Hoy te escribo con un jarrón de hortensias rosas delante de mí. Me han dado la clave para el artículo de hoy; comunicarse y hacerlo desde el Corazón.

Estas hortensias me las trajeron a casa un día que invité a una merienda a las dos mujeres que me ayudaron a alquilar la «casina» en la que me encuentro este mes. 

Antes de escribir, he llamado a una vecina, porque ayer no encontraba a su gata y estaba muy preocupada. ¡Estaba jugando al escondite! menos mal…

He desayunado café y pan con dulce de membrillo casero, semillas de chia con higos y ciruelas que me dieron directas del árbol. Por cierto, ayer le llevé a Maria Jesús semillas de chia con agua para ver si se le calmaba un dolor de estómago que tenía, y así las incluía en su dieta, ya que no las conocía. 

A María Jesús me la presentó Isa, la cartera de San Román, quería que tuviera alguna persona de referencia por aquí.

El jueves María Jesús acudió también al certamen de poesía al que me invitaron. Me invitó Elena, quien me ha dejado su despacho con internet para trabajar, bueno invitarme, invitarme… me dijo «¡tienes que venir!», y ¡claro que tenía que ir! porque hacía mucho que no asistía a algo tan bello.

Asturias se coló por todos los poros de mi piel entre canciones y declamaciones. 

Allí además conocí a una de las mujeres que participaban en el evento que era de Alcalá de Henares, mi ciudad. ¡Muy fuerte!

Ahora voy a pasar el día con unos amigos que viven en Madrid, y vienen por aquí porque uno de ellos es asturiano e iremos a hacer una ruta y a comer algo típico de la tierra. 

Por la noche, voy a una cena que me han invitado una pareja, Tomás y Lía y creo que habrá más gente. La botella de vino que compré es para hoy. Sabía que se daría el modo de compartirla. 

¿Por qué te cuento todo esto? 

Porque este jueves hizo solo una semana que estoy aquí, y ya me encuentro completamente integrada en la comunidad. 

Mucha gente, cuando comparto en mis redes sociales los pasos que voy dando, se alegra por mí y yo lo agradezco, pero no es ese el motivo por el que lo cuento, lo cuento para que se vea que es real vivir así. 

Y ¿sabes?, no tiene que ver con vivir en un pueblo o en una cuidad, en un región o en otra. Tiene que ver con lo que tú sientas por la gente. Tiene que ver con comunicarse desde el Corazón.

El mismo día que dejé Madrid, el conductor del coche que me llevó a la estación, me ayudó con las maletas hasta casi el andén y dijo que le daba igual dejar el coche un rato aparcado, que prefería tener una buena conversación. Y me deseó lo mejor cuando se marchó.

Y esto me ha ocurrido siempre.  

No hay mejor llave que un Corazón abierto y receptivo. 

Y mirar hacia los corazones de la gente es la mejor manera de relacionarnos. Es «la manera» de comunicarse.

A mí me han dicho muchas veces que no entienden qué hay detrás de mí, pero que lo quieren, y yo siempre contesto lo mismo, ¡es Amor!

Y me suelen decir cosas como que es que soy muy buena, simpática, o educada… 

Y yo sé que no va por ahí. Va por mirar al Corazón y desde el Corazón, comunicarse.

Es el único lenguaje que no falla, ni entiende de fronteras, ni de idiomas, ni de culturas, ni de edades. Porque trasciende el cuerpo por completo. 

Todo el mundo es increíble. Todas las personas, de todos los lugares. Y si no lo son para ti, es porque no has mirado bien. 

¡Mira otra vez!

Mira las veces que te haga falta mirar. Y no pares hasta sentir ese latir que nos une. Y crea-te esta realidad de la que te hablo, está ahí.