Escuchar el camino que tu alma quiere seguir es una aventura incomparable. Y aprender a entender es sencillamente apasionante. Hoy quiero profundizar en el concepto de la incomodidad. 

No nos gusta la incomodidad. ¿Verdad que la tendencia es a evitarla? ¿tratar de no sentirla? ¿camuflarla?

Y sin embargo la clave más bien es atravesarla con los ojos muy abiertos.

Esto es algo que estoy perfeccionando en los últimos tiempos. 

Me encanta este camino, insisto… cuando piensas que has aprendido un poco, se abre una nueva capa que te lleva a un Universo entero por descubrir, más impresionante si cabe que el anterior. Parece que el límite nunca se alcanza y es genial. No te aburres ni un segundo. 

No me refiero a una incomodidad en el mundo material, ya lo sospecharás, me refiero a la incomodidad interna. Ese pequeño o gran malestar de tu Corazón que no te permite estar en paz. Esa es precisamente la clave para poder seguir elevándote. Es una aliada, no una enemiga de la que hay que huir. 

La incomodidad nos ayuda a tomar decisiones, a dar saltos de fe, a hacer cambios, en definitiva, a continuar y sobre todo, a saber por dónde sí y por dónde no.

Esta incomodidad aparece primero como algo muy sutil, y si estás a la escucha, actúas y ¡resuelto! Pero si por lo que sea has decidido no escuchar o mirar hacia otro lado, la incomodidad sencillamente sube el volumen tanto como necesite para ser atendida y de una vez por todas, sigas el camino que te indica. 

Este malestar no viene de la cabeza, nace del Corazón. El pecho es nuestro principal sensor. Ese latir es la brújula que debemos atender sin dudar. 

¿Y por qué sin dudar? 

Porque la fluidez se acelera con la rapidez.

Mientras no se sabe qué hacer o se tienen demasiadas dudas, bueno, está bien no hacer nada, pero cuando se sabe, ¡hay que volar! porque el camino se está abriendo para ti y si no actúas, igual que se abre, se cierra. 

Si decides con la cabeza, antes de hacer cualquier movimiento, deberás tenerlo todo bien atado y controlado.

Si te dejas guiar por tu brújula interna, la que susurra, no la que grita, si lo haces a través de ella, no es necesario tener nada concreto, solo sabes que todo siempre se resuelve de la mejor de las maneras para todas las partes implicadas. Es fe. Y la fe se entrena, como casi todo. 

También es muy bueno recordar que nunca se pierde el tiempo y que siempre estamos avanzando, lo veamos o no. Y que si necesitamos que el volumen de la incomodidad se suba para que por fin nos decidamos a hacer desde el Ser, también está bien. Porque así es el juego del Despertar. Recordamos poco a poco.

No tenemos prisa por llegar a ningún lado. Porque de verdad, de verdad que lo apasionante es descubrir cómo funciona todo esto, y gozarlo, sin más.