Todo en la vida depende desde qué plano nos situemos. Y cuando lo hacemos en el de dar de manera incondicional, lo que sucede en nuestra realidad, antes o después, es maravilloso y mágico. 

Levantarse por la mañana y que nuestro pensamiento y nuestra emoción estén en el «¿cómo puedo servir hoy?», cambia todo radicalmente. 

Siempre tenemos algo que dar. A veces son cosas materiales y otras son gestos, sonrisas, atención, alegría, respeto… Siempre se encuentra aquello que es nuestra aportación.  

En estos momentos, estoy celebrando una semana con un nuevo proyecto que me tiene enamorada, en el que he implicado a varias personas que han confiado en mí, han resonado con ello y con mis ideas, siempre y cada vez, más divertidas y fuera de la caja, y estamos con el foco por completo en el dar. Exclusivamente.

Días atrás, les decía que fueran conscientes de que «dar» es un verdadero lujo. Y que solemos pensar que la gratitud es algo exclusivo de quienes reciben, sin embargo, cuando entendemos y sentimos de verdad este concepto, la gratitud sincera circula en ambas direcciones. 

Aprender a dar incondicionalmente nos hace sentir plenitud, apertura de corazón, generosidad, alegría… De la misma manera que sucede al ser capaces de recibir con total aceptación y merecimiento. 

La magia sucede porque abrimos una corriente, una energía de fluidez que va y viene constantemente. Va cuando sale de ti, y retorna por dónde menos te lo esperas, siempre multiplicado por cien. Y como de repente tienes tanto, vuelves a dar, y vuelve a venirte… y no quieres que pare la magia, porque has entendido cómo funciona el juego de la vida, así que continúas con él.  

Siempre digo a quienes acompaño que para posicionarnos en el «dar», debemos tener primero un deseo muy sincero de generar un impacto positivo y elevado en nuestro entorno. Tenemos que partir de un Amor por todo lo que nos rodea. Es salir del «pequeño yo», para entrar en el «gran YO». 

También tenemos que ser conscientes de la inmensidad de lo que podemos dar.

Siempre podemos ofrecer mucho más de lo que pensamos, y repito, la ley es que aquello que das, te vuelve por cien (por lo menos). 

La gente se confunde porque piensa que tiene que regresarte por la misma vía o con la misma forma, sin embargo no es así, es parte de la magia y de lo divertido del tema.

Lo que das de Corazón, regresa por dónde no te lo esperas. Lo hace en ese espacio desconocido en el que todo es posible. 

Otro tema es que creemos que al dar, perdemos. Pero las leyes del Universo no funcionan así.

Al dar, siempre y sin excepción, multiplicamos, porque al dar tu vibración será que tienes de sobra de aquello que estás dando. Al sentir que tienes de sobra, no vivirás más que en abundancia y plenitud, y ya sabemos que ese es el lenguaje energético que logra hacernos vivir en una dimensión en la que, como imanes que somos, todo lo genial nos llega sin esfuerzo. 

Y cuanto más estás en el dar, más opciones para dar aparecen. 

Recibir con aprecio y merecimiento es igual de importante y poderoso, porque si alguien o algo quiere llegar a ti y tú cierras el canal, ese flujo energético del que te hablaba, se bloquea y deja digamos, de funcionar con salud. 

Además, al recibir estás dando la oportunidad a quien te quiera aportar lo que sea, para expresar su propia plenitud, abundancia y gratitud contigo, emociones que si sabes integrar, vienen de regalo con aquello que te está cediendo. 

No existe la separación. Tal y como te tratas, tratas, y viceversa. 

Estamos en un periodo tan increíble para que todo esto se asiente e integre bien en cada una de las personas que habitamos el planeta, y lo veo con tanta claridad, ¡que no sé todavía cómo no estamos todo el mundo ya en ello! 

Imagina por un momento que decides cada mañana levantarte y revisar todo aquello que tienes para aportar en tu universo. Y lo sacas fuera, y te pones a repartirlo según vayas sintiendo las ganas, o según te vayan llegando las oportunidades de hacerlo, ¿no te das cuenta de que tu vida entera cambiaría muy rápido? 

Dar elogios, enhorabuenas, invitar, actuar de corazón sin esperar nada a cambio, solo por el puro placer de hacerlo… Todo esto no es inalcanzable, ni mucho menos es utópico, es cuántico y cada vez más personas están despertando a esta evidencia. (Si te contara la conversación que he tenido esta tarde con mi osteópata, ¡flipabas! 😀 ).

Si crees que te falta algo, que algo no funciona en tu vida… ¡lo que sea! empieza a dar lo poco que creas que tienes de ello. Algo simbólico es suficiente, y continúa hasta que de verdad disfrutes haciéndolo. Supérate. Eso le digo siempre a la gente que me viene con un «no puedo». ¡Puedes más de lo que crees! Supérate, ¡cáspita! Ve siempre más allá de tu «yo pequeño». Porque algo mágico sucederá, antes o después. Es ley. 

Cuándo suceda o no suceda, no te debe importar. Tú solo enfócate genuinamente en el dar, y deja que las balanzas se desajusten, y el universo se organice. 

Y cuando te empiece a llegar una maravilla tras otra, sigue sacando fuera, sigue repartiendo. No acumules. Porque no nos pertenece nada, somos solo canales de toda esta energía que rebosa magia. Y esta energía necesita limpieza y ligereza para ir, venir y volver a ir… ¡bucle molón dónde los haya!

En este plano estamos solo «un ratito» y de verdad, y ese ratito es para amarnos como sea que nos toque hacerlo, y pasarlo bien. Todo lo demás… puedes descartarlo por completo, y reírte muy a gusto de ello. 

Y ya sabes que primero tienes SIEMPRE que mirar más allá de tu caja, las reglas del juego son así.

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