Sigo dando claves. No lo puedo evitar. Allá voy. Hoy vamos a llamarle propósito. 

El propósito se encuentra en la infancia. Quienes no han dado con su verdadero propósito, es que tienen algo pendiente que resolver con su «peque» interior (aunque digan que no). 

Todo lo que creo tiene que ver con transportarse a la infancia y resolver desde ahí. Libros, cursos, acompañamientos…

Recuerdo de niña que miraba a los adultos y me decía: «¡caray! ¡qué suerte tengo de ser pequeña!». Me sentía privilegiada.

Uno de mis miedos era hacerme adulta y olvidarme de quién era. Me daba la sensación de que los adultos no se enteraban ni del nodo. Se habían olvidado por completo de su origen y sus posibilidades. Me pasaba con todos los adultos que conocía… ¡sin excepción! Para mí estaban muy confundidos. Les observaba desde mi perspectiva, y no me convencía ninguno de sus argumentos. Confiaba mucho más en los míos.

Me acuerdo un día, en mi habitación que igual tendría 4 años, me prometí a mí misma nunca olvidarme de lo que significaba ser niña. Y nunca lo hice. Ni por supuesto, lo haré. 

En mis dos novelas publicadas, hay un espacio en el que, de una manera u otra, se defiende el derecho de los niños a ser atendidos y escuchados.

Los niños son seres con opiniones tan valiosas (o más) como la de cualquier persona mayor de edad. 

Me cuesta muy poco volar hasta la mente del niño y entenderle por completo, al igual que sentir una gran empatía por todos ellos. Y las frustraciones a las que les someten los adultos, a diario. Por no hablar del sistema educativo, y la forma en la que se carga toda su potencialidad desde el día que entra en él. Yo me sigo echando las manos a la cabeza. Es algo que me duele tan profundo, que debo hacer esfuerzo por tomármelo con calma. 

El propósito tiene también que ver con aquello que duele o da rabia. Es lo que sabemos que se puede hacer mucho mejor.

Insisto, recuerdo con perfección la cantidad de recursos con la que comenzamos la vida y cómo se nos van anulando uno detrás de otro, con formas y sistemas, que carecen de sentido por completo. 

Desde que empecé Mi plan Be, mi foco ha estado en que la persona encuentre su «para qué». Su propósito. Yo conecté tan fuerte con mi niña interior en su momento y la prometí tanto no abandonarla, que nunca se me ha olvidado la visión que yo tenía del mundo entonces. Por un tiempo la silencié, solo eso. Pero lo que sabía que podía hacer por él, lo sabía. Y que pensaba cumplir en cuanto tuviera la oportunidad, también. Era algo nítido. Y lo sigue siendo, tal y como lo fue en su origen. 

Por eso, todo lo que hago, sea lo que sea, se podría resumir en lograr que el adulto, conecte de nuevo con ese espacio. O en que logren cumplir con su sueño vital, como es el caso de Súper-ando. 

Antes de estudiar psicopedagogía, estudié educación social. Era, lo que yo consideraba entonces, más cercano a poder aportar mi grano de arena en el mundo. Siguiendo siempre mi dictado interior. Recuerdo cuando me reuní con el director de la Universidad, quien nos hacía una entrevista de acceso. Me preguntó «¿por qué has elegido Educación Social como opción?». A mí la respuesta me parecía obvia, pero aún así, se la di. Al escucharme me respondió con ojos como platos, «ojalá todo el mundo lo tuviera tan claro como tú». 

A mí, lo que no me parece normal, es que no lo tenga. Y me las ingenio cada día, para que algún día, sea así. Se tenga claro. 

Cuando alguien llega a alguno de mis acompañamientos buscando su propósito, sé quién lo busca de verdad y quién solo busca tener una vida «molona». Quien lo busca de verdad entra en una crisis existencial de la que no es capaz de salir hasta que no da con la clave. Y se deja la piel hasta que lo hace. Como uno de los chicos que he acompañado esta semana. Una verdadera gozada y un honor ir con alguien desandando lo andado, hasta antes o después, llegar al punto en el que el camino y su sentido, se desconectó. 

A mí me dicen muchas veces que soy como una niña. No saben el orgullo que me da cuando lo hacen. Hay gente que lo lanza como admiración, y gente como todo lo contrario. Lo que puedo asegurar es que si alguien quiere verdadero poder, hasta que no abrace bien su origen y vuelva escuchar lo que, ya en su momento le decía su corazón, el poder irá dando tumbos de un punto al otro. 

La dirección y el sentido aparecen solo en el momento en el que el propósito entra en escena. 

Y fíjate, conectar con nuestra infancia y tenerla presente, no nos hace personas menos serias. Al contrario. Nos hace personas que defendemos con uñas y dientes el legado que la niña nos ha dejado en confianza. La misión que debemos cumplir sí o sí, porque se lo prometimos.

Nada tiene sentido hasta que descubrimos qué venimos a hacer. Porque aquí, no estamos ni de paso ni para ser espectadores. Tenemos un propósito. Venimos a servir y a sumar. Como más nos divierta y como más resonemos, pero por ahí va. 

Además, vivir desde un propósito, nos obliga cada día a no perder de vista quiénes somos. Y la autenticidad que se alcanza, no tiene precio ni se le compara con nada. Algunas personas no se la creen hasta que la ven de cerca. Es algo bastante exclusivo.

¿Has encontrado tu propósito? Ya sabes de lo que hablo entonces.

¿No lo has encontrado aún y estás en plena crisis existencial? La manera de dar con él, es no parar hasta que se logra. No pares.

Gracias por compartir

Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de superación personal y laboral.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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