Si sales a la calle y preguntas a la primera persona que te encuentres ¿te sientes merecedora de todo lo bueno que esté por llegarte? Casi seguro que te responde con un «sí» rotundo. Hoy te hablo de merecimiento. 

Claro, la respuesta viene de manera automática desde el consciente pero lo cierto es que desde el inconsciente a lo mejor te contestaría algo muy distinto.

La vida te brinda aquello que crees que mereces, ni más ni menos.

¿Y qué suele marcar nuestro nivel de merecimiento? La culpa acumulada, a la que también se puede llamar «deuda».

La culpa es la principal baza con la que cuenta el ego para tenernos «bajo control», es decir, en el miedo y la alerta constante. Y no solo trabajamos así de manera individual, sino también en colectivo.

Durante siglos ha sido la culpa la que ha mantenido a todos en una situación de sumisión absoluta.

La culpa también la usamos, con intención o sin ella, para controlar a las personas de nuestro entorno.

Imagina entonces que somos un recipiente que hemos llenado un 80% de culpa o lo que es lo mismo, deuda. Con tanta deuda interna ¿qué capacidad de merecimiento tenemos? ¿20%? poco… ¿no? ¡Hemos venido a por el 100%!

Lo interesante de esto es que ya cada vez más somos conscientes de que si no obtengo abundancia de experiencias increíbles es porque hay algo dentro de mí que conviene revisar.

Además de las culpas que hayamos podido «coleccionar» o incluso heredar de nuestros ancestros, están las creencias. En este post puedes investigar algo más y saber cómo eliminar las creencias limitantes.

Hay creencias que tenemos tan integradas que ni siquiera nos saltan a la vista. No por ello dejan de existir.

Urge que integremos que todas las personas somos merecedoras de la mayor plenitud que imaginemos.

Hemos venido a este mundo a esto, a descubrir la genialidad que tenemos dentro y a mostrarla sin reparos, y a aceptar todo lo maravilloso que nos espera, sin deber nada a cambio.

Por lo tanto, vuelve a imaginar ese recipiente que somos y vamos a poner la conciencia de vaciar deuda y llenar merecimiento.

¿Cómo lo hacemos? Te lanzo las siguientes propuestas:

  • Obsérvate. ¿Te cuesta pedir o recibir ayuda? Si  crees que puedes con todo, que no te dejas echar una mano o que no pide lo que necesita cuando lo necesita por miedo a mostrar debilidad o vulnerabilidad ¡cambia el chip!. Pide por esa boca. A la gente (igual que a ti) le gusta sentir que está haciendo bien a otro ser humano, deja de pensar que eres menos si alguien te tiene que apoyar. ¡No lo eres! y además es gratificante dejar que fluya esa energía en ambas direcciones.
  • ¿Te permites salir de la estricta necesidad? Romper la lógica de lo «necesario» nos hace acercarnos al merecimiento de la comodidad, el lujo, la calidad…
  • Cuando te viene algo que te hace sentir muy bien ¿temes perderlo o que te venga otra cosa muy mala para compensar? Cuando te llegue algo alucinante, da gracias, y punto. No hay más que interpretar o sentir. Gracias porque no concibo otra forma de vivir, y a por otra cosa mariposa.
  • ¿Paras de vez en cuando y no haces nada y no te sientes mal por ello? No hacer nada, es necesario para poder escuchar pero está lleno de miedos y de culpas detrás. No hacer nada y disfrutarlo, es un verdadero lujo que todos deberíamos concedernos cada vez que se nos presenten las ganas o la oportunidad.
  • Cuando te viene algo como por ejemplo un viaje, o alguien alaba tu trabajo, o tu vivienda, ¿eres de los que dicen algo negativo para «no caer mal»? del tipo «sí, me voy de vacaciones a Nueva York pero solo voy a estar diez días, no te creas». Obsérvalo, que te vayan bien las cosas no quiere decir que tengas que esconderlo. Por supuesto, no hay que entrar en el juego del ego de la comparación con nadie, pero sí que hay que estar muy felices y mostrar con alegría que las cosas nos van bien. Ser ejemplo de felicidad es el mejor regalo que te puedes y que puedes hacer.

Una persona que ha empezado a darse cuenta de lo magnífico que hay dentro de ella, sabe que cualquier síntoma de no merecimiento es una farsa, una idea errónea. Somos dignos de lo más grande que alcances a imaginar, y más.

«Tiene gracia la vida; si te niegas a aceptar cualquier cosa que no sea lo mejor, muchas veces lo consigues.» Somerset Maugham