Camino de la Luz. Cuando fui a Madrid a hacer la presentación de Yo soy Chloe quedé con un amigo para tomar un café. Le conté un sueño muy claro, con un mensaje al nivel, aunque yo por entonces no era consciente de cuánta información traía consigo. Esto era noviembre del año pasado, 2019. 

El sueño era el siguiente. Un camino estrecho y muy iluminado, con una luz muy blanca y brillante. Estaba como en la ladera de una montaña. Por todas partes había mucho fuego y se podía percibir el miedo y la confusión. El camino era subiendo la montaña. Yo estaba en él, junto a más personas. No tenía miedo porque nos estaban guiando, pero no comprendía qué sucedía. Sin decir nada, quien nos guiaba respondió a mi sentir. Dijo lo siguiente: «no os tenéis que preocupar por nada siempre que sigáis el camino de la luz».

Cuando le conté a esta persona con la que compartía café todo lo que había soñado, por supuesto no le encontré el sentido que sé que tiene a día de hoy, aunque ya venía intuyendo que se acercaba un gran cambio. 

Todas las intuiciones que voy teniendo las comparto al 100% cuando siento que es el momento de hacerlo, o cuando he llegado a ese punto de darme igual la respuesta que tenga lo que yo haga. Y he llegado a ese estado maravilloso en casi todo en mi vida. (¡Eso es libertad!). 

Cuando hacíamos las meditaciones en grupo durante la cuarentena, una de las veces me vino una imagen también muy clara de una persona tendiéndonos la mano para subir por una escalera. Iba muy rápido, como si no hubiera tiempo que perder. Y eso es también parte de lo que siento desde hace mucho. Ya se ha terminado el tiempo de las divagaciones, y ha llegado el momento de la acción. 

El caso es que desde ese sueño tan revelador, yo me he enfocado en seguir perfeccionando mi búsqueda del camino de la luz, e ir en su dirección sin dudar ni un poco. Y cada vez lo distingo mejor. 

También creo que algunas personas estamos llamadas con mucha fuerza a contagiar a cuanta más gente podamos, a unirse a este sentir. Muchas veces lo he leído, me lo han dicho o lo he escuchado, ahora tengo una certeza absoluta de ello. Es una llamada interior que, a mí por lo menos, me es imposible (imposible) ignorar. Como si ya lo hubiera decidido yo de antes y ahora simplemente esté cumpliendo con aquello que elegí. No lo sé explicar mejor, pero es así. 

Esto que te comparto hoy te puede sonar como te suene, pero tal y como escribía en líneas previas, me da igual, non me ne frega niente, como dicen por aquí. Porque cuando tu sentir es así de fuerte como lo es el mío, y lo ves y vibras con tanta claridad, tienes la obligación de compartirlo y expandirlo como mejor puedas, y que llegue a quien llegue. 

Por lo tanto, si te resuena, esto es lo que te quería decir. Que sigas siempre el camino de la luz. Y más ahora. Sabrás cuál es porque es aquel que te da paz. No tiene que ver con el enfrentamiento sino con el amor. Te hace expandirte, crecer y confiar. Es por completo ajeno al miedo o al juicio de nadie. Está lleno de sincronías, encuentros mágicos, regalos, «buena suerte», alegría interior, ataques de dicha repentinos, compasión por quienes te rodean, libertad interior. 

La ruta se encuentra fácil con estas coordenadas: meditación, y corazón elevado. Paso firme en lo desconocido. Mirada más allá de la forma o de las apariencias. Cero juicio, cero miedos. Confianza en el proceso. Escucha, y acción sin demora. 

Y las manos y los brazos muy abiertos para recibir toda la maravilla que se despliega, porque este sueño que te he compartido, fue el sueño del proceso, pero también he tenido uno muy claro del destino, y lo vamos a gozar. 

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