En la infancia se encuentra la clave de casi todo. Siempre repito esta frase cuando alguien necesita buscar su «para qué» en la vida. Nuestro «para qué» está intacto en la infancia. 

El acompañamiento «Voz a tu Luz» está siendo muy revelador. Hemos tratado la infancia desde el primer día, y seguimos con ello hasta el último. Existen muchas llamadas a crear Luz en el mundo, y para poder expandirla y materializarla, primero debemos hallar la nuestra. 

Mis encuentros son siempre participativos y muy prácticos. En este proceso, quería que quienes lo caminamos, llegáramos lo más lejos posible. Es un evento muy especial. Y para ello, decidí que la primera que se pondría en la «palestra», sería yo. 

Abrir el corazón no es fácil, ya que deja la puerta despejada por completo y la vulnerabilidad, se muestra. Sin embargo y como siempre he defendido desde que lo descubrí, no evitar la vulnerabilidad sino ir a por ella, nos libera.   

Esto me ha hecho hilar varios hitos de mi vida y tener unas ganas «terribles» de escribir esta entrada en el blog hoy. Porque sé que a quien le tenga que resonar, lo hará. Nunca se es la única en nada. 

Hace años escuché sobre el término «niños índigo», pero lo ignoré por completo. Tenía que calar en mí en el momento justo. Y lo hizo, claro. 

Hoy comparto estas palabras con dos deseos a cumplir como objetivos: 

  • Que ayude a sanar a quien se haya encontrado en su infancia en la misma situación que yo. 
  • Que los adultos que están al cuidado y con la responsabilidad de niños y niñas con estas características, se hagan conscientes y actúen en consecuencia. 

Cada persona que llega a este plano, lo hace con sus características y dones concretos. Algunos dones son más aceptados que otros, o están más normalizados. Otros no. El mío, fue el de tener un enorme potencial espiritual. Una apertura y entendimiento (sin entender) desde que tengo uso de razón, y que ahora soy consciente de que no era normal, ni lo compartía nadie de mi entorno, o que yo conociera. Es evidente que tuvo que ser así para que hoy sea lo que soy, y comprenda lo que comprendo. 

Tener este «sentido» despierto, puede ser rechazado en extremo por familia, amigos y por la persona que lo porta. Sobre todo por ella. Y más en mi generación, que se encontraba a años luz de dónde nos encontramos ahora con estos temas. (¡Gracias!).

La incomprensión de lo que se siente, recibe y el «no sentido» que tiene todo para ti en ese momento, puede dar lugar, como lo fue en mi caso, a negarte por completo, para poder ser aceptada en tu clan, en tu círculo, en tus trabajos, en las relaciones de cualquier tipo… ¡tú solo quieres ser «normal»! Pero por más que quieres «fingirlo», no acaba de salirte del todo. 

En mi infancia y más adelante, la única orientación espiritual que recibí y que podría existir para mí, era la vinculada a la religión. Lo cual me llevó a intentarlo y salir de ahí muy enfadada, y aún comprendiendo menos. Por todo lo que me encontré, por la cantidad de incoherencia y «sin sentido» con el que se hablaba. 

Cerrada esta puerta (a cal y canto), cerrada cualquier posibilidad (en esos momentos) para entenderme y poder dar salida a ese potencial que me estaba «torturando» desde la infancia. 

No fue hasta mucho después, que me empecé a alejar de todos los círculos en los que, para estar y SER yo, me tenía que anular a mí misma, y poco a poco, pude ir quitando las capas que me impedían mostrar mi LUZ auténtica. 

Hasta que llegué a ese hito, fueron años de encontrarme muy perdida, muy confundida, con una gran cantidad de «autocastigo», por no saber cómo integrarme y lograr ser un poco más «corriente». 

Ahora, por supuesto, lo veo y siento completamente diferente.

Cuando llegas a comprenderte del todo, cada pieza de tu vida encaja a la perfección y haces las paces con ella al 100%.

Y, lo más importante, permites que tu brillo y tu potencial, se manifiesten con libertad y expansión. Es un Amor, un reconocimiento y un respeto muy grande que nace por ti, y por lo que has sido siempre. No tiene palabras. 

Hoy en día, yo diría que cada niño que llega por estos lares, llega con estas características. De hecho, se dice que vienen «en tropel», al margen por supuesto, de los que ya andan por aquí. 

La infancia necesita algo más que formación sobre ciertas materias y normas sociales.

Necesita que se la oriente espiritualmente, porque no sé si os habéis dado cuenta pero los paradigmas religiosos pasaron a la historia. Han hecho su papel justo por el tiempo que lo han tenido que hacer, pero pertenecen a «otro universo» que está desapareciendo. Y esa parcela, la parcela espiritual del ser humano, no puede dejarse desantendida. Debe cultivarse y guiarse por adultos que sepan cómo hacerlo de una manera genuina y sólida. 

Por eso me urgía sacar este artículo que me «bombardeaba», porque, como te decía al principio, si tu infancia ha sido como la mía, seguro que te calma y sana heridas, y si como adulto, conoces a niños y niñas que tienen ciertas sensibilidades y aperturas mentales a la espiritualidad, potenciáselas y ayúdales a expresarse y canalizarse, porque traen mensajes de mucha LUZ, que no se pueden callar por más que lo intenten.

¡Gran (gran) salto evolutivo este!

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Si quieres leer más:

Mi verdad

Guías de Luz

Abrir las puertas a nuestra espiritualidad