Desde siempre me ha encantado celebrar y hace unos años descubrí que el día está pleno de momentos dignos para ser celebrados.

Hoy leía esto de Mooji “la felicidad es nuestra naturaleza real, la tristeza y emociones similares vienen a través de ciertos hábitos erróneos y por la identificación con el ego…”.

Por eso mismo, por el hecho más que comprobado de que nuestro cerebro funciona por hábitos, hoy te invito a cambiar de un modo consciente todos aquellos que te lleven a pensar que en esta vida, para ser vivida de manera “real” hay que estar alegres solo de vez en cuando y si los motivos son socialmente aceptados, si no, no.

Cuando celebramos intencionamos algunos aspectos:

  • Cubrimos de alegría el momento que decidamos. 
  • Declaramos al Universo entero que aquello que hemos elegido celebrar es muy bueno y ya ha salido bien.
  • El mensaje que lanzamos al inconsciente es “me gusta celebrar, dame más motivos para hacerlo”  por lo tanto, nos los da y se multiplican. Aquello en lo que insistes, persiste. (Sé que me repito en esto y lo seguiré haciendo hasta que sienta lo contrario).
  • Tomamos conciencia de que la vida es un verdadero alucine cuando se nos abre la ventana de la celebración. La vida es una fiesta. También decían esto las palabras de Mooji “podemos ser felices en cualquier momento”, o lo que es lo mismo, nada externo a mí tiene el poder de hacerme daño. Todo esto es para insistir en que la vida es una fiesta, sean cuales sean tus circunstancias. Tú decides disfrutarla o no.

¿Y qué celebramos?

Todo. Una reunión, un curso finalizado, un libro leído, un mail mandado, un aniversario, un encuentro, una decisión tomada, un reto conseguido, una idea llevada a cabo, una inspiración, un viaje, un miedo superado, una sincronía…

Pondría especial interés en las fechas que suponen un cambio de ciclo, tipo cumpleaños, ya que un momento así necesita un ritual como una celebración para que cierre y abra en una vibración muy elevada o lo que es lo mismo, para que digamos adiós y demos la bienvenida como se merece.

¿Hace falta hacer grandes celebraciones cada vez?

No, claro. No nos daría de sí la vida porque como te decía, cuando abres tu ventana de las celebraciones, de repente se te multiplican los motivos para celebrar y, aunque estaría genial, de momento no encuentro el sentido a estar invitando a grandes fiestas a decenas de personas cada media hora.

Sí podemos ajustar las celebraciones al hecho en cuestión. Algunos sabrás que merecen invitar a mucha gente para poder compartir con quienes así lo sientan, el motivo que te ha llevado a reunirlos, y habrá otros momentos en los que la celebración será tomarte un dulce o beberte una copa de vino con buena música de fondo.

Sea lo que elijas, hazlo. 

Si te has convertido en una persona que dice “no, es que a mí no me gusta celebrar”, bórrala rápido. Estás a tiempo. Rescata a tu niño interior.

Es imprescindible que vibres en la alegría del celebrar si quieres descubrir la verdadera magia que la Vida tiene para ti.

Mooji también decía, “mirando a través de nuestra naturaleza feliz, pronto empezarás a sentir el brillo de tu espíritu, a través de unos ojos más amorosos y sabios. No te demores, empieza hoy.”

Y yo empezaría celebrando.

Cuando acabo una de las sesiones individuales o alguno de los cursos, siempre pregunto ¿cómo lo vas a celebrar?.

Hoy te lo pregunto a ti. ¿Lo has pensado ya?