Hay veces que confundimos la psicología del positivismo con esconder nuestras verdaderas emociones y no expresarnos, lo cual es un grave error. 

Es por eso que a muchos les extraña encontrase con personas aparentemente felices a todas horas, con muy pocos conflictos o casi ninguno a la vista. ¿Es que este tipo de individuos no tienen problemas, no los ven o es que los disimulan?.

No, es que no los reprimen. Sabes expresarse.

La felicidad que se enseña, o es real o carece de sentido para nadie.

Como ya se ha hablado en otros posts, tenemos principalmente dos emociones de las que parten las demás, son el amor y el miedo. Y no son ni buenas ni malas, solo son.

Por hacer un breve repaso, el ego genera el miedo y desde el inconsciente, se habla de amor. Puedes profundizar más en esta entrada.

Las emociones relacionadas con el miedo tipo ira, odio, rencor, envidia… son muy mal vistas socialmente y muy autodestructivas, por supuesto. Por eso, las escondemos, pero sin llegar a hacerlas desaparecer con lo cual, empezamos a «dar de comer a un monstruo» y cuando éste es grande, nos supera y sale sin avisar, por lo tanto, dejamos de ser libres de nuestra voluntad. (Si sigues los artículos anteriores, verás que hacia dónde únicamente pretendo acompañarte, es a la verdadera libertad, no creo que haya mayor felicidad que esa.) 

Conviene prestar atención a este punto porque es muy relevante, no se trata de esconder emociones como el odio, la ira, la tristeza o el miedo, se trata de liberarlas. 

¿Cómo? En terreno seguro, protegido.

¿A qué me refiero? A que en un 95% de las veces (por lo menos), mis conflictos son únicamente míos, es decir, son percepciones erradas de la realidad. Si voy “diciendo mis verdades” por ahí, voy a meter la pata casi seguro, con el lío que eso supone. Aquí lo explico con más detalle.

¿Tengo que ocultar entonces lo que siento? Ni mucho menos, al contrario, hay que soltarlo si queremos estar en paz con nosotros y con el resto, y luego, una vez que hayamos liberado, ya se sabrá qué hay de realidad detrás de todo, si investigas verás cómo es siempre tu conflicto a resolver y de nadie más.

El conflicto exterior es siempre un conflicto interior, como tenemos este caos mental, aunque el conflicto en sí es una oportunidad de crecimiento, no lo vemos porque está recubierto de mucho barro, lodo, basura… que no nos permite encontrar la raíz del error.

El inconsciente es como un niño, que no entiende de tiempo ni de espacio y al que tenemos que llegar a través del juego y de la seducción, para poder comunicarnos con él.

Lo que te voy a proponer a continuación a lo mejor te resulta extraño o poco útil, bueno, tú pruébalo y si no te funciona, con no repetirlo es suficiente, sí te aseguro que te trae paz instantánea.

Si tienes cualquier tipo de conflicto, normalmente es porque no has expresado algo que tenías que haber hecho o creías que tenías que haber hecho, así que te propongo hacerlo a través de la escritura. 

Como ya hemos comentado, el inconsciente no discierne si se lo estás diciendo a la persona en cuestión o no, no está en este plano ni sabe nada de separación, sólo entiende que estás dejando ir el miedo.

Siéntate tranquilo, coge papel y boli, escribe a la persona que no le dijiste aquello que querías decirle, no te cortes de nada, di todo, usa todas las palabras, adjetivos y expresiones que consideres, no reprimas ni un poquito, recuerda que los juicios de valor los pone el ego, no tú. (En este vídeo puedes profundizar con el tema).

Y una vez que hayas exprimido todo tu miedo, léelo en voz alta y quémalo. El inconsciente interpretará que lo estás dejando ir, que ya te has desahogado, pero no habrás generado ningún tipo de culpa, cero. Ahora, si tienes que intervenir para solucionar cualquier cuestión en el plano exterior con quien fuera necesario, estás preparado para hacerlo sin distorsión.

Y después, a solas, cuando ya no te queden ganas de seguir odiando o sintiéndote víctima, pregúntate con sinceridad ¿qué había de mí en todo esto? Y descubrirás una vez más, que nunca nadie te ha hecho nada a ti, excepto tú mismo.

Si tú no das permiso para ello, nada ni nadie te puede dañar. ¡Qué libertad!