Te escribo desde el tren que va de Madrid a Oviedo. Este viaje con billete de ida, ha sido posible gracias al arte de desprenderse, que hoy te comparto.

Para este viaje que no sé cuánto durará ni dónde me lleva, he dejado ir todo lo material excepto lo absolutamente necesario, y seguro que si «rasco», me puedo quitar más peso aún. 

Llevo en este proceso de desprendimiento intensivo un par de meses, y en la última semana se ha acelerado. 

Ayer mismo por la noche llamé a la estación de Renfe y supe que si no me desprendía de una bolsa más, iba a tener un viaje muy incómodo y complicado, y también la dejé. 

No sabía qué hacer con ella porque y era tarde para realizar cualquier tipo de gestión ¡tocaba desprenderse de golpe!

Al bajar a la calle vi a un señor que estaba cogiendo unas zapatillas que acababa de dejar yo misma. Le dije que tenía una bolsa entera que seguro podría aprovechar y la aceptó con mucho gusto. 

Resulta que en esa bolsa yo guardaba algo que consideraba «imprescindible» y sin recordarlo, no lo saqué y se la di entera, enterita. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, bajé corriendo a buscarle y ya no estaba.

Me llevé un buen susto, y al poco (minutos), el problema estaba resuelto, y volví a comprender que todo lo que necesitas, cuando lo necesitas, está para ti, si sabes soltar. 

Me costó recuperarme, no te lo niego. Y vi con claridad cuánto nos pueden llegar a atrapar los objetos si no somos conscientes de ello. 

Yo he descubierto que quien quiera desprenderse de aquello que le ata, ha de realizarlo, si es que puede, por capas. 

Porque es como si al principio, todo te resultara imprescindible, por poco que tengas, solo podrás deshacerte de algunas cosas.

Y una vez que llevas un tiempo sin ellas, la siguiente capa se deja ver, y te das cuenta de que estas cosas que hace diez días te parecían vitales, resulta que no lo son tanto.

Y las dejas ir.

Al poco, se muestra la siguiente capa… y así hasta que logras de verdad ser libre. 

Nunca recomendaría hacerlo de golpe si se puede hacer con calma, para ir asimilando. 

Pero lo que es cierto es que todo absolutamente todo ocurre, cuando dejas espacio para que lo haga.

Ves con más claridad, tu mente está mucho más despejada y además, a nivel energético, hay un canal limpio. 

Cuando lo haces por capas vas disfrutando del proceso, porque a cada objeto le ves una salida, una nueva utilidad o un nuevo «hogar», y la historia cambia mucho. 

De la misma manera ocurre con las personas de las que te tienes que despedir, que al hacerlo en la medida que las vas descubriendo paso por paso, eres es mucho más consciente y te sientes muy agradecida de poder vivirlo así. 

¿Te das cuenta de que muchas veces no nos movemos porque nos sentimos con un freno que no se ve pero que paraliza? 

El otro día alguien me dijo, «yo me iría pero tengo tantas cosas en casa que no sabría qué hacer con ellas, así que ni me lo planteo». 

Si dejamos ir por fases «no dolorosas», descubrimos las barbaridades sobre las que podemos llegar a condicionar nuestra vida. 

Y no es que todo el mundo tenga que ir a ningún sitio, pero es muy necesario que se observe qué hay detrás de lo que no te permite moverte o de lo que te descubres pensando «sin esto no podría vivir». Porque es una mentira que no deja ver. Solo eso. 

De lo que se trata es de actuar con Libertad, sin pretender nada ni llegar a ningún lugar, pero ser libre de cada acto y de cada palabra. 

Y como he hablado con mucha gente y sé cuáles son las respuestas más recurrentes, sea cual sea tu situación, lo puedes hacer. No compro ni siquiera un «sí, pero es que en mi caso es más difícil porque…». 

Cada persona tiene su propio reto o su propia excusa.

Ninguna situación es más complicada, solo que hay capas que no nos permiten ver. Vete desprendiéndote, que ya verás. Ya verás, literal.