He tenido la oportunidad de hablar sobre abundancia en estos días y parar a reflexionar me ha hecho darme cuenta de lo confundida que he estado hasta hace relativamente poco respecto a ella.

Un día deseé muy fuerte entender qué era la abundancia y de repente perdí toda la seguridad material de golpe, y tras ese desgarro, la comprendí. 

Vivir en abundancia es saber que todo lo que necesitas, cuando lo necesitas, está disponible para ti en el momento preciso, de la mejor de las maneras para todas las partes implicadas.

Es vivir sin esfuerzo, siendo canal de la Vida. Es apartarte por completo y dejar que este poder fluya a través de ti.

Es darte cuenta de que nada externo a ti te puede dar la felicidad porque la felicidad eres tú. No tiene nada que ver con acumular o derrochar, ni temer por el futuro.

Sabes que todo lo material que pasa por tus manos un día se irá, por lo tanto no te apegas. Los objetos que posees, te acaban poseyendo si no sabes dejarlos ir cuando toca.

Entiendes frases como “quien nada tiene, nada necesita” porque la necesidad desaparece de tu realidad y sin embargo cada vez tienes menos, porque la meta ya no está en tener. Y cuanto más canal eres, más maravillas te llegan, y más dejas ir. Y así sigue el bucle sin fin.

Descubres que la abundancia es un concepto integral, que no solo tiene que ver con lo material, sino con las emociones, las experiencias, las personas, las relaciones, la salud…

Sabes que hay de todo para todos, y más.

Aceptas que eres puro merecimiento y deshechas cualquier falsa creencia que te diga lo contrario.

Sales a la calle con la única intención de aportar, y sabes reconocer las situaciones precisas para hacerlo.

¿Y cómo se alcanza?

Cuando solo buscas desde muy dentro con toda honestidad, el bien común, estás en abundancia. Y, muy importante, cuando pones tus talentos al servicio de los demás. 

Si vives en gratitud constante, si sientes que no pararías de dar las gracias nunca, estás en abundancia.

Eres consciente de los milagros que te rodean, y alucinas por ello a cada rato. Es como si te hubieras quitado un velo de los ojos y de repente, vieras una realidad que antes estaba oculta, pero estaba.

Viviendo el instante presente, reconociendo este instante como un instante pleno en el que nada te falta, donde no existe el esfuerzo alguno. Sintiéndolo como Verdad absoluta.

Y la clave, la que más cuesta y sin embargo es la definitiva. Cerrando todas las puertas del pasado a través del perdón.

Solo cuando miras todas tus relaciones pasadas y presentes con profunda gratitud, te abres al flujo de la vida. Solo cuando eres capaz de amar a todos los seres sensitivos del planeta con todo tu Corazón, ese velo del que te he hablado, se te cae.

El primer día que lo escuché, hace años, me negué a creerlo (por lo que me iba a costar), ahora te puedo asegurar con total certeza que no hay otra manera. La mecánica de este Universo es así de perfecta.

Hoy espero revolverte a ti, como me revolvió a mí en su momento. Y también deseo que te hierva dentro un ansia muy grande de Paz interior y Libertad. Porque, hasta que no has perdonado, no te has perdonado y hasta que no liberas, no eres libre. 

Y lo demás serán solo sincronías increíbles. (La Vida es fácil, si te sabes las reglas).