Tenemos un “software” que nos impide la paz mental, pero no somos capaces de detectarlo. 

Estamos “programados” para luchar con sufrimiento, “no pain no glory”, o “sin dolor no hay beneficio”, ¡qué absurdo! y qué manera de defender esa idea hasta el final, sin medir las consecuencias que esto conlleva.

Otro de nuestros “sistemas operativos” es la no aceptación de la felicidad como estilo de vida. Muy en el interior hay un “no merecimiento”, y nuestro “ordenador” rechaza la paz instantáneamente.

Si no lo ves,  piensa en tu mayor deseo, el que sea, aquel que crees que te cambiaría la vida si llegara. Con la instalación de este programa, que te viene de serie, estarías en paz unas horas o incluso minutos, hasta que se volviera a “cargar” un nuevo “virus informático” que te perturba la tranquilidad que apenas has olido.

“Creo que los seres humanos como especie definen su realidad a través de la desdicha y el sufrimiento. Así que el mundo perfecto era un sueño del que su cerebro primitivo se trataba de despertar constantemente.” Película Matrix

Un día, una circunstancia o una persona, te hace darte cuenta de la inutilidad del uso de este “software”.

¿Cómo eliminarlo? Sin lucha.

Una de las claves es la rendición, que no es la resignación, resignación implica culpa y castigo, rendición es el estado en el que una vez llegas, por fin haces el cambio, superas el obstáculo o desbloqueas un miedo muy oculto, porque aceptas y fluyes con ello, dejas de darte contra un muro, y abres los ojos para aprender qué te está diciendo ese muro, para qué lo has puesto ahí.

“La iluminación es: cooperación absoluta con lo inevitable.” Anthony de Mello

Para ello, primero has de detectarte en el programa.

Y ¿cuándo te ha atrapado de lleno? cuando sientes un “agarrotamiento” interno, cuando luchas contra algo, lo que sea. Cuando estás sufriendo. Entonces te encuentras en la no aceptación. 

Todo lo que viene, lo hace para que aprendamos y observemos desde la tranquilidad pero no nos hemos educado así, no sabemos cómo, es más, aceptamos que “la vida es muy dura”, que “quien algo quiere algo le cuesta”, estamos tan condicionados para ello que nos negamos a ver la facilidad de las cosas cuando simplemente te dejas ir. 

“¿Piensas que puedes dominar el Universo y mejorarlo? No creo que sea posible.” Tao Te King.

En la no acción está la Verdad, pero la simple idea de ello nos aterra. De la mano del programa puedes conseguir lo mismo, pero el resultado y las consecuencias son muy diferentes.

Esta metáfora igual ayuda a verlo. Si decides que necesitas una nueva estantería para tu casa y eliges comprarla desde tu Yo Superior, adquirirla será algo sencillo, será la estantería perfecta para el uso que le vas a dar, los colores y el estilo serán los más armoniosos para tu salón, el precio habrá sido justo para todos los implicados, tendrá una calidad perfecta y no te habrá causado apenas esfuerzo conseguirla.

Desde el programa, te perderás en grandes superficies de venta de muebles, irás los días que más gente haya, no encontrarás aparcamiento con facilidad, cuando llegues, no estará el color que mejor te venía, cuando la cargues y la lleves a casa, te faltará alguna pieza para terminar de montarla, tendrás que volver a ir. La estantería estaba bien de precio, pero entre tantos viajes has comprado y gastado más de lo que pensabas. Al final tienes la estantería, pero ha costado demasiado. Lo grave es que piensas que es lo normal, porque desde nuestro “yo robot”, “el que algo quiere, algo le cuesta”.

Error y serio, la vida es sencilla, pero estamos infectados.

¿Mi sugerencia? Siguiendo la metáfora, cuando te detectes en el laberinto de los grandes almacenes, con mil productos que tú no querías, abarrotado de gente y con un estrés y una frustración con la que no contabas… Toma conciencia de que fuiste hasta tan lejos porque tú mismo lo elegiste, siempre eres el responsable. Nadie ni nada te obligó. Suelta todo, regresa a casa y vuelve a elegir. Ésta es la rendición. 

Así, poco a poco, irás viendo cómo tu programa cada vez es más débil, y más lento, lo ves venir. No quiere decir que desaparezca, quiere decir que comienzas a despertar.