Las creencias podemos clasificarlas dentro de dos categorías, las creencias limitantes y las creencias potenciadoras. 

Las primeras nos obstaculizan la vida y las segundas nos dan cierta energía para seguir. Nos centraremos en las primeras, ya que las que nos ayudan, mejor dejarlas como están. Sean creencias o no, si nos hacen bien, ¿para qué tocarlas?.

Un ejemplo de creencia limitante podría ser “el trabajo es sacrificio”, por lo que todo lo que tenga que ver con el desempeño laboral para ti será como una especie de castigo autoimpuesto, del que piensas que no hay escapatoria posible hasta la jubilación, ¡entonces sí podrás disfrutar!.

(Por cierto, en este artículo hablo de lo importante que es empezar a saber que trabajo y felicidad son sinónimos, si nos lo permitimos).

¿Cuál es la principal característica de las creencias limitantes? que permanecen ocultas a nuestro consciente, es decir, nos frenan pero pensamos que esta «frenada» es un acto voluntario, sin embargo, si profundizamos un poco, nos damos cuenta que es un límite mental, es decir, irreal. Un límite que dejaría de existir en el momento que quisiéramos verlo. 

¿Cómo nacen las creencias limitantes? 

Parte de ellas son heredadas por familiares, por la sociedad, por la cultura a la que pertenecemos, por nuestro sexo… imagina, ¡se dice que tenemos unas 200.000!.

Son esos «favores» que nos vamos haciendo los unos a los otros, sin darnos cuenta por supuesto, pero que nos regalamos con total «altruismo».

Estamos condicionados para ello. Así que, si quieres ponerle consciencia, está en tu mano. Parece difícil pero no lo es tanto, solo hay que prestar un poco de atención.

Para mí, la etapa más importante es la infancia hasta los 6 ó 7 años que es cuando los niños son pura inocencia, a partir de esa edad la mente egoica comienza a hacer aparición en escena, es decir, el mundo se vuelve una batalla contra nosotros. ¡Empieza la peli!.

Hace poco, en el Parque del Retiro, un niño de 5 años se sentó a hablar conmigo y estuvimos charlando de los animales del estanque, nos estábamos partiendo de risa los dos, hasta que vinieron a recogerle y le dijeron «Sebas, deja a la chica en paz, que molestas». 

No hay mala intención en esta frase, solo automatismo aprendido, inconsciencia. Porque, lo veamos o no, si este niño en cuestión se queda esa idea para sí, elabora su verdad, así que «me callo que molesto».

Todos actuamos de la mejor de las maneras posibles, no cabe la menor duda, pero es hora de ponerle un poco de consciencia.

¿Qué podemos hacer para detectar las creencias? Te invito a seguir estos pasos.

  • Ante cualquier situación que te bloquea, coge un papel y un boli y haz una lista de las “verdades” que te están impidiendo avanzar. No te dejes ni una.
  • Piensa en acciones similares en la que se haya resuelto con éxito algo parecido. Si no tú, alguien en tu misma situación. Por ejemplo, si mi creencia es «los emprendedores en este país se arruinan», es posible que yo no haya experimentado todavía nada, pero sí puedo conocer miles de casos que tienen éxito con su negocio. Por lo tanto, deja de ser una verdad absoluta para convertirse en una verdad relativa. Depende de mí.
  • Ahora, modifica la primera lista y elabora una lista de nuevas creencias, esta vez potenciadoras. «Los emprendedores tienen la posibilidad de prosperar aquí y donde se propongan». (Es otra creencia, tan real o no como la anterior. Tú decides con cuál te quedas).
  • Lee la lista todas las noches, al menos durante 40 días. Para que se te grabe en todas las células de tu cuerpo. Sé constante. (Esto tiene que ver con generar nuevas conexiones neuronales, y lleva su tiempo).

No me voy a cansar de decirlo, aunque a veces siente mal y a veces se malinterprete. Lo que crees, creas. 

«Creo que la conciencia es fundamental. Creo que todo asunto deriva de la conciencia. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos como existente, es dictado por la conciencia.» Max Planck