Relato ganador del concurso “El libro que cambió mi Vida” propuesto en julio 2018.

 

Me gusta divagar por la ciudad, andar sin límite ni fronteras, deslizarme por una ciudad abierta, que parece no tener fin.

Las calles y las gentes van cambiando, puedes ir descubriendo rincones que, aunque hayas pasado infinidad de veces por delante, de repente descubres: la celosía de esa fachada tiene forma de flor, o el edificio tiene una escultura de un ojo que todo lo ve. Las diferentes luces que inciden en los edificios a lo largo del día, son tan cambiantes, que las calles tienen tonalidades distintas con el paso de las horas y las estaciones.

En estas actividades de divague, suelo parar por librerías, estas tiendas suelen ser lugares hermosos y cuidados, espacios donde el libro es  importante e interesante, algo nuevo por abrir y descubrir.

Viendo la librería puedes descubrir la personalidad del dueño, sus pasiones, sus intereses. En el expositor de “Novedades” te puedes poner al día de lo que se escribe, o lo que más se vende, en ese rincón de la ciudad, que interesa a los habitantes de esa calle.

Fue en el de novedades donde lo encontré.

Un libro robusto de tapas duras con un dibujo rojo y su claro título “Nubes de Ketchup” Había leído la novela anterior de su autora, Annabel Pitcher, y me había encantado. Sin pensarlo lo compré, a veces pregunto referencias, sabía que me iba a gustar.

Cuando compró un libro con mucha ilusión suelo sacarlo de la bolsa antes de llegas a casa y como una yonqui de las letras, leo cachitos como quien le da caladas a un cigarro a escondidas.

El libro, un claro homenaje a “84 Charing Road, a mí me lo pareció, es la historia de una adolescente en apuros, escribe cartas a un receptor, que en ningún momento sabemos si las lee o no, lo que sabemos es que la historia secreta que está contando, jamás podrá ser descubierta.

Una historia de amor adolescente con un final dramático. Una historia dura, pero que te deja con el sabor de la vida, de lo dura que es a veces, del daño que nos hace, pero también de la continuidad, de la belleza de que todo se puede superar, aunque las lágrimas sean infinitas, siempre vuelve la sonrisa.

El libro me  emocionó y me cambió.

Aquel verano había sufrido una ruptura sentimental. En esos días la autora estaba en Madrid promocionando su libro, fui a la charla, me  firmó el libro y me sentí feliz y especial, era la primera vez que me firmaban un libro. Sentí como que te conectabas un poco con la autora

Por aquel tiempo trabajaba con adolescentes, ese octubre comencé a trabajar con un grupo nuevo, el que más satisfacciones tuve a nivel laboral.

Uno de los objetivos que me planteé desde el primer momento fue que la lectura fuera una de las actividades más importantes del curso, pensé en muchos libros de literatura juvenil. Llegué  al la conclusión que si yo hubiera leído ese libro veinte años antes me habría librado de algún disgusto. Así que leímos en el grupo “Nubes de Ketchup”. Aquel libro les encantó, escribieron un spin off, lo trabajamos a nivel grupo, y no solo eso, algunas frases fueron nuestros lemas de grupo.

Ya no trabajo con adolescentes, pero ese libro siempre quedará en la memoria de esos días de esos trabajos, de los debates, y de todo lo que compartimos en esas tardes.

Hago limpia de libros de vez en cuando, pero no lo puedo tirar, lo he compartido, no solo por la lectura agradable, sino lo importante del libro que es superar situaciones con amor y optimismo.

Ahora trabajo en un centro de mayores, estoy haciendo un esfuerzo de que haya grupos de lectura, y me parce que sería un gran libro para compartir con ellos, seguro que las emociones y conclusiones son interesantes.

Autora: Victoria Muniesa