En la última charla que di salió este tema, y es un debate siempre abierto, ¿es la bondad la naturaleza del ser humano?

Sí. Soy rotunda en esta respuesta.

Antes me gustaría aclarar que no se trata de si alguien es buena o mala persona. Buena o mala persona respecto a qué parámetros, dime.

No existen las buenas o malas personas. Sí existen las personas que no reconocen su esencia más honesta, que no es más que el Amor y la bondad.

Digamos que siempre tenemos la opción de seguir a dos guías, una es el ego y la otra es nuestro espíritu.

Es cuando creemos al ego cuando podemos cometer acciones que bajo los juicios del mundo dual, pueden ser “buenas o malas”, sin embargo son solo errores. Y un error es siempre error, ni es más ni es menos, solo no es verdad. 

Aquí puedes ampliar información sobre el ego.

Vamos a poner un ejemplo.

Voy a entrar en el metro y mi mente ego me dice “¡corre que te quitan el sitio, da un codazo si hace falta y siéntate!” yo, que en ese momento creo a esa mente, voy y lo hago.

¿Soy buena o mala persona?

Ni lo uno ni lo otro, solo he creído a una mente alocada que ve y vive en la separación, competitividad y supervivencia.

Ese mismo ejemplo puedes llevarlo al nivel que quieras, desde más leve a todo lo grave que consideres. Siempre será lo mismo, un error. Ni mayor ni menor, solo error.

Cuando el ego nos cuenta cualquier historia y se la compramos, se la estamos comprando con nuestra mayor inocencia. En ese momento, creemos de verdad que nuestra supervivencia depende de seguir sus descabelladas órdenes, y bajo esa premisa, actuamos. (Y con esto me cargo de un plumazo la culpa, para que lo recuerdes cada vez que la sientas).

Creemos más o menos a nuestro ego, pero eso no nos hace mejores o peores, sí nos hace más o menos confundidos.

Siempre actuamos lo mejor que sabemos y podemos. Siempre estamos al cien por cien de nuestras posibilidades.

A quién sigamos, ego o espíritu, determinará nuestras experiencias y por ende, nuestra vida.

Sí es nuestra responsabilidad tratar de tomar conciencia a cada instante y elegir con cuidado a quién seguimos. Y si nos hemos confundido, pedir otra oportunidad para acertar esta vez. Se te da (no es broma).

Una vez, por la calle un chico con aspecto de mochilero viajero, me pidió el teléfono para llamar. Se lo iba a dejar pero mi ego me dijo “cuidado que te puede robar” y no se lo dejé.

¿Mala o buena persona? Ni lo uno ni lo otro.

Al irme, me di cuenta enseguida que el ego me la había colado y dije, “vale, he caído, quiero otra oportunidad de hacerlo correctamente.” (Trato la mayoría del tiempo de tomar la vida como un juego).

Por la noche, al llegar a casa, me encontré en la puerta a una chica llorando desesperada porque era nueva en el edificio, se había dejado las llaves y su compañera no abría, esta vez no escuché al ego y dije a la chica “no te preocupes, duermes en casa y mañana ya estará solucionado” y así hizo. Esa noche, en la cama, me partía de risa pensando, “esta ha sido la oportunidad de trabajar la confianza y de trascender un poco más al ego. Tengo a una desconocida durmiendo en mi salón. ¡Qué guasa tiene todo esto!”

Al día siguiente la chica me regaló pasteles, pero lo que no sabe es que me regaló mucho más.

La sugerencia de hoy es que pidas otra oportunidad cada vez que el ego te la juegue, la vida te la da casi inmediatamente. Te lo vas a pasar bien, te lo aseguro. 

Y recuerda esto cada vez que tengas la atracción de juzgar o juzgarte como buena o mala persona:

Confundidos, sí, todos lo estamos, pero somos pura inocencia. Y eso es sencillamente maravilloso.