¿Sabes cuando parece que quieres vomitar y tienes que salir corriendo para buscar un sitio para hacerlo?

Lo mismo me ha ocurrido a mí con este artículo. Estoy en un rincón del botánico de Atocha expulsando lo que necesitaba sacar.

Hoy te cuento otra de mis verdades. El 26 de diciembre tomé la decisión más dura de toda  mi vida, cortar con mi familia nuclear. 

No creo pueda haber dolor más grande que este, es algo que nunca acaba de marcharse. A veces me pregunto si algún día lo hará. Otras veces siento que tengo una tara que me acompañará el resto de mi vida.

Pero ya no aguantaba más esconderlo, me estaba ahogando. Y nada rueda si no sigo mi sentir, lo tengo comprobado.

Durante toda mi vida he buscado lo que no había, donde no estaba. Y a mis entonces casi cuarenta años, me di cuenta de que ya era suficiente.

Entrar en detalle no sirve de nada, pero escribirlo me libera y compartirlo, ayudará a otras personas. 

Y aunque sabía que tenía que hacerlo hace tiempo, no me he atrevido hasta ahora.

Hay mucho detrás de la idea de familia; tabúes, miedos, culpas, parálisis, fidelidades, secretos, silencio… pero a pesar de todo esto, algo me hizo dar el paso definitivo, y es que no hay títulos que sostengan una relación que solo produce dolor.

Cortar es lanzarte al mundo con una sensación primitiva y biológica de desamparo que no puedo explicar con palabras.

A veces queremos que las cosas sean como nuestro ego exige, pero esa no es la realidad. Las cosas son como son y soltar la idea de modelos imposibles, es sanar. 

Entonces, el perdón, la comprensión, la compasión y el Amor incondicional se hacen hueco. Y tu Corazón se reconstruye. 

Quizás por eso desde pequeña supe que existía Dios, y quizás por eso me empeño tanto en aliviar dolores ajenos. Sé lo que es el dolor. 

No cambiaría ni un segundo de mi vida, porque mi experiencia vital es lo más valioso que tengo y que puedo compartir. 

Todo esto me forzó a buscar el Amor más allá de los cuerpos, y vaya si lo encontré y por eso te lo comparto con tanta pasión y lo seguiré haciendo por todas las vías que cree para ello. 

Acabo el punto final de esta «confesión» y un grupo de siete mujeres me pide que les haga una fotografía.

Después charlan conmigo un rato, les cuento un poco un paso que voy a dar y se despiden todas regalándome los mejores deseos con sinceridad, incluso una de ellas me da una clave importante que no había contemplado. He sentido un cariño enorme.

A eso es a lo que me refiero con Amor más allá de los cuerpos. Y esto, gracias a la Vida, me ocurre a diario, en todo momento y en todo lugar.

Sigo creyendo que esto es muy grande. Y doy gracias por poder experimentarlo y compartirlo.