Ayer me ocurrió algo que te quiero compartir. En realidad, estos acontecimientos me están sucediendo a cada instante, pero sé que este último se me regaló para que te lo contara. (Porque si vamos a jugar a ser herramientas lo somos siempre, ¿o no?). Sobre nuestro Poder va hoy.

Lo primero es que para que estas cosas sucedan tienes que dejar que sea el Corazón quien vaya orquestando todo… ¡ya lo sabes!

(Esta práctica de «no planear y fluir absolutamente» no es recomendable para aquellas personas que no hayan aún afinado con el tema, ya que la confusión está a tiro de piedra).

El caso es que ayer, tras un día de mar, las circunstancias hicieron que me sentara en un lugar privilegiado a ver el panorama que se estaba dando entre cielo, agua y arena. Un espectáculo privado, así lo estaba viviendo. Lujo.

Y como de la nada, sentí que quería escribir algo en las redes para el reto de la Salud Poderosa que comienza mañana mismo. En el instante que lo hice, uno de los camareros (quien luego supe que se llamaba Luis) empezó a hablar conmigo. 

Imagina la situación: lugar de playa, hora punta del aperitivo antes del atardecer, y lleno de gente pidiendo bebidas de todos los colores. 

Pues Luis, paró en seco y se puso a charlar conmigo. Le dio igual el resto. Y a mí también, ya que de inmediato supe que este momento se estaba convirtiendo en «uno de esos momentos». 

Me preguntó a qué me dedicaba y solo le dije que a escribir. Sin más detalle. Y él, se arrancó a contarme su vida. Empezó a hablarme de libros y pronto pasó a lo que nos había unido. Lo hizo sin parar y con el Corazón en sintonía por completo. Como si tuviera que soltarlo rápido y ya. Como quien te revela una información muy valiosa y lo tiene que hacer ahora o nunca. Así fue.

Y me contó lo siguiente: 

Él y su mujer, llegaron de Venezuela a Italia hace pocos años porque uno de sus hijos tenía una enfermedad que solo se podía curar en Europa. Y, por recomendación, vinieron a Roma. 

Una vez aquí, todo se les empezó a complicar por una bacteria de la que no encontraban el nombre, y sin nombre era imposible reducirla. Y el transplante solo podía realizarse habiendo solucionado primero el tema de la bacteria.

Luis me dijo que estaba completamente desesperado, que ya no sabía qué hacer. Los días pasaban y nada. Sin el nombre de la bacteria, no se podía continuar con el proceso. 

Una tarde, los médicos le dijeron que ya no se podía hacer más y que lo mejor sería que regresaran a Venezuela. Para ellos también era un trago muy duro, porque habían hecho todo lo que estaba en sus manos.

Estamos hablando de un bebé de un año y pico, y unos padres jóvenes que habían dejado su realidad para venir a otro continente, a conseguir aquello que en teoría, salvaría la vida a su hijo. Extremo. 

Y en el extremo, llegó la rendición. 

Dejaron de luchar contra la materia porque se estaban agotando y me cuenta que esa noche se sentó con su mujer, y los dos de la mano, pidieron con todo su Corazón que apareciera el nombre de la bacteria para que los médicos pudieran continuar con su trabajo. Ya no les quedaba apenas tiempo. 

Él aprovecha para decirme: «nos entregamos por completo al último médico de todos». 

Al día siguiente, el nombre de la bacteria apareció, y al bebé se le pudo operar con éxito. Hicieron un gran trabajo.

Años después, su hijo sigue estando saludable.

Los padres, decidieron que ya que la vida les había traído aquí, aquí se quedaban. 

Esta conversación que duró entre tres minutos y un par de vidas, nos emocionó a los dos. 

Después, rápidamente, unos clientes llegaron a los sillones de al lado, y él se tuvo que poner a la acción, terminando así nuestra charla. De golpe. El momento ya estaba logrado.

Al poco, me levanté para marcharme y al cruzarme con él, me despedí y le agradecí que me hubiera compartido su historia. Me puse la mano en el Corazón porque es ahí donde la recibí. Él (sin saber qué es lo que escribo porque no se lo había contado), me dijo: «es que creo que esta anécdota te va a servir de inspiración». Y se marchó con la bandeja llena de spritzs a su mesa correspondiente. 


Hoy, hace un rato vaya, estaba escribiendo la newsletter a las personas que la reciben, y la entrada al blog se ha empezado a colar sola. Por supuesto, he saltado a escribirla. (Dejar que inspiración suceda es algo magnífico).

Toma el mensaje que te resuene tomar, para mí fue un claro: «Sigue, vas bien». Y sigo. Porque además es una gozada hacerlo.

Tenemos un poder interior inconmensurable.

Y, una de las grandes verdades que se están revelando a pasos agigantados, en este periodo increíble de despertar espiritual, es que nuestra principal herramienta parte del centro mismo del pecho. 

Este Poder no conoce límites mentales, porque ni los contempla. Y que la materia y la dualidad, es por supuesto, su aliada para dar forma a sus maravillas.

Es lo Uno y lo otro. Pero sabiendo que lo Uno, es la prioridad.

Y a partir de ahí, dejar que suceda a través nuestra. Pero combinando, y teniendo bien claro dónde colocamos el Poder.

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