, ocurre la PROCRASTINACIÓN. 

Siempre insisto a quienes acompaño que no pueden esperar a que yo, ni nadie, les haga moverse y avanzar en sus vidas, sino que tienen que tener esa iniciativa propia para ir progresando.

Vivir bajo presión es muy adictivo, porque te va a hacer ganarte una y otra vez la partida. Y digo ganarte a ti, que eres la única persona con la que compites siempre. 


Recuerdo una vez en Roma. Un amigo me escribió para tomarnos una cerveza con más amigos en un bar que teníamos cerca de la casa en la que vivía. Era la época del toque de queda, y los bares cerraban a las 18.00h. Me llamó a las 17.15h por si estaba cerca. Yo me encontraba en Foro Imperiali, es decir, como a 40 minutos caminando. 

Cuando supo dónde estaba, me dijo: «¡qué pena!, NO VAS A PODER llegar». 

«¿Qué no?» me dije yo. Y salí zumbando porque me apetecía verles y porque de repente, tenía lo que necesitaba para llegar: un reto, presión y un premio en la meta. 

Y no me digas cómo pero llegué, me tomé la cerveza, el aperitivo y conocí a gente nueva. Mi amigo me preguntó: «¿cómo lo has logrado?» Y yo le contesté: «porque me has dicho las palabras mágicas, ‘no vas a poder’». Y el combustible, ya supe yo de dónde sacarlo para poder. 

Esa es la potencia de la presión. Y se puede usar para llegar a un lugar en tiempo récord, o para autoeditar un libro y sacarlo al mundo cuándo sabes que debe ser, como me sucedió con mi última novela. 

Por circunstancias, yo he tenido muchas ocasiones para experimentar la presión (y las sigo teniendo, el volumen lo voy subiendo) y de esa presión, siempre han salido mis mejores zumos.

Bajo presión encuentro inspiración y creatividad a borbotones, energía para alcanzar los objetivos tan altos que me marco, adrenalina suficiente como para gozarlo y vitalidad 100% las 24 horas del día.

Por supuesto, he tenido que aprender que la presión viene con el camino del crecimiento y la superación, es decir, no es negativa, no hay que eliminarla o evitarla, sino que es necesaria, y debemos convertirla en una de nuestras aliadas. 

Lo que determinará si las personas que pretenden ir más allá de lo ordinario, ganarán o no el pulso que les echa su potencial extraordinario, será si pueden aguantar la presión del camino, o no. 

A medida que vamos avanzando, la presión va creciendo de manera directamente proporcional. Hay veces que la presión aumenta, y tú ni siquiera has vislumbrado los resultados que te están impulsando a seguir. Pero, si comprendes que es parte del recorrido, te las ingeniarás para usar todo lo que vayas encontrando a tu favor, y continuar.

La presión nos ayuda a llegar. Es parte de la propulsión de nuestro motor. 

Por eso, la propuesta de hoy es que no procrastines más, y te metas toda la presión que puedas para llegar a dónde sea que quieres alcanzar, o para cumplir con tus sueños, objetivos o retos. 

A medio gas no se llega a ningún sitio ni se saborea la vida en su totalidad.

Si tienes una semana para hacer una tarea, la haces en una semana. Si tienes dos horas, la haces en dos horas. Porque no depende del tiempo, sino de tu foco. La presión nos enfoca de cabeza. 

Yo, para aumentar mi presión y con ella mi impulso, siempre doy un paso más. Cada día, doy un paso extra. Aumento en algo lo que ofrezco al mundo, del tipo que sea. Y me doy cuenta de que mi calidad mejora, mi satisfacción personal también. Ayudo y acompaño a muchas más personas. Consigo hechos palpables, que aún me pregunto cómo se logran. 

Este verano cambié de casa en Roma. En esa casa estaría dos meses máximo. En la puerta había un cartel invisible que solo podía leer yo y que decía: «de esta casa sales con un libro escrito y editado». Y esa fue la presión que me ayudó a hacerlo materia. Y de la casa, me fui con mi libro, escrito y editado. 

Sin la presión, procrastinamos.

Por seguir con el ejemplo del libro, sin presión te conviertes en esas personas que dicen: «antes de morirme voy a escribir un libro». Y, como esa frase tan categórica no acaba de ejercer la presión necesaria, se suelen ir para «el otro barrio» con su objetivo sin cumplir. 

Pero ¿y si te dices? «de aquí a mi próximo cumpleaños, la novela que tengo en la cabeza desde hace décadas, saldrá a la luz. Sí o sí». La novela, sale. Y descubres el poder y la potencia de ponerte plazos de entrega tú, a ti.

Presión. 

Yo imagino el día en que una editorial me pida una novela de tema X, para entregar en X meses. Y saboreo esas luchas con mi creatividad, las filigranas que tendré que hacer para que mi inspiración no me abandone, las catarsis por las que atravesaré… y la adrenalina que me mantendrá en el nivel óptimo para no desfallecer y llegar a tiempo, con el manuscrito listo para edición. 

Sin la presión, no podría competir conmigo a diario, para llegar allí, o a dónde me proponga. 

Porque al final, lo que más vale de todo, es aprender cómo funcionamos a nivel interno, y colocar todos nuestros recursos valiosos, a nuestro favor. Para ello, debemos ser, en primera persona, quienes nos marquemos los tiempos, los retos y las metas. Y cumplirlos como si no hubiera un mañana (que no lo hay…). 

En la superación personal, nadie puede subir la montaña por nadie. Así que, ¿qué dices? ¿la subes o procrastinas?

Gracias por compartir

Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de proyectos de Luz.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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