Una persona de las que reciben la newsletter me pidió crear algo relacionado con la comunicación con nuestros guías. Desde entonces estoy con ello para ver cómo dar salida a esa petición. Me resonó y me hizo ir más allá en todo este camino misterioso, así que ¡gracias!

Con quien conecto de maravilla y a la primera, es con la divinidad. Con una fuente de Amor infinito, que parte del pecho. Ese camino me lo conozco bien, y sé caminarlo conscientemente cada vez que me apetece, o siento necesitarlo. Incluso aunque me pierda mucho, antes o después, encuentro la flecha que me trae de vuelta. 

En cuanto a conectar con nuestros guías, o seres de luz que nos acompañan… Bueno, como a todo el mundo que profundiza en esto tanto como lo intento hacer yo, me han ocurrido ciertas conexiones muy bestias que me dan cierta capacidad para aceptar todo este universo. Lo que, a día de hoy no he logrado, es hacerlo conscientemente y de manera elegida, como sí que me sucede con la divinidad. Pero ocurrirme, me ocurre.

Entre otras cosas, me aparecen mensajes muy claros en forma de imágenes que me llegan sobre todo en estados de meditación profunda. Y, aunque no me atrevo mucho a hablar de este tema, más que nada porque aún no lo puedo provocar yo, también me han aparecido seres que se han presentado para traerme claves en momentos oportunos.

Por supuesto, si investigas un poco, descubrirás que hay gente que llega mucho, mucho más lejos de lo que he llegado yo, y que te podría contar historias magníficas. Yo te comparto lo que hasta ahora para mí, es experiencia vivida. 

¿Cómo y dónde conecto con estos guías?

Estos seres, o guías se me han presentado en momentos precisos en los que necesitaba una respuesta o una orientación en el camino a tomar.

También lo han hecho cuando querían llevarme más allá de mis límites, es decir, hacerme «estirarme» un poquito más. Como si me dieran confianza o impulso para ir dónde mi alma quiere ir. Sin miedo. Por eso sé que son guías, y que no es casual que aparezcan. Porque lo que me trasmiten, es revelador, y porque me quitan el miedo al instante.

Una vez, uno de estos seres dijo cómo se llamaba, pero no le di importancia o credibilidad, porque no estaba muy en «estas» aún. Otra, años después, casi hace nada ¡vaya! quise aproximarme a esto de nuevo y en una meditación pregunté por algún nombre concreto, poco rato después, una mujer de Argentina que lee el blog, me escribió de repente para pedirme disculpas porque siempre se confundía con mi nombre y me llamaba «Isabel», o me escribía «Isabel» cuando comentaba alguno de mis post. Y ella me dijo, así espontáneamente, que tenía una necesidad muy grande de contármelo y que sentía que quizás era el nombre de una de mis guías o ángeles. Piel erizada en todo el cuerpo cuando lo leí, cómo no. 

Pero, a pesar de haber tenido bastantes conexiones muy fuertes, es un tema en el que (por lo que sea) no he sentido profundizar mucho. Quizás por miedos a salirme demasiado de lo «normal».

Salirse de lo «normal» da cosa al principio, pero luego le vas tomando gusto, la verdad.

Todo este tiempo, desde que me pidieron hablar de ello, he estado intentando averiguar qué es lo que sé hasta ahora y cómo lo puedo compartir, así que aquí va. Si te sirve, me alegro.

Desde luego implica una mente muy abierta y un corazón receptivo. Pero ¿sabes? en esta época, toda esta información cala hasta en la persona más escéptica, porque el nivel de conciencia está tan elevado, que no hay mente, ni ego que puedan pararlo. 

En cuanto a los seres que me han aparecido con tanta claridad, esto me ha sucedido, como te decía, en meditaciones muy profundas y/o justo en este instante antes de despertarme o de dormirme.

Es un estado en el que entras y desde el que nos conectamos con la fuente, y aún podemos ser conscientes de ello. Vibramos en zeta, y según los estudios del Dr. Joe Dispenza, es  el momento en el que nuestras ondas cerebrales vibran a una frecuencia muy lenta. Los hemisferios del cerebro están sincronizados y tenemos acceso al inconsciente y la conexión espiritual encuentra espacio para suceder. 

Las veces que me ha ocurrido, he visto la cara con claridad de estas personas, como si las estuviera viendo en directo. No es lo mismo que en los sueños profundos. Son muy, muy reales, y yo también me siento presente y real con ellos.

Son siempre encuentros muy fugaces en los que yo me siento que no sé qué hago ahí, y ellos me miran con una dulzura y un amor que no se puede explicar.

Me regalan lo que me tienen que decir con una sonrisa increíble que me hace confiar plenamente. Como te digo, aparecen siempre que yo he querido ir un paso más allá en lo que sea, pero necesitaba un impulso de confianza, o ver algo que no veía. Entonces, vienen, dejan su mensaje y salgo de este estado.

Las veces que lo he experimentado ha sido una sensación de amor tan potente que, como siempre, no encuentro palabras. Me miran y con su mirada me dicen mucho. Es como si estuvieran felices de ver cómo lo vamos haciendo. Es una mirada que transmite mucha tranquilidad y felicidad. Como si todo esto fuera nada más que un juego en el que vamos caminando a ciegas y tuviéramos que aprender a volver a abrir los ojos. Pero sin peso. Jugando. Experimentándonos. Despertando. Y ellos, de verdad parecen muy contentos haciéndonos de guías. 

Otras de las conexiones que tengo, estas mucho más a menudo, es a través de imágenes sorpresa que llegan en las meditaciones. Y son casi siempre imágenes de animales. Animales de poder, se llaman.

Los animales de poder son animales que nos han elegido para inspirarnos y guiarnos en la vida.

No falla. Cada animal que se me presenta, me está trayendo el mensaje justo. Ese que necesitaba en el momento oportuno. 

Te podría poner mil ejemplos de todo esto, pero quizás lo deje para otro momento.

De todo lo que te cuento hoy, no tengo ninguna duda porque cada decisión que tomo, la tomo desde estos planos de un tiempo a esta parte, y te aseguro que están muy bien guiadas. Lo sé por los resultados palpables y magníficos que suceden antes o después.

Todavía no puedo detallarte más, ni darte más técnica que la meditación y la apertura del corazón, pero ya sabes que no paro de caminar y que todo lo que vaya descubriendo, te lo traeré de una manera u otra, para que lo disfrutes también tú. Porque esto es un flipe. Una vez más lo digo, ¡un flipe! 

Y si algo te comparto de lo que recibo siempre, es lo siguiente: no te preocupes jamás por nada. De verdad.

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