Cuando aterricé en Madrid el lunes respiré profundo. Sabía que iba a ser un viaje especial. 

Hace un poco más de un mes, sentí fuerte el impulso de venir a Madrid a presentar Yo soy Chloe. Además supe que debía ser esta semana, y el camino se me allanó. 

La presentación fue todo un éxito como todo lo que ha llegado después.

No he parado un solo instante (literal). Se ha ido cuadrando cada encuentro con perfecta armonía para poder ver a tantas personas queridas. Mi tío Javi, mi prima Inés…

La temática de mi semana ha sido por supuesto Chloe y la escritura. Las conversaciones, las preguntas, los eventos… todo giraba en torno al mismo tema. 

Pero ha habido mucho más.

Mi mundo interior y la sensibilidad que encuentro en él, es tan inmenso, que solo puedo tratar de expresar lo que descubro, escribiendo. 

Chloe, como casi todo lo que nace del Corazón, me está trayendo mucho más de lo que ni siquiera me hubiera imaginado. 

El jueves un amigo de Sevilla que pasaba por Madrid, me llamó para aprovechar el viaje y que nos viéramos antes de comer. 

Mientras era la hora, decidí que le esperaba en el Café Central.

Al llegar, pregunté a uno de los chicos que estaban llevando bebidas que si se podía pasar ya. Dijo que no creía, que abrían dentro de una hora. Pero, de pronto salió el que parecía el responsable del local, y me invitó a esperar dentro. 

Había una banda de jazz que estaba haciendo su prueba de sonido, y me encontré en el Café Central con un concierto en exclusiva para mí, a puerta cerrada. 

Joshua Edelman Piano
Ander García Contrabajo
Moisés P. Batería

Los camareros no servían todavía porque estaban preparando el local. Pensé: «me tomaría un té verde», y como de la nada, apareció quien me había invitado a entrar y me dijo que me bebiera el té verde que había en el mostrador, que estaba recién hecho y era para mí si lo quería. 

Yo dentro solo daba las gracias y lo aceptaba de Corazón (he aprendido a hacerlo).

El amigo que venía de Sevilla me dijo: «yo contigo alucino», y con honestidad le contestaba que no es más que el pago de la vida cuando trabajas para ella. El Amor es así de generoso y creativo. 

Pero la verdad, no deja de sorprender. 

Después, un amigo y yo habíamos quedado para comer cocido madrileño (manjar). Fuimos por «casualidad» a la calle Jesús, esquina calle Cervantes, donde vive Chloe. 

Otro amigo, al contárselo por la tarde, me decía: «Bea, esto lo tienes que escribir». 

Tendría que escribir cada uno de los pasos que doy porque todos son así, uno detrás de otro.

Estoy completamente abrumada por el Amor que percibo y se manifiesta a mi alrededor.

Por cómo siento los corazones de quienes me rodean.

Por cómo sé cuando y dónde acudir.

Es algo que no se puede describir. Sé lo que tengo que decir, sé con quién debo estar y dónde debo ir. No me lo cuestiono, porque sé que la vida quiere algo de mí allá dónde y con quién me manda. 

Pero esto es raro, o poco usual, soy consciente y lo acepto de Corazón (como el té verde). Sin embargo, es una rareza que amo y de la que me siento muy orgullosa. Al llegar a casa y mirarme al espejo, me lo he dicho bien claro. 

(¡Qué importante es Amar a quien ves en el espejo!). 

Hace un rato he terminado de darme un paseo por Madrid antes de ponerme a escribir. Hoy quería tomarme la tarde libre y estar a solas con mi ciudad. He pasado al Café Comercial donde hace un año exacto, entré para revisar la novela y me encontré con un grupo de señoras mayores guapísimas tomando chocolate con churros. Señoras que ya estaban en mi libro plasmadas, hecho que descubrí al llegar a casa y aluciné. Hablaban de taichí en el Retiro… 

Me he puesto en la barra y he pedido un chocolate a la taza. A mi lado aparecen unas señoras mayores, preciosas, que habían quedado para ir al cine. Me miran y empezamos a charlar. (Yo ya estoy acostumbrada a que me sucedan estas cosas).

Una de ellas me cuenta que el Café Comercial antiguamente era un lugar donde se reunían escritores a hablar de sus libros. Le digo que soy escritora y acabo regalándola un ejemplar del mío. 

  • «¿Como se llama?» -pregunto-.
  • « Ángela, me llamo Ángela». 

No me ha sorprendido su nombre, ni lo que me ha dicho después, ni sus deseos tan puros hacia mí y mi carrera. 

Antes de ello, un bebé de meses, ha empezado a sonreírme y su madre le ha acercado y me ha dicho; «quiere estar contigo». Yo he sentido que me comunicaba con ese bebé desde el pecho. 

Y todo esto que vivo cada segundo, no encuentro manera de transmitirlo, ni siquiera a través de la escritura lo logro. La palabra lo limita. 

Solo sé que existen otras dimensiones. Otras maneras de relacionarnos. Que como dice Chloe, todos somos ángeles, y que estamos aquí para hacernos bien los unos a los otros, y si cumplimos con el único cometido que nos pide la Vida, esta nos paga de maneras que, aun viéndolas, no me las puedo creer. 

La afirmación: «de Madrid al Cielo», en mi caso se cumplió con creces.

¡Eternas gracias, Madrid! Aquí empezó todo. A ti te dediqué mi primera novela porque, aunque me siento de todas partes, yo nací en Madrid. Nací en La Paz. Y para ella trabajo.

*

*

También pueden interesarte estos otros artículos:

Mi Verdad

Guías de Luz, hadas y ángeles

Todo es un sueño

¿Cómo saber interpretar las señales?