Estamos programados para considerar unas emociones positivas y otras negativas cuando en realidad, las emociones no son ni positivas ni negativas, ni buenas ni malas, las emociones son y debemos dejarlas ser para que, a través de su expresión, se liberen y la sombra a la que se refería Carl Gustav Jung, no se adueñe de nuestra voluntad.

Cuando tenemos emociones que no trascendemos, es decir, que no superamos, solo reprimimos, ocurren varias cosas, la primera es que gastamos muchísima energía para contrarrestar la emoción que quiere salir, al intentar ocultarla. Es como si hubiera un torrente de agua buscando salida a toda costa y nosotros estuviéramos taponando en sentido contrario. ¿Ves lo cansado que resulta?

La mayoría del tiempo vivimos así. ¿Cuál es el resultado? Enfermedad, desequilibro, conflicto, dificultad… porque, el torrente de agua, de una manera u otra, acabará saliendo, si no por la vía natural, por una alternativa que busque.

Otra de las cosas que ocurre es que no nos comprendemos, ya que nunca suele ser la primera emoción la que oculta el conflicto real aunque sea la que estamos temiendo en ese momento.

Imagina lo siguiente, te sientes muy triste y no sabes muy bien la razón, así que se lo atribuyes a lo que a nivel consciente crees que te encaja «estoy triste porque la Navidad me pone triste» (sin saber que la Navidad es el detonante), pero te niegas a sentirlo, te pasas días saliendo de esa tristeza, huyendo de ella, practicando erróneamente la «psicología positiva.»

Poco a poco, esa tristeza puede ir haciéndose más grande, hasta que va más allá del acontecimiento que pensaste que la provocó, y de repente te sientes así la mayor parte del tiempo, puede que el resultado de esa energía no liberada dé lugar a una depresión, a trastornos del sueño, o a una apatía crónica.

¿Qué suele sacarnos de este estado? Dejar salir la emoción. Liberarla para ver qué ocurre realmente detrás de todo ello.

Ahora imagina que te sientas y observas tu tristeza, subrayo lo de «observas», porque tú no eres esa tristeza, tú eres el Ser que observa la tristeza. 

Al observarla, la estás dejando marchar. Después igual descubres que esa tristeza ocultaba mucha rabia, y te sorprendes, y te das cuenta que nada tiene que ver con lo que estabas pensando que era. Es rabia de muchos momentos que no has canalizado en tu vida y has estado impidiéndote ver.

Tras la rabia, a lo mejor ves envidia, luego odio. El odio nos da mucho miedo, nos avergüenza y nos llena de culpa, que suele ir detrás.

Hay culpa, ¡perfecto!, ahora ya estamos llegando a la raíz.

Mira esa culpa y deja salir qué la provoca.

¡Ya está casi hecho!, ahora solo tienes que saberte perdonar esa emoción tomando conciencia de que todos actuamos lo mejor que sabemos y que podemos y que la culpa, como tal, no existe, es el ego tratando de dominarte.

En el perdón (hacia ti) se encuentra toda la libertad. Luego llegan la paz y el Amor. 

Este proceso a lo mejor tardas en realizarlo unos minutos, no más. A lo mejor una semana, si te resistes demasiado, pero igualmente acabaría.

Es completamente liberador, sientes que pierdes peso, aligeras tu «equipaje» y, sobre todo, te das realidad.

¿Cómo hacerlo?

  • Puedes hacerlo en silencio, en estado de medio meditación, con los ojos cerrados intentando poner nombre a lo que sientes y «saboreándolo», sintiéndolo.
  • También puedes escribirlo. Ya sabes que siempre te voy a aconsejar la escritura. Si te decides por esta vía, te sorprenderás de todo lo que puedes descubrir.

Haz tu recorrido emocional a través del papel y el bolígrafo o a través del silencio mental, indaga qué hay detrás de lo aparente. 

Métete en el papel de un detective en busca de la siguiente prueba que te llevará a descubrir el “crimen”.

Recuerda que la vida es como un videojuego, no es más que un paso de una pantalla a otra.

Tómatelo con el humor que merece.

El viaje hacia ti mismo, es el viaje más alucinante que puedes emprender. 

«A medida que abandonamos sistemáticamente nuestros temores y resistencias y los entregamos, la energía atada al miedo se vuelve disponible para brillar como energía de amor.» D.R. Hawkins