La propuesta no es realizar acciones enormes para conseguir nuestras metas o sueños, sino intencionar de manera dirigida hacia el logro, nuestros movimientos. 

Solemos bloquearnos cuando queremos alcanzar un gran objetivo. El motivo es que el camino que nos lleva hacia él, está lleno de pasos previos que muchas de las veces, no sabemos ni cómo comenzar a dar. 

Realizamos la siguiente conexión dentro de esa lógica: si quiero conseguir ese gran objetivo, deberé hacer cambios grandes, ahora. 

Y no funcionamos de esta manera. Ni se puede sostener esta actitud el tiempo necesario como para que los resultados, se den. 

Lo que sí podemos hacer es intencionar cada día, nuestras acciones hacia la meta. Por ejemplo, si quiero ser una persona experta en un tema, estudiar cada día durante 40 minutos sobre ese tema, es intencionar en quién me quiero convertir. 

Si lo que quiero es estar en forma, quizás no sea capaz de ir al gimnasio a diario, pero puedo ponerme la ropa de deporte cada día y salir a correr 5 minutos. 

El logro llega a través de la constancia y la consistencia de nuestras acciones. 

Por seguir con el ejemplo anterior, cada vez que me pongo las zapatillas y la ropa de correr, me estoy diciendo «soy deportista». Una vez que he repetido la acción las veces suficientes, me habré convertido en alguien deportista. Para mí, será una obviedad hacer deporte, porque ya tengo esa identidad grabada.

Y así con todo. Pequeñas acciones repetidas de manera constante, dan como resultado unos cambios interiores y exteriores que son de dimensiones mucho más grandes que el movimiento realizado.

Intencionar esos pequeños movimientos de manera consistente, nos está haciendo, sin que nos demos apenas cuenta, llegar dónde pretendemos llegar. 

Sucede tanto en la dirección que nos acerca a nuestro sueño u objetivo, como en la que nos aleja. Cada pequeña acción que realizamos, tiene el poder de intencionar nuestro destino. 

Por eso es tan importante elegir de manera consciente cada paso que damos. 

Lo primero que debemos hacer es saber en quién nos queremos convertir, y después repetir de manera consistente las acciones que nos llevan a ser esa persona. Por lo tanto, este sería el proceso: 

  1. Definir con toda la precisión que podamos en quién nos queremos convertir. 
  2. Identificar las acciones que esa persona realiza para ser quién es. 
  3. Intencionar a diario con pequeños movimientos, nuestras acciones hacia el objetivo. 

En realidad, podemos ser quien queramos, solo necesitamos saber qué pasos debemos dar hacia esa identidad, y darlos.

La clave la marca el número de veces que la acción se repite. No la dimensión sino la frecuencia. Aquí se encuentra la diferencia que dista entre quienes llegan a cumplir sus objetivos, y quienes no. 

Fuente de información e inspiración: Atomic Habits, de James Clear. 

Gracias por compartir

Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de superación personal y laboral.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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