Esta mañana, en el audio que he mandado a las chicas que están recorriendo el acompañamiento «seguridad en ti», decía que tienen que pelear desde primera hora del día por aquello que quieran lograr. Hay una energía muy poderosa que se despliega cuando lo hacemos. 

Por aquello que anhelamos, hay que sudar y hay que darlo todo. 

No sé cómo explicarlo con palabras pero cómo siempre, lo intentaré. 

Nunca tenemos nada logrado, ni podemos relajarnos en absoluto. Si entramos en el «juego de la superación» debemos conocer sus reglas.

La regla de ORO aquí es que para mantenerte en él, debes pelear cada minuto. Cada instante. 

Tenemos pruebas, una detrás de otra y así cómo nos desenvolvamos en ellas, la respuesta será continuar en el camino que deseemos recorrer, o caernos de él. Y no hay piedad ni miramientos. Te caes o te mantienes. No hay puntos medios. 

Este «pelear» al que me refiero es un pelear contra nuestras propias barreras internas, las que sean que tienen que liberarse. Te las va indicando en propio camino. Llegan en forma de mail, de noticia, de cambio repentino de algún plan… Siempre hay un suceso X que nos hace o achicarnos, o crecer. Y siempre es nuestra opción. Libre albedrío por completo. 

Digamos que cada escalón a subir, nos va a someter a examen. Tendremos que sacar todas nuestras herramientas ¡y más! para superar este cambio de nivel. Y cuando lo has superado, ¡a por el siguiente! Aquí viene la importancia de saber que siempre hay que pelear. No se sube de nivel y te tumbas a «flipar» con lo que has conseguido. Se sube de nivel, respiras y continúas. 

La mayoría de la gente no cuenta la verdad de lo que hay en el camino que te lleva a lograr tus sueños más salvajes.

Yo te aseguro que nadie de este mundo puede conseguir algo extraordinario, si no saca los dientes y las garras a diario, y se dispone a pelear por ello. 

Además, esta energía que encontramos cuando estamos en el «pelear constante», es la que necesitamos para alcanzar, estirarnos, lograr. Sin esa energía, no llegamos de ninguna de las maneras. 

Cuando estás en plena batalla contigo y tus «limitaciones» pero te mantienes ahí, sacando lo mejor de ti (y lo que no sabías ni siquiera que existía) para comerte por los pies cualquier barrera entre tú y tu sueño, y continúas sin atisbo de duda de que no existe otra opción, sucede que de repente, en un instante que parece mágico, la limitación se rompe y dónde no alcanzabas, alcanzas. 

Cuando esto me ocurre, me paro en seco y suelo llorar de pura emoción. Doy gracias en alto. Bien fuerte. Porque entiendo una vez más lo que ha sucedido. Como quien ha estado corriendo una carrera agotadora y ha vencido una y otra vez a su mente, sus ganas de abandonar, sus miedos y sus inseguridades. Alguien que, pesar de todo esto, ha continuado. Y de pronto, ha alcanzado una nueva posición. Un nuevo hito. Ese que parecía imposible. Entonces se para un instante a respirar, agradecer, apreciar.

Al instante siguiente, escucha de nuevo el mismo latir que le dice: «¡SIGUE!».

Sin dudar, sabes que si quieres tocar lo que sabes que quieres tocar, debes seguir. Y lo haces, ¡vaya qué lo haces! 

Lo haces porque has aprendido a pelear por ello, y no te queda duda de que si dejas de pelear, no lo conseguirás nunca. 

Les decía esta mañana a las chicas de «Seguridad en ti» que no se puede ser blanda. Que no debemos serlo. Con lo blando no se llega a ninguna parte. 

Ayer me desperté en Gran Vía. Tenía delante de mí un día de traslado a «todavía no sabía dónde».  Madrid amaneció con una magnífica y poderosa tormenta eléctrica. (Un lujo verla en la planta 7ª de Gran Vía, por cierto). 

Mi alarma estaba puesta a las 6 a.m para meditar con el grupo. Mi primer pensamiento fue «¿Cómo vas hacer todo lo que tienes que hacer hoy, más la tormenta que hay?».

«Un paso detrás del otro», fue la respuesta. Confía y no pares. 

Y me concentré en manejar bien fuerte a mi mente que pretendía desbocarse, sin éxito. Aquí empezó el «pelear» al que me refiero. 

Me preocupaba Teo, mi gato. No te voy a aburrir con detalles. Pero hubo un segundo, un instante, en que todo a la vez, me fue favorable de manera exagerada. Me paré. Lloré de gratitud. Y seguí.

El juego está en seguir. En dar siempre «un poco más». No quedarnos en lo fácil y escaso, sino aportar siempre ese «paso extra».

Esta mañana me he levantado a las 7 am. Quería bajar a desayunar a la cafetería que tengo enfrente de mi casa estos días. Estaba cerrada y no abría hasta las 9 am. Mi primer pensamiento ha sido «sin café no puedo». El camino me ha dicho, «¿qué pasa, tía? ¿no puedes trabajar sin café? ¿vas a perder el tiempo buscando cafeterías abiertas? ¿o te vas a dedicar, pase lo que pase, a lo que quieres conseguir?»  Sí, más o menos este ha sido el diálogo. 

«No te voy a hacer las 3 cosas que tenía pensado hacer esta mañana, te voy a hacer 15». Ha sido mi respuesta. 

Eso es pelear. Seguir y multiplicar por X lo que pensabas que no podías hacer. 

El otro día compartía en mi stories de Instagram una frase que encontré por ahí, decía algo así, «quienes te escuchan correctamente, son las personas a las que te diriges».

Jamás lo que comparto lo hago para «dármelas» de nada. No es ni mi interés ni mi intención. Nunca lo ha sido. Mi intención es zarandearte de la hipnosis, si es que estás ahí. Y si te caigo mal por ello, lo acepto. Me da en realidad igual. Ya lo sabes. Miro más allá de eso.

Cada vez que una persona me dice que «no ha tenido tiempo para algo, que no se encontraba muy bien, que es que era muy difícil, que si las circunstancias, que si su entorno, que si esto o aquello…» Me enervo. Dentro hiervo.

Cuando veo a alguien que va a medio gas por la vida, me dan ganas de gritarle al oído «¡DESPIERTA!». ¡Uf! Es que para mí, es inconcebible una actitud así. 

Sin sangre en las venas no se puede. Hay que sentir la vida hirviendo dentro, para tener el coraje necesario que se te pedirá.

Lo mejor que te puede suceder en la vida ¡lo mejor! es tener dificultades. Y si no las has tenido, deberías provocártelas para descubrir por empírica, tu potencial, y lo que sucede cuando ese «pelear» que te comparto, da frutos. 

Es estimulante y muy (muy) adictivo ir ganando cada vez un poquito más de consciencia acerca de nuestro verdadero Poder interior. 

Lee bien esto, nadie te va a salvar. Nadie puede hacerlo por ti. Si tienes un sueño por cumplir, empieza el viaje sabiendo que o peleas, o mejor que te despidas de tu sueño. 

Y ¿sabes? está bien. Otra persona se quedará con él. No te creas que se pierde. El camino siempre encuentra cómo materializar aquello que quiere materializar. 

«Si yo no hago caso a las ideas que Dios me regala, Dios se las dará a Prince». Michael Jackson.

Gracias por compartir

Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de proyectos de Luz.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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