Hace años que voy a contracorriente. Quizás hace toda una vida. Esa perspectiva me favorece el poder observar a la masa y su comportamiento. Es, unos días muy interesante y otros días, aterrador. Los segundos suelen ser los más habituales. 

Pero no un terror normal o tolerable, ¡no, no! Un terror que te hiela la sangre y te produce unos escalofríos que el libro del Resplandor de Stephen King se queda al nivel de cuentos infantiles para irse a dormir. 

Y como a mí pasar ese tipo de sensaciones tan desagradables, sin yo buscarlas voluntariamente, pues no me gusta nada, de un tiempo indefinido a esta parte, decidí que mi regla sería hacer justo lo contrario a lo que la masa hace. E ignorarla por completo.

Así, esos escalofríos menguaban y yo conseguía no vivir en una peli de terror no elegida, y sin final a la vista. 

Y ha sido hace muy poco cuando he podido darme cuenta de los efectos tan positivos que en mi vida, han tenido el hecho que desde hace 6 años no sepa lo que es ver una televisión ni escuchar las noticias o leerlas.

¡Eh! ¡6 años! O quizás más… Y cuando digo este «¡eh!» levanto la barbilla porque me siento muy orgullosa de ello. Ir a «contra masa» no es fácil, pero es muy muy divertido.

Para no tener pensamiento de masa, la primera regla es no consumir lo que la masa consume. 

Todo empieza porque para mí, mi mente es mi templo, y para ti también debería serlo.

Desde hace décadas he sabido que me podía fallar cualquier cosa en la vida, pero mi formación, mi cerebro y mi mente, no. Por ello, los cuido por encima de todo. Y eso parte de decidir YO la información que dejo que entre en este lugar sagrado. 

Cuando dejas de ver televisión y leer noticias, y pasas los primeros días de desintoxicación y síndrome de abstinencia, empiezas a ver todo mucho más claro, con nitidez. Si por casualidad se te cuela una noticia o te vas a tomar café a la terraza de tu barrio y tienen puesta la «caja tonta», te alarmas a un nivel indescriptible por el tamaño de la desinformación y el ataque despiadado y sin ningún pudor, al que se expone cualquier persona que no sea aún consciente del juego en el que está metida. 

Así se crea el pensamiento de masa. 

El pensamiento de masa es como un ser que no vive, pero cree que sí. Un zombie al que le han dicho cómo y qué pensar.

Como te decía, yo en su momento me di cuenta de que la clave estaba en hacer justo lo contrario a lo que la masa hace. Y me puse a ello. 

Al principio era difícil (a la masa, estas cosas le asustan) pero luego me empezó a dar la sensación cada vez más y más grande de ser yo quién lidera mi vida. Y es muy gratificante. Durante y después. 

Durante porque, como te digo, sientes que eres tú quien manda sobre ti y nadie más. Eso es poder puro. Incomparable. Por ejemplo, no sabes cómo he gozado currando este verano como debemos haber currado poca gente en el mundo, mientras el resto salía corriendo tras la «apertura de puertas». De verdad que me daba mucho gusto el saber que yo estaba avanzando, creciendo y creando mientras nadie lo hacía. Y mira que lo intenté decir por activa y por pasiva, pero nada. El pensamiento de masa es muy muy fuerte. Si la masa dice descanso-daikiri, es descanso-daikiri. Y punto. 

Y no es porque tengas o no tengas hacer una cosa u otra, ese no es el drama, el drama es que la masa no elige. La masa está programada.

Después, porque veo los resultados que estos dos años de no entrar ni por un segundo en lo que la masa iba dictando, han tomado forma en mi realidad. Y lo más importante, en mi mente. 

En mi caso he creado lo que no es normal crear en dos años, ni de lejos. Mi mente es una fortaleza. Tengo gran seguridad en mí. Y todo ha sido porque la masa ni me ha rozado. No se lo he permitido. ¡No se lo permitas!

El ser humano tiene que aprender a pensar por sí mismo. Y jamás lo logrará si no se sale de lo que todo el mundo piensa.

Es imposible que haya un solo pensamiento genuino donde todo el mundo piensan y actúa igual. 

El otro día cenando con alguien, hablaba que en el mundo son necesarias la reflexión, las inferencias, la lectura (sin lectura, el cerebro se atrofia), el silencio, la consciencia, la cultura y el arte. 

Así se es libre. Y solo será posible si salimos de la dormidera de la masa. Como te digo, son todo beneficios, muy reales y palpables. Asombrosos. Te das cuenta de lo espectacular que es el ser humano y de su infinito potencial. No tenemos qué o quién nos pare. 

En cuanto sales del pensamiento de masa vuelven los sueños, el futuro esperanzador, las ganas de innovar y prosperar, la creatividad, la fuerza y el poder, la seguridad y confianza en quién eres, la voz propia… 

Es el efecto de romper a hipnosis del miedo y comenzar a pensar, y no a ser pensados.  

Y si no sabes por dónde empezar, así lo hago yo: justo justo lo contrario a lo que la masa piensa, hace o dice. Da un gusto que ni te cuento. 

Gracias por compartir

Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de superación personal y laboral.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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2 comentarios

  1. Hola Beatriz de nuevo!!

    ¿Qué tal todo? Como puedo leer, con las ideas todavía más claras. Como tú, también soy de le opinión que una persona para ser libre totalmente ha de estar en primer lugar en cuasi perfecta (por no decir perfecta) alineación con sí misma: mente – cuerpo – alma/espíritu.

    Y una vez ese triunvirato sea lo suficientemente firme, ya se puede seguir construyendo un criterio propio acorde vibracional y energéticamente hablando.

    De ese modo, será imposible dejarse arrastrar por el rebaño borreguil en que quieren convertir a la sociedad con sistema de pensamiento único, ya rancio porque no es nuevo; pese a ello, como si fueran «luces de bohemia», nos seguimos dejando deslumbrar como críos en un parque de atracciones, pero las susodichas tienen efectos irreversibles en este caso como no pongamos cartas en el asunto.

    No es de extrañar la pésima calidad de la educación, la cual ni merece recibir tal denominación ya que solo condiciona y amaestra para obtener un «producto final» diseñado para la obediencia ciega y sectaria.

    Cultivarse a todos los niveles (humanismo) de forma que haya resonancia fuerte con uno/a (y fuera de la «educación reglada») a fin de decidir en últimas qué camino es el que mejor te cuadra, es lo más sensato que puede hacerse en estos tiempos sembrados de tinieblas cegadora, todo en aras de no acabar siendo un «pavo facturado» como bien decía un muy buen profesor mío de matemáticas o, mejor dicho, sabio de la vida (que es matemática) con quien tuve la «suerte» de coincidir en mis tiempos de instituto.

    Como siempre, un gusto leerte y saber que aún estoy lejos de ser otro Robinson Crusoe.

    Un abrazo.

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