¿Cuántas veces hemos leído o escuchado a alguien decir que la clave de la paz interior y del bienestar se encuentra en vivir “aquí y ahora”? Infinidad de veces, y es que efectivamente, es la actitud que marca la diferencia entre la felicidad plena y elegida, o la felicidad transitoria y aparentemente “azarosa”. Y tiene mucho que ver con la excelencia.

Vivir aquí y ahora te lleva a vivir en un estado de meditación activa, en el que focalizas toda tu atención y energía a lo que te acontece, en el momento que se requiere, que es este.

Vivir ahora, no antes ni luego, evita que estés preocupado, muy al contrario, te encuentras ocupado, dando realidad a lo que realmente existe, el presente.

En el presente todo está bien, pero qué difícil resulta la mayoría de las veces permanecer en este lugar y qué pesado se hace leerlo y escucharlo una y otra vez, como una especie de utopía a la que tender, que solo unos pocos sabios e iluminados pueden alcanzar.

¿Sabéis qué? Yo creo cada vez más que no existen individuos de diferentes escalas o niveles, a veces solo nos hace falta un cambio de perspectiva, una pequeña modificación de pensamiento, un poco de habituación y ¡lo tenemos!

El camino que te lleva irremediablemente al ahora, es la excelencia, y la excelencia te conduce al éxito (sin olvidar que el éxito no es más que un estado mental).

En cualquier ámbito de tu vida, si caminas en la excelencia, te focalizas en el ahora y tarde o temprano adquieres el éxito que insisto, cada uno tiene su propia definición del mismo. Este llega a ti seguro, es una cuestión matemática.

Ser excelente no te permite pensar más que en lo que estás realizando en el momento, ya que estás dando el 100% de ti.

No hablo de ser bueno, hablo de ser excelente. Si tratas de ser bueno, tienes un 20% más o menos de tu cabeza que se puede escapar a tus facturas, a tus conflictos interpersonales, o a la planificación de viajes… ¡vuela!, y te trae normalmente preocupaciones, es decir, ocupaciones previas a que ocurran y que la mayoría de las veces nunca llegan ni a existir.

No digamos qué nos sucede si solo eres mediocre, es decir, si pones el 50% de tu Corazón y tu mente en tus actividades, ya no sabes si estás hoy, ayer o mañana… en tu cabeza hay un “cocktail” de emociones, pensamientos, proyecciones que no te ves capaz de gestionar.

¡Colapso! ¡Bloqueo!

Además que no obtienes resultados realmente eficientes, y aunque nos empeñemos en decir que ha tenido que ver con las circunstancias externas, la realidad es que solo apostamos la mitad de lo que podíamos y por ende, con “suerte”, obtenemos la mitad del beneficio que alcanzaríamos con mayor presencia.

Entrenar nuestra mente en poner la atención AHORA parece complicado al principio, pero es como el primer día que vas a hacer deporte después de mucho tiempo, con las rutinas iniciales crees que vas a desmayarte y poco a poco será tu cuerpo el que te vaya pidiendo más, estarás oxigenado, te sentirás saludable y no te reconocerás a ti mismo cuando recuerdes lo mucho que te dolieron y costaron los primeros entrenamientos.

Se puede empezar con actividades sencillas, como “hoy voy a escribir una carta de presentación excelente, para aquella compañía en la que me encantaría trabajar”, “hoy voy a tomarme un café excelente, con esta amiga a la que hace mucho que no presto tanta atención como me gustaría” o “voy a concentrarme en la lectura de este libro, que yo mismo he elegido leer, y lo voy a disfrutar desde la primera palabra”.

La excelencia se “huele” a distancia y excelencia atrae excelencia, es un hábito como otro cualquiera, que una vez adquirido va contigo siempre, en esa ponencia que tienes que realizar, en esa reunión a la que tienes que asistir, o cuando exprimes las naranjas para el zumo de tu desayuno.

No hace mucho leí que “la calidad de un ser humano, se nota desde el saludo que te da”.

Convirtámonos en esa persona y como ya sabemos que es una fórmula matemática que no falla, vayámonos acostumbrando a ir obteniendo éxito en nuestras vidas, desde lo aparentemente simple, a lo más complejo.