Mínimo esfuerzo máximo beneficio, ¿te suena?

«La quietud y la tranquilidad ponen las cosas en orden en el universo». Tao Te King

Recuerdo desde pequeña a los mayores diciéndonos a los niños «tú es que eres de la ley del mínimo esfuerzo», a modo de crítica, porque la sabiduría popular nos anuncia que «el que algo quiere algo le cuesta», parece que si no nos dejamos literalmente la salud, los proyectos, las relaciones o lo que sea que nos propongamos, no salen adelante.

El esfuerzo como trueque. 

Pues aquí hay un error enorme. Resulta que cuando de verdad llegan las cosas es cuando no te esfuerzas para ello, paradójico y real.

Quería sacar un curso de desarrollo personal los jueves, me esforcé mucho en esta labor, sin embargo no había suficiente respuesta de posibles alumnos, las salas no eran adecuadas o no estaban disponibles… todo en contra.

Pensé en hacer promoción, imprimir folletos, poner carteles… me agoté solo pensándolo.

Finalmente me rendí, desistí, concluí que igual no era la actividad que se debía proponer, dejé de esforzarme en ello. Dejé de perseguirlo.

Inmediatamente, una asistente a uno de los eventos de este año supo de la posibilidad de realizar el curso de desarrollo personal y fue ella quien, con todas sus ganas y energía, me proporcionó la sala, la gente y la fecha de inicio. Yo no tuve que hacer nada. Solo agradecer. 

Éste es solo un ejemplo, tú tendrás muchos similares.

El apartado del blog «Un martes cualquiera…» está lleno de testimonios de personas que lo consiguen todo justo cuando no esperan nada.

¿Por qué nos empeñamos en llevar la contraria a las leyes naturales? En el fondo todos sabemos cómo funcionan. 

  • «Justo cuando no buscaba pareja, la conocí…»
  • «Encontré el piso que soñaba cuando ya estaba hablando con mis padres de la posibilidad de volver a su casa…»
  • «Tuve éxito en mi proyecto cuando ya había desistido en perseguirlo…»
  • «Me promocionaron en el momento en el que empecé a buscar otro trabajo……

«Cada vez se hace menos, hasta que se llega a la no-acción. Cuando no se hace nada, no queda nada por hacer». Tao Te King

¿A qué se refiere el Tao? Por supuesto no se refiere a que te quedes en casa delante del televisor sin hacer nada, pero tampoco te pide esfuerzo.

La Vida necesita el poder de tu intención y el desapego al resultado.

El tema es la complejidad de la no-acción. Para ello te voy a decir cómo intento mantenerlo yo, y digo intento porque mi tendencia durante mucho tiempo ha sido al sobresfuerzo, un programa inconsciente con el que venimos muchos y que se puede deshacer con solo poner conciencia:

Allá vamos:

  • En el momento en el que notes que te estás desgastando, estás demasiado cansado, estresado, triste… párate. Cuando hay verdadera conexión, la sensación ha de ser energía, fluidez, facilidad, sincronía… si no es así, deja de hacer lo que estés haciendo y cambia de actividad, de objetivo, plantéate en qué te has apegado y suéltalo. Renuncia a ello. Sin esfuerzo, recuerda. (Y vendrá aquello que deseabas, o algo mejor que ni imaginabas).
  • Cuando se consiga un objetivo, el que sea, celébralo. Acostumbra a tu inconsciente a la celebración, a la alegría, porque te dará más motivos para pasarlo bien.
  • Acepta la idea de que todo es siempre correcto y perfecto. El ego nos dice cómo, cuándo, dónde, de qué manera… han de ser los acontecimientos, sin embargo el ego está muy perdido, no tiene información acerca de las consecuencias que tiene cada respuesta, así que confía en que cuando algo no llega, es perfecto, igual que cuando llega. Si se recibe con paz, más de lo mismo te retornará.
  • Observa que tu importancia personal no depende de nada externo, de nada que llegue de fuera. Cuando integras esta idea es más complicado que le pongas demasiada fuerza porque sabes que tú, como esencia, seguirás siendo el mismo, al margen de cualquier circunstancia ajena a Ti. Te dará igual.
  • Dedica días a no hacer nada «productivo», solo a ser feliz, a hacer lo que más te gusta, darte caprichos, compartir, relajarte, reírte… observa si hay culpa, y déjala marchar. Es la «peli» del ego que te quiere liar, te quiere llevar por laberintos de difícil salida. Tienes todo el derecho a estar despreocupado y no por ello renunciar a logros. 

Habrá mucho de lo que despedirte, creencias, entre otras el orgullo de decir «lo conseguí con mi sudor…».  Es verdad, lo puedes conseguir así pero a costa de mucho, de demasiado. No merece la pena.

Ocuparse, y no preocuparse. Esa es la clave. Y aceptar que has venido a ser feliz ¡de verdad es así!.

No tienes nada más ni mejor que hacer.