Hoy te estoy escribiendo desde una terraza en pleno Barrio de las Letras de Madrid. En estas últimas semanas, he cambiado de etapa en varios aspectos de mi vida, ¡y aún no ha acabado!

Ya sabes que cuando empieza el movimiento, toca a más de un área de tu realidad. No deja de ser una red en la que todo está conectado.

La vida a la que sin duda te quieres dirigir si estás leyendo algo como este blog, es a una Vida plena y consciente, y eso tiene que ver con lo que hoy te comparto. 

Cada situación que experimentamos, ya sea por poco o mucho tiempo, ha sido la asignatura que de alguna manera elegimos aprender o nos quedaba pendiente, igual da.

¿Y qué significa cambiar de etapa?

Bueno, a veces son movimientos enormes y que se ven con mucha claridad y otras igual son tan magníficos pero a nivel interno, y puede que no sean tan obvios. También da lo mismo. Cambiar de etapa es evolucionar, eso seguro.

La situación que termina o que cambia te ha hecho el mayor de los favores, porque te ha ayudado a subir de nivel, y dime ¿si alguien viene y te ayuda desinteresadamente a mejorar, qué es lo que te nace hacer? 

Agradecer, claro.

Agradecer es la mejor de las maneras que tenemos para cerrar una etapa y abrir la siguiente. 

Agradeciendo tomamos conciencia del aprendizaje que nos ha regalado la situación. Y si no lo hacemos, ocurren varias cosas: 

  • Tal vez no hayamos descubierto la perla que la etapa nos traía y por lo tanto nos toque repetir asignatura, lo cual está bien pero no hay necesidad. 
  • Que la línea del tiempo se quede abierta y, como ya te he comentado en otras ocasiones, si vamos por ahí dejando líneas del tiempo abiertas, es energía que perdemos. Es como si fuéramos un teléfono móvil y tuviéramos aplicaciones sin usar, trabajando en un segundo plano. Nos funde la batería y ni nos enteramos. 
  • Generamos culpa hacia esa etapa que no hemos concluido del todo. 

Sin embargo, si nos acostumbramos a hacerlo, a cerrar: 

  • Desde el inicio de la nueva etapa, ya estamos con los ojos del Alma bien abiertos para aprender y crecer en todo nuestro potencial. 
  • Nos posicionamos en el papel de estudiante y todo se vuelve mucho más liviano e interesante.
  • Mostramos mucha compasión por nuestra persona y por todas las implicadas porque sabemos que estamos aprendiendo, como ya hicimos en etapas anteriores. 
  • Entendemos que cuando una etapa no nos agrada, solo tenemos que prestar más atención hasta por fin dar con la materia que se nos atragantaba. Aplicarnos, vaya.
  • Y lo más importante, nos responsabilizamos de nuestra realidad.

Mi sugerencia es que lo ritualices, como siempre.

Los rituales potencian el Poder de nuestra intención. 

Un día, cuando me vine a vivir a mi querida queridísima Madrid, le prometí que me haría caminando la calle Alcalá entera.

Hace una semana lo cumplí, y cada uno de los pasos que anduve, di las gracias por algo que Madrid me había regalado.

No te imaginas en qué estado llegué a la Puerta del Sol (la hice en sentido contrario) y sobre todo lo consciente que me ha hecho de todos mis movimientos de estos casi ocho años aquí. ¡Uf! Ha sido mucho.

Y ahora, ya estoy preparada para la siguiente etapa, sea la que sea.  

Por cierto, en este tiempo que llevo en esta terraza sentada, he conocido a seis personas y cada una de las seis, con una historia digna de un artículo entero. 

Termino mi té y mi post, emocionada por la inmensa conexión que existe, si te la permites, y abrumada por la evidencia de que la realidad, te la creas tú. 

Todo esto es un sueño maravilloso, lo es.