Estoy feliz y agotada. He venido de hacer turismo por Roma con un buen amigo y habremos caminado veintitantos kilómetros entre monumento y monumento. Llevo un rato sentada, reuniendo las fuerzas para escribir y preguntándome si me apetecía hacerlo. Estaba en silencio con el ordenador delante. Y de pronto, algo más poderoso que yo, ha comenzado a teclerar. Ya no estoy cansada. Ya no me cuestiono si sí o si no. La vida me está moviendo y yo me dejo. Hoy te hablo de inspiración. 

«Que la inspiración te pille trabajando», decía Picasso. 

En el curso de escritura online, hay un momento en el que se profundiza en este tema. Inspiración es ponerte en comunicación directa con el espíritu y dejar que te vaya contando qué quiere de ti.

Buscar la inspiración es permitir que el alma respire, ya que es la manera que tenemos de comunicar y comunicarnos. 

(Paro de escribir para testar dónde está mi cansancio. No lo encuentro. Ya se ha ido. Hay una energía que supera cualquier obstáculo, y hela aquí).

Mantenernos en un estado de inspiración nos va a pedir un contacto casi a diario con fuentes que nos den alimento en este sentido. Hoy he absorbido tanta magnificencia que tengo para toda la semana, si quiero.

La inspiración y yo nos encontramos sobre todo en la escritura. Pero es un poder que se halla siempre que vaya a crear algo sin plan previsto; diseños de carteles, charlas, podcasts, fotografía… Está siempre ahí si sabes invocarla. 

El otro día hablaba con alguien en sesiones y le pedí que durante el mes que tenía de trabajo hasta que nos volviéramos a ver, se enfocara en su inspiración. Ella me preguntó si cocinar con una receta servía.

Bien, siguiendo una receta de cocina a «pies puntillas» tienes un resultado seguro y práctico, y sin duda delicioso, pero (y siempre bajo mi punto de vista y experiencia) la inspiración necesita el vacío para que pueda contarte lo que te trae a ti en exclusiva. Ser original y creativa requiere que no haya esquemas rígidos, porque es justo lo opuesto. Es dejar que ocurra sin tú entrometerte. 

La inspiración por tanto, te pide que no planees. 

De lo que más disfruté cuando estaba escribiendo Yo soy Chloe era de no saber, ni por asomo, qué estaba ocurriendo y qué ocurriría con la protagonista. Todo iba saliendo solo. Exactamente tal y como me sale ahora mismo. 

No hubiera sido capaz de hacerlo con un plan, además me habría aburrido muchísimo. (Evita aburrirte siempre).

El paseo y la inspiración también van de la mano. Paseando te vacías de ruido mental y puedes escuchar. 

Y aquí viene lo que más me atrae. Escuchar. 

Cuando he conseguido tener mi silencio, he bebido de otras fuentes de inspiración, he dejado cualquier idea preconcebida de lo que esperara del resultado, y he paseado y aquietado mi mente, entonces ocurre el milagro. 

«¿Te cuesta escribir?» Me pregunta la gente.

No. Nada. Yo me siento y escucho.

Lo que hago gustará más o menos. Llegará a unas personas sí y a otras no tanto. Pero eso me da igual, de verdad. Lo que realmente importa es que cada vez que soy capaz de lograr la inspiración siento que ya no soy yo. Yo pequeño, quiero decir. Soy Yo grande, hablándome desde otra dimensión y dando forma a lo intangible. Creando. 

Y Picasso tenía razón, la inspiración tiene que encontrarte con un folio en blanco, con un lienzo y unos pinceles, o con una pieza de mármol y un cincel. Porque es un regalo que aparece de pronto, y si no lo tomas, según llega, se va. 

Hay veces que estoy haciendo otras tareas y cuando la siento salto (literal) frente a mi ordenador a dar forma a lo que me trae, y otras que a lo mejor no me es posible, como esta mañana sin ir más lejos, entonces solo dejo que se vaya, con la esperanza de que vuelva a venir a mí tan pronto sea el momento preciso.

Hoy en nuestro día de turismo, veía la huella del espíritu en cada una de las obras que hemos visitado. 

Cuando nos encontramos en inspiración, en espíritu, somos herramientas y los límites, se esfuman. 

¿Te das cuenta por un instante de la libertad que supone no tener tú el mérito de nada de lo que creas? 

(…Y ahora, ya puedo volver al cuerpo. Le escucho, y le voy a mimar un poco, que se ha portado como un verdadero campeón, y se merece un homenaje).