Cuando llevaba un tiempo trabajando en el acompañamiento en el viaje al inconsciente con toda la gente que se me va presentando y, cómo no, conmigo misma, me pregunté si no habría una manera más sencilla y rápida de abordar todos estos temas que se “escurrían” a la luz.

En este 95% de nosotros que permanece oculto, que en este caso denominaré inconsciente, tratamos de bucear para limpiar todos aquellos “errores de percepción” que condicionan nuestra realidad; errores en forma de traumas, creencias, miedos, herencias de ancestros, culpas, memorias compartidas…

Llegué a un momento en el que supe que uno por uno no se podría subsanar cada “malentendido” en un tiempo normal, es cierto que las “piedras más gordas” necesitan especial consideración, ¿pero qué ocurría con las que eran inaccesibles? porque igual ni siquiera eran nuestras ¿qué pasaba por ejemplo con las creencias no aprendidas pero sí heredadas?.

No solo heredamos el color de pelo o la estatura, heredamos emociones no sanadas, que lo veamos o no, nos están condicionando de una manera oculta.

Además, si ya sé que mi mente se divide en dos (por simplificar), donde una parte es el ego (miedo) y la otra es el inconsciente (amor), ¿tengo que estar constantemente parando ese ego, el cual a veces es como un látigo que percibo solo cuando ya es tarde?. Es agotador y frustrante y en la lucha se pierde siempre.

En este momento de búsqueda, una gran amiga, la cual de una manera u otra me está constantemente apoyando y dando claves, me descubrió esta técnica que llega desde Hawaii, y se llama Ho’oponopono. 

Me hizo mucha gracia el nombre, después me encantó su sencillez, pero lo más genial es cómo funciona desde el mismo instante en el que comienzas a hacerlo.

Te pido mente abierta.

Nos podríamos extender mucho en esta herramienta pero voy a tratar de ser lo más directa y práctica posible.

Dentro de este mar del inconsciente, Ho’oponopono nos dice que tenemos unas 200.000 “memorias” que solucionar, que limpiar.

Ho’oponopono es como si sacaras toda la basura que colapsa la habitación, sin prestar atención a lo que tú consideras lo prioritario.

Ho’oponopono se dirige a “la divinidad”, si estás más acostumbrado y tienes menos prejuicios, te puedes dirigir al inconsciente, es decir, a TI mismo, siempre nos estamos dirigiendo a nosotros mismos, lo llames como lo llames, el nombre pónselo tú (de verdad, no es relevante).

Se trata de repetir 4 mantras mentalmente (existen más pero ya te dije que me gusta simplificar).

Un mantra es una palabra que se repite en la mente y que literalmente la protege y además, estos que te voy a indicar, ayudan a eliminar y limpiar lo que en otras culturas llaman karma y que yo le voy a llamar “errores de percepción”.

Así que toma conciencia de que es un diálogo con esa parte de ti que mantienes oculta, pero que has dañado tanto que ni te imaginas.

También puedes pensar que estás hablando a tu niño interior de unos 5 añitos. A lo mejor así te resulta más fácil de realizar.

Antes de desvelarte los mantras, estas son las intenciones al practicar Ho’oponopono:

  • Conciencia de estar limpiando mi psique oculta.
  • Conciencia de saberme la persona responsable de todo cuanto ha acontecido en mi vida.
  • Desear que ocurra siempre lo correcto y perfecto para todas las partes implicadas.

A  continuación te presento los mantras mentales que se repiten tantas horas al día como te sean necesarias.

(Perdona, ¿horas?)

Sí, horas, sustitúyelas por las horas que te pasas “creando” situaciones de miedo.

Obvio, nadie quiere que te conviertas en un ameba, cuando tengas que usar el intelecto, úsalo, pero cuando no… ¿qué haces con tu mente? Sé sincero contigo. Obsérvalo.

Vamos entonces a ello:

  1. Lo siento: Le estás diciendo a tu niño que sientes haber sido tan duro con él durante toda la vida. “Lo siento” es asumir la responsabilidad por ello y tomar conciencia, por lo tanto, el conflicto comienza a disminuir y se repara.
  2. Por favor, perdóname: Estás eliminando la culpa que te causa el daño que te has hecho. Sencillo, recuerda que la culpa es el lastre más grande que arrastramos.
  3. Gracias: Porque la vibración más alta que puedes tener es la de la gratitud, y porque sabes que algo te has perdonado ya, aunque desconozcas el qué.
  4. Te amo: ¿Cuándo fue la última vez que te dijiste “te amo”? Prueba a ver qué pasa.

Podría estar hablando páginas y páginas sobre de dónde llegaron estas palabras, sobre cómo esta técnica salió a la luz, sobre lo que irás descubriendo… pero no me quiero extender porque lo que realmente quiero es que la practiques.

Si te interesa investigar más, sabes que hay mil libros para ello.

Ahora a lo que te invito es a que permanezcas al menos una semana practicándolo como si no hubiera un mañana.

Repítete estos mantras mentales (lo siento, por favor perdóname, gracias, te amo) en todo momento de manera que los tengas casi automatizados y, si eres constante y lo haces, te aseguro que lo notarás desde el primer cuarto de hora.

O también puedes quedarte solo con gracias y te amo, es más que suficiente. Tú lo decides según lo sientas.

Los resultados los irás viendo, y ni te haces a la idea. No tengas duda.

No te lo creas. Practícalo. Suena raro, lo sé, pero ya me lo dirás 😉 .

Recuerda esto, la paciencia infinita trae resultados inmediatos.

Imagen de Hawaii.com