¿Cuánto hace que llegué a Roma? Tengo que pararme a contar los días para estar segura que no me equivoco. Ocurre que el tiempo pasa a un ritmo muy diferente cuando vives de esta otra manera. Cuando vives ahora, no después ni ayer, a eso me refiero. De esa sencillez te hablo. Igual de sencilla que el concepto de creación que te traigo hoy.

Siento que este periodo que inicié hace tan solo cuatro días, será un periodo largo. Mucho que absorber. 

Estaba intentando pensar en qué te contaba hoy, porque no lo sabía, sin embargo tenía ganas de escribir-te. Y de pronto me he cruzado con Giovanni, que es el nombre en italiano de Gn Mengyao un chico de China que es una de las personas (muchas) que he conocido en estos días. 

Nos hemos contado qué tal nos ha ido el jueves. Hoy ha sido un día para mí de gratitud inmenso que he querido celebrar yendo a pasear por el centro de Roma. Esto merecía algo a lo grande y me he ido a ver el Coliseo y la Fontana di Trevi. 

Y claro, me ha preguntado qué es lo que estaba celebrando -el vuelo de mi primera novela– he contestado. 

Y de pronto y como por arte de magia, hemos tenido una conversación de lo más inspiradora y reveladora para ambos. 

Hemos hablado de la creación. Y hemos concluido lo siguiente; es la única obligación que tenemos, si es que se le puede llamar obligación. El único deber con el que llegamos a este plano, es el deber de hacer uso de nuestro poder de creación. 

Esta semana precisamente se lo compartía a alguna de las personas en sesiones individuales. 

Y hemos seguido con la reflexión. Es en el acto de creación en el que te experimentas y puedes de verdad compartir, abrir tu corazón y dejar que tu verdad se exprese. 

Y de pronto ha salido esta frase: «es en la creación cuando somos la mano de Dios». 

¡Se nos ha puesto a los dos la piel de gallina! 

Él me ha preguntado si es difícil escribir una novela, y no lo es en absoluto, he dicho yo. Lo único «complicado» es alejar tu mente y entrar en el silencio que te muestra la fuente en la que se encuentra todo lo que necesitas. 

Cuando de verdad has Creado, con C mayúscula, no sientes que hayas sido tú quien lo ha hecho, sientes una dicha enorme por poderte expresar eso sí, es como si el alma se deleitara. 

Y en realidad, si no usamos la creación estamos privándonos de la divinidad misma, nos mutilamos sin saberlo.

Yo cada vez que he creado de verdad, no sé cómo ha sido, solo sé que ha ocurrido, y que ha sido perfecto. Como le decía a Mengyao, todo lo demás te da absolutamente igual cuando estás dejando que esto pase a través de ti, porque ves con claridad que esta es la única verdad. Es una experiencia inigualable.

Me encuentro viviendo en un lugar rodeada de escritores, cineastas, traductores, estudiosos y además, estoy acompañada más que nunca de libros. En estos días me han dejado unos cinco con los que quiero gozar.

¡Tengo hasta un diván para tumbarme con gusto a hacerlo!

Sé que me toca absorber, aprender y dejar que ocurra una y otra vez lo que tanto me conecta con el Todo y conmigo. Sé que me toca escribir. 

Gn Mengyao me ha dicho cuando hemos terminado que nuestra conversación le ha hecho creer que de verdad un día él será capaz de escribir su historia. Lo harás -le he contestado yo- porque es en esa reflexión precisamente, cuando todo empieza.