Llevo mucho tiempo, años, quizás toda la vida… saliendo del sistema. Desde pequeña no me cuadraba casi nada de lo que observaba. Ni me lo creía ni encajaba. Ni siquiera lo pretendía. (Ya te lo he contado varias veces, así que por ahí no me voy a extender).

Estoy en la habitación, a punto de acostarme y, reflexionando sobre mi día y sus peculiaridades, (¡tela lo que se está moviendo, por cierto!), me ha llegado una de estas ideas que para muchos serán absurdeces y sin embargo para mí, están claras como el agua.

Primero una obviedad. El sistema en el que nos hemos estado moviendo falla, de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Es un montón de errores, uno tras otro. En el que no se obtiene más que desigualdad, competitividad y desequilibrio. Creo que esta situación actual lo está dejando más que claro. Se necesita un cambio drástico y se necesita ya. No hay duda para nadie. 

Y por otro lado, a una gran mayoría de los seres humanos nos ha dado por ayudar, remar hacia arriba, apoyar y sacar nuestra mejor versión para que todo esto sirva para la evolución del planeta entero. Es un poder inmenso que nos impulsa fuerte y no nos planteamos parar de hacerlo. Mirando siempre en común y en global. Regresando a la Unidad de la que nos fuimos.

Desde que empecé con Mi plan Be y todo en lo que me he involucrado con este proyecto vital, solo he tenido una lucha o pega persistente. La «necesidad» de tener que hacer dinero con él para poder seguir. ¡Vaya lata, de verdad! No te imaginas la de veces que esta idea me torturaba. He tenido una lucha interior constante porque lo único que quería era hacerlo de manera accesible a todo el mundo. Sin embargo «el sistema» me lo impedía. Los primeros años, y no digo meses sino años, el 80% de lo que hacía era gratuito sin darme apenas cuenta de ello. Pero siempre con la presión del sistema detrás. La obligación de tener que obtener un beneficio material por ofrecer lo que mejor sabes hacer. Más aún. La obligación de tener que pertenecer sí o sí a este engranaje. 

Y aún así, con toda mi revolución interna (y externa) sobre el tema, conseguí más o menos «adaptarme» (si es que puedo llegar a decir algo parecido). Y, lo cierto, es que nunca me faltó nada ni nadie. He sido toda una privilegiada, y una magia extraordinaria siempre me ha acompañado. Muchas personas han colaborado conmigo, directa o indirectamente. Podría escribir libros sobre lo que he vivido.

Ya sabes que cuando haces lo que el Corazón te indica, lo demás llega solo y llega a lo grande. El universo se encarga siempre de cuadrarlo a la perfección. Doy fe. 

Pero eso no quita que hace un rato, en la cama, justo antes de irme a dormir, me haya llegado esta idea, como te digo, estúpida para la mayoría del mundo (seguro), pero que tiene todo el sentido para mí. ¿Y si lo estamos haciendo todo al revés? El otro día charlando sobre el tema, decía que a veces creo que lo mejor sería borrar todo, absolutamente todo, y empezar de cero. No podemos querer volver a lo conocido porque lo conocido no funciona.

¿Por qué tenemos que hacer las cosas mirando por nuestra supervivencia?

¿Por qué tenemos que esclavizarnos a la producción por el simple hecho de obtener un beneficio?

No me malinterpretes, porque no pienso que el dinero sea malo (ni bueno), ni tengo la menor idea de cuál es la solución o la alternativa. Solo sé que el sistema falla, y falla descaradamente cuando colapsa el planeta entero por un mes de parón en el que, los privilegiados, nos hemos dedicado a  comprar lo que de verdad necesitamos. Sin excesos. Sin adicciones. ¡Y no nos falta nada! (Repito que a las personas privilegiadas). 

Hace años que practico el minimalismo. Un año atrás pasé todo mi trabajo a online, a pesar de que mucha gente se echó las manos a la cabeza. Hace tiempo que sé por empírica que la dicha está en servir al de enfrente. Y desde pequeña este sistema no me cuadró en absoluto, nada. Y ¿sabes? Estoy empezando a creer mucho en mi criterio. Más que nunca. 

Esta situación magnífica que estamos compartiendo el mundo entero nos está regalando luz para ver. Y como te digo, yo no tengo ni idea de la solución, solo sé que estamos hechos para dar lo mejor de nosotros al resto de las personas, y eso no puede limitarse por los recursos materiales. 

El miedo a la carencia solo nos lleva al egoísmo, al egocentrismo y lo peor, nos impide ver nuestra grandeza.

¿Y si rompemos con todo y nos dedicamos a colaborar? ¿Y si hacemos justo lo que el sistema no quiere que hagamos? NO TENER MIEDO. 

Hay de todo, para todo el mundo.

Yo, por fortuna, gran parte del miedo a «no tener» lo perdí años ha. He pasado por «no tener» casa, «no tener» comida, «no tener» dinero ni para coger el metro y «no tener» (ni de lejos) dinero para ningún tipo de exceso. (Y muchas más cosas…) Y descubrí la abundancia del Universo en la aparente carencia material. Por eso te aseguro que lo en lo que sea que nos estamos convirtiendo o a lo que estamos evolucionando, va mucho más allá de un sistema tan frágil como el que tenemos hasta ahora. Porque yo, que me he ido de él a veces y muy lejos, te puedo confesar que al verlo con perspectiva, se ve todo tan loco, que llama la atención cómo no ha colapsado antes. 

Sé que hay otra alternativa, y que llegará. Algo que no sea dinero, o lo sea, pero gestionado de manera sana y justa. Algo que no separe ni esclavice sino que una. ¡No sé…!

Es momento de crear a lo grande, así que estas palabras son casi una llamada a la acción y al pensamiento más allá de lo conocido.

Estamos abriendo las puertas a un mundo nuevo, y necesitamos ideas extraordinarias. 

Si tienes alguna pista, es tu momento de brillar. Yo estoy deseando que a alguien se le ocurra algo. No te cortes. Es nuestro momento. 

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