¿Sabes cómo me imagino el alma? Como un Ser juguetón, divertido, soñador. Un Ser que ha decidido reencarnarse para experimentarse en este plano. Llega con total pureza e inocencia y con el pasar de los años y los programas, se ve enjaulada y sin que nadie la escuche. A veces hasta encerrada bajo llave en un cajón y desterrada al olvido. Y creo que la manera de conectar y comunicarnos con ella es a través del deseo. 

El deseo es la manera que el alma tiene de llamar nuestra atención e indicarnos ciertos caminos que, por lo que sea, ansía recorrer. Quizás porque están en su «plan de aprendizaje» o porque era un acuerdo que ya había pactado con otras almas antes de decidir volver a venir. No sé, pero por ahí me suena que debe ir el tema. 

En cuanto al deseo, creo que existe una línea muy fina entre desear algo y no ser feliz si no lo logras, y desearlo pero no con apego ni exceso, solo con un sentir que te dice que está en tu itinerario, sabes que está en tu camino y por algo que no se puede comprender, te atrae. 

Es algo así como sentir plenitud con todo lo que eres en este momento y a la vez atender a tus deseos del alma y tratar de materializarlos. (Me encanta este «materia-alizar» que un día me regaló Joan, el director de ULU. Un bajar a Tierra, el Cielo). 

Hoy lo charlaba con una amiga. Tenemos la costumbre de esperar a ser felices «mañana».

Creemos que cumplir nuestros sueños no es algo sensato, y entonces nos frenamos el deseo diciendo: «no es un buen momento, quizás mañana, la semana que viene, la próxima primavera, cuando «todo esto pase», después de Navidades… »

Y el alma va menguando, y menguando… se hace chiquitita y se esconde en un rincón, hasta que nos olvidamos de ella por completo porque ni se la oye.

Creo que todo el mundo más o menos sabe cuáles son sus deseos más sinceros, o al menos parte de ellos, pero los postergamos. Por miedos, inseguridades, dudas… en definitiva jaulas y cajas con llave. 

Pues lo que hoy te quiero decir es que procrastrinar con esto ¡no! 🙂

Con esta amiga, decía que lo que siento con total certeza es que este Universo o campo cuántico o Amor, este Poder que está por todas partes y del que somos parte, solo nos quiere en dicha.

Cualquier obstáculo que nos impida lograrlo en este preciso momento es únicamente un programa. Es mental. Quizás una adicción que tengamos que eliminar, pero en definitiva falso. No real. Ilusorio. 

Cuando venía alguien a sesiones y me decía que quería ser feliz y que por eso me había visitado, yo le respondía siempre: «decide ser feliz ahora»

El poder es siempre nuestro. 

Y creo que está muy relacionado con cumplir el deseo o los deseos del alma. Darnos ese permiso de hacerlo.

Es muy importante atender a esa parte que de vez en cuando escuchamos (ya sabes cuál es) porque cuando lo haces, suceden cosas increíbles. Es lo que me hace pensar que quizás todo forme parte de un plan ya escrito y pactado previamente, porque lo que ocurre cuando empiezas a atender a tus deseos, es que el camino se allana por completo. Todo se facilita. No hay esfuerzo de ningún tipo. Y cada situación colabora para que logres dar respuesta a esa llamada interior. 

También, después de años observando y experimentando, sé con certeza esto de que la vida se te abre cuanto más dicha sientas. Y sientes más dicha cuanto más satisfaces tu verdad. Cuanto más escuchas al deseo de tu alma, y se lo concedes. 

¿Para qué esperar a hacerlo, dime? ¿A qué esperas realmente a dar ese paso que sabes que quieres dar? 

A lo mejor desconoces cómo lograrlo, ¿no? pero siempre hay un primer paso que sí ves.

Yo te puedo contar un deseo del alma; vivir en Roma. No sabía cómo hacerlo en ese momento, pero di el primer paso que pude dar, y llegué a San Román (Asturias). Pero ya estaba escrito, incluso en el nombre del pueblo de Asturias, que antes o después llegaría a Roma. (Es muy guasón todo esto).

Los caminos que se te abren son a veces extraños, pero tienen todo el sentido cuando los ves con perspectiva. 

Te comparto mi manual que le he llamado «deseo del alma, check!»:

Paso 1: escuchar y atender a mi deseo más sincero. 

Paso 2: cuando esté preparada, hacer el primer movimiento que vea con claridad, o que sea capaz de realizar en ese momento. (Tratar de no pensar demasiado porque si no, no me muevo).

Paso 3: no juzgar el camino, es decir, confiar en el proceso por muy incomprensible que sea todo lo que sucede. Recuerdo que nunca tengo perspectiva suficiente para entender los hilos que se mueven. 

Paso 4: «trabajarme» mi plenitud con el deseo satisfecho, o no. Si se cumple el deseo bien y si no, es que habrá sido el paso necesario para alcanzar otro deseo tan increíble, que ni siquiera me había atrevido a pasarlo al plano consciente. Porque ¿qué sé yo?. (Ese es un buen mantra a mantener siempre: «¿qué sé yo?»).

Paso 5: atreverme a soñar grande. Porque cuando sueño en grande, el alma me dice algo así cómo: «¡por fin vamos a pasarlo bien!». 

Todo es posible.

Mi vida, si la repaso con detalle, está llena de milagros, grandes o pequeños, pero milagros. Y se han dado todos cuando me he atrevido a ser honesta con mi corazón. Cuando me he parado y me he dicho: «venga, ahora en serio, ¿cuál es tu deseo, Bea?» Y he ido a por él. 

Porque si no es ahora, dime ¿cuándo? 

Entonces, ¿cuál es tu deseo? 

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